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Carnaval de los Niños: la promesa del sabor currambero en Barranquilla

Por El Espectador | 18 Abril, 2017 - 12:39
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El sol picante y penetrante que los acompañó durante todo el recorrido, no fue un impedimento para que se viviera una celebración de por lo menos 5.000 pequeños dedicados a conservar la tradición cultural.

Los tambores comenzaban a sonar y las flautas con su melodía provocaban movimientos casi involuntarios en más de uno de los presentes. El retumbar de la tambora sugería el inicio de la cumbia y los más pequeños se iban adueñando de los ritmos carnavaleros. Con sus minúsculas manos tomaron polleras y sombreros y dieron inicio a su fiesta, más conocida como Carnaval de los niños.
 
Ese día festivo, las calles abandonaron su función cotidiana para convertirse en una gran pista de baile llena de color, sonrisas, ritmo y tradición gracias a los pequeños curramberos. La cra 53 con calle 70 fue el escenario inicial desde donde afloró este domingo la danza, la música y el disfraz. Allí fue factible palpar el ambiente y la expectativa de las sorpresas que vendrían, incluyendo esa alegría vibrante que transitó hasta el conocido Barrio Bajo de Barranquilla.
 
Bordillos, sillas y hasta árboles fueron los espacios escogidos por los espectadores para seguir los detalles de la marcha, un añorado desorden callejero que fue formando el festín en la mitad de la vía. Entre la música que empezaba a sonar y el sol que nunca los abandonó, miles de niños asistieron y acogieron su fiesta, vitoreando a quienes danzaban y desde sus puestos como protagonistas de su propio show.
 
Teniendo en cuenta las edades de los participantes y asistentes, las medidas de seguridad y precaución fueron uno de los factores que primaron. Con la participación de la Cruz Roja, la Policía Nacional y un equipo numeroso de logística fue acompañada la que sería una jornada cargada de buen comportamiento de niños y adultos.
 
Alejandra Santiago y Gabriel Primera, Reyes Infantiles del Carnaval de los niños 2017, lideraron el desfile desde la mini carroza “Fauna del Magdalena”. Con un caimán en el centro, guacamayas y peces a ambos lados, captaron la atención de muchos chiquillos que, tras las vallas, fijaron su mirada sobre todo en los animales.
 
Justo antes de iniciar el recorrido, el rey Gabriel Primera, con tan solo ocho años, expresó a todos los niños de Barranquilla un mensaje especial, animándolos a que se gozaran su desfile de Carnaval. Con entusiasmo entonó el lema que acompaña su reinado: “¡Carnaval de los niños 2017, donde la alegría se vive y se siente, upa!”. La emoción de los reyes se reflejó en sus ojos y en la manera como saludaron a los presentes.
 
 
Y es que los rostros de los bailarines serían el termómetro que describiría el entusiasmo de la celebración. Aunque muchos en algún momento mostraran su cansancio –en buena parte como consecuencia a la energía brindada al público-, las sonrisas, los ‘wepaje’, las lentejuelas y los movimientos fueron un elemento que dio esencia a la festividad hasta su cierre a eso de las 3 de la tarde.
 
En medio de espuma y maicena, el ambiente familiar sobresalió en la fiesta de los más pequeños. Detrás de las vallas, los mayores y otros chiquillos rieron, saltaron y bailaron. Pero también destacaron lo importante de inculcar una tradición entre los pequeños, tal como lo dijo María de la Rans, que no ha faltado a uno solo de los desfiles de los niños, desde que comenzaron en 1990. “Para mí lo más importante es inculcar la tradición a los más pequeños”, aseguró. “Por eso en mi casa todos son bailarines y hacedores del Carnaval” indicó la mujer.
 
Este evento muestra que preservar la tradición del Carnaval es un hecho cumplido, tal como lo destacan directores de comparsas como Modesto Zambrano de “Estrellas para un carnaval” y Martha Salas del “Garabatico de la 8”. Se trata de gozar, preservar y aprender la cultura carnavalera desde la misma ciudad, enfatizaron.
 
Acortando las distancias y acercando regiones del país, el desfile recibió a niños diversas zonas del país. Tal es el caso de Ana María, oriunda de Córdoba, que a sus 10 años manifiesta “la alegría por vivir el Carnaval”. A su vez y con una gran sonrisa invitó a sus contemporáneos “a no perderse de esta fiesta y a disfrutar siempre de ella”.
 
Disfraces tradicionales como marimondas, cumbiamberos, negritas puloy y monocucos dijeron presente en la mañana del domingo. Sin embargo, no estuvieron solos, fue posible encontrarse con disfraces que aunque un poco menos autóctonos y quizás apreciados por muchos como forasteros, también hicieron felices a los infantes. Tal fue el caso de Minnie y Mickey, a los que con pasos agitados los pequeños persiguieron durante el desfile para obtener un abrazo y tomarse un selfie o una foto.
 
La energía de las gaitas, los pequeños pasos de los bailarines y las polleras llegaron para darle fin al evento en la Casa del Carnaval. Con las mismas ganas de echarse una pulla y de exponer su tradición, pero quizás con el cansancio propio de haber recorrido las calles barranquilleras, los más pequeños darían por finalizada la que para unos sería su única tarea en este carnaval y para otros apenas el comienzo de muchos eventos más.