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Dover, la costa blanca de Inglaterra

Por El Espectador | 6 Febrero, 2017 - 10:28
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Los riscos, que se extienden a lo largo de ocho kilómetros y alcanzan una altura de 106 metros, son de creta, el mineral que les da su color característico.

Si usted está en la costa occidental de Europa, sería pecado no aprovechar y tomarse un par de días para visitar Inglaterra.
 
Peor aún sería no llegar en barco, pues no solo es más económico que tomar un avión, sino que también se está negando una de las vistas más imponentes de la isla británica: los riscos blancos de Dover. 
 
Aunque no son los únicos en el mundo, sí son los más simbólicos por su historia. Se dice que es por su níveo color que durante años la isla, hoy Gran Bretaña, se llamó Albión, un término de origen celta que proviene del latín ‘albus’, o blanco, en español. Además, al estar ubicados en la parte más estrecha del Canal de la Mancha, estos acantilados son el lugar más cercano al continente, la puerta de entrada de Europa a Inglaterra o lo último que un inglés ve al dejar su país por mar.
 
 
Los riscos, que se extienden a lo largo de ocho kilómetros y alcanzan una altura de 106 metros, son de creta, el mineral que les da su color característico y que se acentúa gracias al pedernal negro que se asoma por las paredes y al cesped que corona la cima de las rocas. Es ahí, en la parte más alta de estas piedras, que se pueden hacer caminatas ecológicas para conocer la fauna compuesta principalmente de aves, como los fulmarus, así como admirar la hermosa vista que ofrecen el movido puerto de Dover, el canal de la mancha y, con un poco de suerte, la costa francesa. La única regla es permanecer como mínimo a cinco metros del borde del abismo para evitar accidentes.
 
Pero la caminata no es el único plan para hacer en esta población que, orgullosa de su paisaje, se ha asegurado de que la gran mayoría de casas y edificaciones que la componen sean blancas con techos negros. También puede explorar el sistema de antiguas fortalezas y túneles que están dentro de los acantilados. Fueron construidos por los ingleses para protegerse de los invasores que frecuentemente atacaban Dover.
 
 
Western Heights es la fortaleza más grande, importante y, claro, visitada. Tallada sobre la roca en 1804 con la forma de un pentágono, fue hecha para defender el muelle principal de la ciudad. Además cuenta con una triple escalera que la conecta directamente con otro de los atractivos más famosos de Dover: el castillo.
 
También llamado “la llave de Inglaterra”, el Castillo de Dover es probablemente una de las estructuras británicas más importantes. Fue construido durante la época romana en lo más alto de los acantilados y desde entonces allí se han fraguado todo tipo de operaciones militares. Hoy se pueden visitar las suntuosas recámaras, habitadas por personajes disfrazados que reviven la historia de la estructura, así como los túneles secretos, construidos a lo largo de diferentes conflictos, desde la época medieval hasta la Segunda Guerra Mundial.
 
Historia, naturaleza y una panorámica como ninguna otra conforman la oferta de esta pequeña población en el condado de Kent, el puerto más importante de Inglaterra. Si al final del día tiene tiempo, paseese por los outlets del casco urbano, donde abundan las promociones en todo tipo de productos de alta calidad.