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El renacer de Pau Donés, el líder de Jarabe de Palo

Por Jorge Santamaría/ Excélsior | 17 Marzo, 2017 - 11:37
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Tras superar un cáncer de colon, el músico español se acercó a su hija Sara y le ha dedicado mayor tiempo a la naturaleza.

“No me van a ver morir de momento... ¡y no me voy a morir!”. Una jarabesca frase para celebrar la vida, el presente, el amor, la familia, la música, el público, a los perros y a la naturaleza. El autor es el hombre sin miedo al caminar del “cangrejo” (como nombró al cáncer): Pau Donés Cirera, el músico disléxico que canta y toca en Jarabe de Palo.
 
Hace dos años le dieron la noticia de que en su cuerpo un crustáceo caminaba por su colon. Al instante, como todo ser humano, se atemorizó. Se dieron porcentajes de vida, se sometió a cirugías; se habló de él por todo el mundo.
 
Se refugió en las montañas, con sus san bernardo de dos años, Bola y Fideos, y tuvo claro que el presente es un tesoro y aún hay muchos palos por venir y que tallar en su existencia.
 
“Tener que parar ha hecho que recupere grandes momentos, o al revés, pequeños momentos de mi vida que han reportado gran felicidad. Tener cáncer no me enseña. No enseña nada. La obligatoria parada me ha hecho reflexionar sobre cómo tengo que vivir desde hoy. Sinceramente, esto afectará la música a que en el escenario, seamos menos activos, pero es porque quiero hacer más cosas", asegura.
 
En entrevista con Excélsior, el cantante agrega que "tengo 20 años haciendo música y nada más nací con la vocación y me dedico a mi profesión. Es adictiva, porque no deja espacio a otra manera de vivir. Creo que respirar en el mundo es mucho más que la música, el periodismo y otras profesiones. Hay que vivir a full, con el cuerpo o la cabeza, estar en el presente porque no sabremos si habrá un mañana”.
 
Es evidente que Pau ha resentido la enfermedad. Es un hombre mucho más delgado, pálido. Su cara tiene arrugas, marcas, ojeras que no tendrían que gritar por atención. Sus tatuajes aún viven en sus brazos y en un abdomen parchado con cinta. Tiene un humor increíble, ni siquiera la alergia por el polen de las jacarandas le impiden sonreír y tirarse sobre ellas.
 
 
Su felicidad tiene que ver con dos factores más: “Tengo un contacto con la naturaleza muy pegado. Es parte de mi ser. Si se trata de subir montañas siempre trato de buscar la ruta más emocionante, la que tenga más subida y tenga una bajada nevada para descender rápidamente sobre mi tabla de snowboard. Si voy al mar, me subo a un velero en un día de mucho viento para trepar las olas a todo gas".
 
Para Donés, "es importante esa sensación de sentirme vivo, y la naturaleza me da ese reporte. Además, lo hago junto a mis perros, que, para personas como yo a las que les gusta la soledad, ellos son estupendos acompañantes, porque saben respetar el espacio que necesitas. Están, pero como si no estuvieran”.
 
¡A eso se le llama vivir! A venir a la Ciudad de México a tocar en el Vive Latino, promover su nuevo disco 50 Palos, un recorrido por dos décadas de Jarabe de Palo, con éxitos grabados con nuevos arreglos; un libro próximo a editarse en el país y que ya agotó en España la primera edición.
 
Pero el segundo aspecto, y más importante: compartir el resto del viaje con su hija Sara. Una erudita en las matemáticas. Resuelve problemas con la misma facilidad con la que Pau le ha cantado a La Flaca y escrito canciones tan llegadoras como Depende, Completo Incompleto y Humo.
 
“Bueno, dicen que de tal palo tal astilla”, se ríe Donés, recibido como licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad de Barcelona.
 
“Lo que vamos a tener que hacer desde hoy es estar juntos. Me he perdido la primera parte de su vida y no pienso perderme la que viene ahora. A ella nunca le gustó ir a conciertos porque... la música le quitó a su madre”, dijo un aguerrido fan blaugrana, cuyo único deseo al mediodía de ayer era salir corriendo para poder disfrutar de un molito de olla.