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El largo camino a la gloria de Sergio García

Por El Espectador | 11 Abril, 2017 - 11:23
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Tras 73 intentos, “El Niño” ganó un Major y se convirtió en el tercer español en conquistar el Masters de Augusta, después de Severiano Ballesteros y José María Olazábal.

En algún lado estaba escrito que el español Sergio García ganaría un Major, uno de los cuatro torneos grandes del golf mundial. Eso lo sabían los especialistas desde que irrumpió en el profesionalismo, en 1999.
 
Sin embargo, con el paso de los años aparecieron las dudas, porque el prodigioso jugador que llegó al PGA Tour y muy pronto se convirtió en figura, no lograba victorias ni en el Masters de Augusta, el Abierto de Estados Unidos, el Abierto Británico o el Campeonato de la PGA, los torneos reservados para los grandes de verdad.
 
Más de 30 títulos profesionales parecían insuficientes para tapar en su trayectoria la mancha que significaba no ganar un Major. Había sido dos veces segundo en el Campeonato de la PGA y dos más en el Abierto Británico. En 73 participaciones en grandes había logrado 22 top 10, una estadística bastante aceptable para cualquier jugador, pero no para quien es considerado el heredero de Severiano Ballesteros y José María Olazábal, dos leyendas del deporte, ganadores de siete Majors.
 
Hace un par de años, a García esas dudas dejaron de atormentarlo. “Se resignó”, pensaron algunos. Él, en cambio, entendió que debía quitarse la presión de encima y disfrutar más el juego. Fue justamente eso lo que le dio mayor consistencia en los campos de golf y tranquilidad en su vida personal.
 
Y el domingo logró el título del Masters de Augusta en una dramática final ante Justin Rose, con un espectacular birdie en un hoyo de desempate, el 18, el mejor escenario posible para la consagración definitiva.
 
Él, tan amante del fútbol, hincha del Real Madrid y accionista-presidente de un club de la tercera división española, el CF Borriol, definió la situación mejor que nadie: “Fue como anotar el penalti del triunfo en la final de la Champions League”.
 
 
Y como si fuera un estadio, Augusta se rindió a sus pies. Los gritos de “García, García, García”, entonados por los aficionados, le impidieron contener las lágrimas y sobre todo ese grito de campeón que había preparado desde su primera vez en ese campo, hace 18 años.
 
La gente le reconoció su paciencia, pero sobre todo su constancia. Sergio nunca perdió la ilusión. Ni cuando creció a la sombra de un “extraterrestre del golf” llamado Tiger Woods, ni cuando aparecieron nuevas estrellas como Rory MacIlroy y Jorgan Spieth y se consagraron rápidamente.
 
El éxito de García estaba escrito. Le llegó tal vez tarde, a los 37 años, aunque todavía tiene muchas temporadas por delante. Ahora, tras su primer grande, vienen nuevos retos. Próximamente contraerá matrimonio con Angela Akins, una exgolfista universitaria que es periodista del canal Golf Channel, pero además pertenece a una familia de deportistas.
 
Su abuelo Ray fue entrenador de fútbol americano; su padre, Martyn, mariscal de campo en la universidad, y su primo, Drew Bree, es nada menos que la figura de los Saints de Nueva Orleans, en la NFL.
 
“El niño ya no existe. se llama Sergio García”, aseguró orgulloso Olazábal, quien no pasó el corte en Augusta, pero se quedó para acompañar a su compatriota. “No hace falta ganar un grande para ser un gran jugador, pero ayuda”, agregó el ganador de la chaqueta verde en 1994 y 1999.
 
La victoria de García en el Masters, aunque tiene mucho de destino, no es fruto del azar. En apenas tres de sus 19 temporadas como profesional, no hizo top 10 en algún grande. Y solamente en 2000, 2006 y 2009 se quedó sin ganar algún trofeo, lo que demuestra su regularidad y constancia.
 
Hoy, ya con un lugar asegurado en el olimpo del golf y con más de 50 millones de dólares de ganancias en su carrera, solo por concepto de premios, García recuerda con cariño que su padre Víctor, quien le inculcó el amor por el deporte, jugó nueve torneos PGA y no pudo ganar, aunque siempre confió en que su hijo sí lo haría.