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Cinco razones para no perderse la ópera Jenufa

Por Agencias | 9 Mayo, 2017 - 16:40
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La obra del checo Leoš Janáček inaugura la temporada del Teatro Municipal de Santiago.

Una dramática historia de amor, de rivalidades familiares e infanticidio, y una música completamente original y teatral. Así es Jenůfa, del checo Leoš Janáček, con la que el Teatro Municipal de Santiago inaugura este 12 de mayo su temporada de ópera 2017.
 
Desesperado por la muerte de su única hija, el autor estrenó en 1904 en el escenario de la Ópera de Brno (Moravia) el que sería su mayor éxito. Sin jamás superar el dolor, esta obra, que transciende la tragedia familiar, moviliza recursos musicales de belleza inconmensurable para retratar, sin sentimentalismos, la dura realidad de la vida.
 
Con notas del romanticismo más trágico del siglo XIX, anuncia las estéticas libres y brutales que triunfarán en el siglo XX y nos hace participar del dolor de la vida como pocas óperas podrían hacerlo.
 
1. La mujer, el dolor y la expiación
 
En una primera lectura, Jenůfa es como un culebrón televisivo: una chica se debate entre el amor de Števa, el irresponsable padre de su hijo que está por nacer, y el del medio hermano de éste, Laca, un hombre envidioso y resentido pero que ama a Jenůfa. La joven tiene una madrastra, la Kostelnička (sacristana), que quiere impedir su matrimonio con Števa y asesina al niño. Hay en esta historia, además, rivalidades familiares, herencias, agresiones, compromisos y matrimonios.
 
Pero Jenůfa es mucho más que eso. Protagonizada por personajes femeninos, la ópera muestra la posición desventajada de la mujer en la sociedad rural checa de principios del siglo XX, una sociedad patriarcal y mezquina. Jenůfa sueña con una vida feliz, pero no es parte de la herencia familiar, no se ha casado y está embarazada de un hombre que no la corresponde. Por otro lado, la Kostelnička considera a Števa un mal candidato para Jenůfa y quiere salvarla del calvario que ella había vivido: un marido borracho y maltratador. Cambia de opinión al enterarse del embarazo de la joven, pero ahora es Števa es que se hace el desentendido. Entonces, con tal de salvar el honor de su hijastra, la sacristana lleva su misión al extremo y mata al niño.
 
Jenůfa es una ópera sobre el dolor, que ocurre en un contexto que usualmente no ofrecía salida alguna a esas problemáticas. Janáček, en cambio, ofrece a sus protagonistas la posibilidad de expiar sus penas: Jenůfa perdona a su madrastra, pues comprende sus motivaciones, y Laca decide quedarse con Jenůfa a pesar de que todo el pueblo sabe que tuvo un hijo ilegítimo.
 
 
2. Música al servicio del drama
 
Janáček pasó a los anales de la historia de la música como un compositor dueño de un estilo completamente original y Jenůfa, su tercera ópera, fue la primera obra que reveló ese lenguaje único. La primera novedad que introdujo fue que escribió el libreto en prosa y no en verso, como solía hacerse. Luego, vinculó íntimamente la palabra al sonido, es decir, la música es un elemento más del relato.
 
Ésta se nutre de tres elementos. Janáček estaba obsesionado con la idea de que el habla –en su caso, en lengua checa– revela las emociones del hablante. De esta forma, introdujo en Jenůfa “melodías del habla” tanto en la música vocal como la orquestal, para construir a los personajes en su complejidad. Por otro lado, tomó de Tchaikovsky la idea de crear pequeñas ideas musicales que son repetidas y elaboradas por distintos instrumentos, con el fin de evocar los sentimientos de los personajes y el paisaje que los rodea. Finalmente, también inserta los ritmos irregulares de las canciones folclóricas de su Moravia natal, pues las consideraba expresiones de “la totalidad del hombre: cuerpo, alma, paisaje, todo reunido, todo”.
 
La ópera no comienza con una obertura sino con un breve preludio musical. Tampoco hay grandes arias, al modo de las óperas tradicionales, sino escenas entrelazadas unas con otras. En la primera (“Už se večer chýlí”) se vislumbran los conflictos centrales: Jenůfa espera a su amado Števa y Laca revela los celos que siente hacia su hermano. En el segundo acto, momentos antes de matar al niño, la Kostelnička se cuestiona su decisión (“Co chvíla”); cuando ella se va, Jenůfa se despierta desorientada y luego reza el Salve Regina (“Mamičko, mám těžkou hlavu”). En el tercer acto, cuando encuentran el cadáver del bebé, todos los personajes y el pueblo reaccionan en un momento de gran intensidad (“Chud’átko!”) para, momentos después, regresar a la calma con el dueto final entre Jenůfa y Laca (“Odešli”).
 
3. Una producción en manos del maestro del teatro musical
 
Hoy la dirección de escena no se concibe sino como una reinterpretación de lo propuesto por los autores. Jorge Lavelli fue pionero en ello, llevando los principios del teatro hablado –del drama– a la ópera. En 1970, en la Ópera de Viena, comenzó su historia con la ópera, dirigiendo El proceso de Gottfried von Einem. Pero fue con Fausto de Charles Gounod, estrenada en la Ópera de París en 1975, que dio el paso decisivo. Lavelli ya era eminencia de la dirección teatral, especialmente por sus montajes de dramaturgos del siglo XX como Gombrowicz, Arrabal, Copi y O’Neill, pero también de clásicos de Séneca, Goethe y Shakespeare. Pero ese año, con Fausto, Lavelli dio comienzo a lo que sería una revolución en la ópera.
 
Desvinculó su producción del Fausto de Goethe, tomó a Gounod como punto de partida y trasladó la acción a la época en que compuso la ópera (mediado del siglo XIX). Además, centró la atención en Margarita, presentándola como una víctima de los códigos morales de la época. Para algunos fue un escándalo, para otros –como el crítico Jacques Lonchampt– fue “una resurrección de Fausto que, antes de Lavelli, parecía casi inimaginable”. Pero lo de Fausto no sólo aportó una nueva mirada a la obra de Gounod sino que refrescó la ópera como género.
 
Desde entonces, en casi cinco décadas, el régisseur argentino-francés ha forjado una sólida firma teatral que conjuga la relectura de clásicos con la puesta en valor del repertorio del siglo XX. Sus puestas en escena buscan revelar el significado universal de las obras que dirige, con montajes sobrios y alejados de los lugares comunes. Con todo ese bagaje llega a su debut en Municipal de Santiago, para dirigir Jenůfa por primera vez en su larga carrera.
 
 
4. Una soprano entregada a sus personajes
 
El rol de Jenůfa es la combinación perfecta para Dina Kuznetsova: la artista ruso-norteamericana es una especialista en repertorio eslavo y este rol fue escrito precisamente para su perfil vocal, es decir, soprano lírica. Además, dramáticamente, es un personaje complejo, y es allí donde radica su mayor talento, en la caracterización de sus roles.
 
“Supo transmitir el trágico lirismo ensoñado que Janáček escribió para ella”, describió El Mercurio en 2014, cuando Kuznetsova interpretó a Katia Kabanova en su debut en el Municipal de Santiago. “Cantó siempre inspirada y con entrega”, resaltó el medio capitalino un año después, cuando encarnó a Rusalka, del compositor checo Antonín Dvořák (en el video). Y así, la crítica de todo el mundo ha destacado sus grandes dotes actorales y, por supuesto, vocales.
 
5. Una joya del repertorio del Municipal
 
“Jenůfa: Un impacto”. Así tituló el diario El Mercurio la osada decisión que tomó el Municipal de Santiago de programar la obra maestra de Leoš Janáček (1854 – 1928) en su Temporada 1998. Hasta ese entonces, en Chile no se solían programar óperas del siglo XX y menos checas. Eso explica que el debut del repertorio lírico de Janáček se diera recién 60 años después de su muerte.
 
El experimentado director de escena argentino Roberto Oswald se hizo cargo de la regie y, en lo musical, Jan Latham-Koenig hizo la dirección y Helena Kaupová encarnó a Jenůfa. “Se conservó el drama original que logró impactar “in crescendo” al público que, desde el aplauso cortés del primer acto fue pasando al entusiasmo y a la ovación prolongada del final”, constató el diario acerca de la producción (en la foto).
 
La única otra ópera del músico checo que se ha presentado en el Municipal fue Katia Kabanova en 2014, con la dirección musical de Konstantin Chudovsky y Dina Kuznetsova en el papel principal. Esa misma dupla regresa para el retorno de la obra maestra de Janáček, con la regie de Jorge Lavelli –otro gran referente de la dirección argentina.