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Capri, la esmeralda del Tirreno que reúne naturaleza, historia y bohemia

Por El Observador | 26 Enero, 2017 - 10:35
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Ricos y famosos del mundo confluyen en esta isla italiana, un destino exquisito en el Mediterráneo.

El Observador | Uno de los grandes tesoros italianos es la Costa Amalfitana, y muchos opinan que de recorrerla, el final del itinerario –algo así como la frutilla de la torta– debe ser Capri. Destino de ricos y famosos del mundo, esta isla ubicada en el mar Tirreno no deja de conquistar y de cumplir las fantasías de muchos enamorados de la bellezas de la naturaleza.
 
Desde la estética creada por el hombre hasta su topografía, Capri es uno de esos lugares paradisíacos que parecen salidos de una postal. Toda la isla está rodeada de acantilados, paisajes maravillosos, un agua que se matiza en tonalidades verdes y turquesas, y las más bellas puestas de sol. Tanto es así que el lugar enamoró al emperador romano Tiberio, quien instaló allí su residencia y solía nadar en el azul intensa de sus grutas.
 
El momento top para visitar la isla es el verano europeo (algo así como ir a Punta del Este en enero) y hay quienes lo disfrutan; pero para los que prefieren un ambiente más calmo y precios más económicos, lo recomendable es viajar en abril o mayo.
 
Capri está a una corta distancia de los también exclusivos balnearios de la Costa Amalfitana: Positano, Amalfi y Sorrento (unos 30 minutos en barco dependiendo de la localidad de la que se parte). Si se elige ir directamente desde Nápoles se pueden utilizar los hidrofoils, que llegan en una hora.
 
 
Dentro de Capri el transporte público terrestre funciona muy bien. La isla está perfectamente comunicada con ómnibus públicos, taxis e incluso un funicular que permite llegar a lo alto de la Piazzeta. En barco se arriba a la Marina Grande, ingreso de todos los visitantes que llegan por mar. Uno de los planes fundamentales al visitar Capri es realizar un recorrido en alguno de los barquitos que rodean la isla. Se puede hacer en plan privado o sumarse a un grupo, lo que cambia sustancialmente el costo y salen desde la Marina Grande; desde allí también parte el funicular que conduce en ascenso al centro de la isla. Sus tonos son maravillosos; el vigoroso verde de la vegetación combinado con el azul turquesa del mar y los colores vivos de las casitas forman un paisaje de ensueño. Para completar el encanto hay que sumar el carácter alegre de los napolitanos.
 
Donde se encuentra el glamour
 
Pero Capri posee otros encantos, como el glamur de sus tiendas, sus visitantes y su gastronomía. Quien llega hasta la isla debe reservar un momento para tomar un lemoncello y un café en la Piazzetta, un punto de pasada bajando de un crucero o incluyéndolo en el itinerario.
 
Sin embargo, la recomendación para los que gustan de pasarla bien y tomarse el tiempo para disfrutar de los buenos lugares es dormir al menos una noche en Capri y dedicarse a disfrutarla de manera tranquila.
 
 
La Piazzetta no solo es "el" lugar para quienes quieren ver y ser vistos, sino que es el punto de origen de los diferentes itinerarios. La zona es peatonal y en ella se encuentran tiendas de lujo, restaurantes, cafés y preciosos lugares en los que el visitante se puede sentar a tomar algo en una maravillosa terraza. Tiene callecitas de piedra que serpentean, guiando al turista a los diferentes lugares y hoteles, custodiadas por las blanquísimas casitas, libres del humo de los autos que tienen prohibido circular.
 
La actividad nocturna de la isla también justifica hospedarse hasta el día siguiente: hay numerosos lugares para salir hasta altas horas de la noche, entre ellos bares y discotecas. Los que están más de moda solo abren en los meses de alta temporada. Las "tavernas" son los sitios de encuentro, y lo bueno es que en ellas no sólo se agolpan turistas sino también los vecinos locales. Allí se puede disfrutar de música en vivo e interactuar con la gente; parte de la gracia de Capri es ver si se encuentra a algún famoso.
 
El mirador perfecto
 
El monte Solaro es la elevación más alta de Capri con casi 600 metros. Es, sin duda, una de las grandes atracciones de la isla, de la que todos quieren disfrutar por sus maravillosas vistas, punto perfecto para tomar muchísimas fotos. El sitio de partida es la Plaza Vittoria y desde ahí se sube en el teleférico.
 
El disfrute no es solo a la llegada; en el camino se ven viñedos, huertos y una frondosa vegetación. Llegando a la cumbre se ven los golfos de Nápoles, Sorrento e Ischia. Se puede bajar a pie y de paso aprovechar para visitar la Iglesia de Santa Maria a Cetrella, fundada en el siglo XIV entre las rocas. Otra visita interesante es Villa Lysis; o la propia Villa Jovis, lugar que eligió Tiberio para trasladar su gobierno cuando abandonó Roma.
 
 
Arquitectura romana en Anacapri
 
Anacapri está situada en la parte alta de la isla y está comunicada con Capri por una carretera panorámica que ofrece vistas privilegiadas del golfo de Nápoles. En la parte más occidental, Anacapri acoge algunos de los hoteles preferidos por actores, escritores y celebridades que buscan un lugar más tranquilo y escondido. Así lo hizo el médico sueco Axel Munthe, que levantó allí la maravillosa Villa San Michelle en el siglo XIX.
 
Su hermosa casa mediterránea alberga piezas romanas que él mismo encontró, y un maravilloso jardín; en la actualidad es un museo. Situada en el monte Barbarrossa (llamado así en honor del corsario turco que llegó a la isla por el año 1535) posee una gran vista. Del corsario también toma el nombre el castillo bizantino ubicado sobre las rocas al noreste de Anacapri. El punto de partida hacia la Villa San Michele es también la Plaza Vittoria.
 
Caminos hacia la Gruta Azul
 
Es el atractivo más famoso de Capri. Nadie puede sin conocer la Gruta Azul o Grotta Azurra. Se trata de una boca de roca de poca altura, una cueva marina que conquista a todos los viajeros.
 
En el camino hacia allí se disfruta con la vista de otras cuevas y acantilados en el entorno (si se va por tierra). Se ingresa en una barca ya sea que se llegue por tierra o por mar. Para eso es necesario agacharse (el techo es muy bajo) y cerrar los ojos. Al abrirlos la vista es maravillosa: la luz se cuela por la gruta lo que le da al mar una tonalidad de azul intenso. Si se elige la opción por tierra se pueden visitan otras partes de la isla, y es más económico. Si se va por mar se rodea la isla con impresionantes vistas de la isla.