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¡Hay que ponerle oído al sexo!

Por Cromos/ El Espectador | 24 Agosto, 2016 - 11:02
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Grita, suspira, canta o susurra dependiendo de la confianza, el amor y el deseo que te despierte tu pareja.

“La mejor forma de llegar a los ovarios es por la trompa de Eustaquio”. Con esta frase, muy del argot médico, aconsejaba el maestro en una clase de ginecología a sus alumnos. Después de explicarse el juego de palabras entre las famosas trompas de Falopio (conductos musculares que conectan los ovarios y el útero) y la otra trompa ubicada en el oído interno, es fácil entender que el médico estaba convencido de que a las mujeres se les conquista con las palabras. Y no se equivocaba.
 
Algunos dicen que en lo que tiene que ver con el sexo auditivo, “menos es más”, porque al cerebro le gusta analizar todos los sonidos, y se puede convertir en una distracción funesta que apaga cualquier inspiración. Otros concluyen que a los hombres les excita que pronuncien fuerte su nombre durante el acto, y es obvio, porque afianzan su masculinidad. “Susurraos palabras cariñosas pero hacedlo en la oreja izquierda”, aconsejan los redactores de una revista española dirigida a mujeres de avanzada. Y luego explican, apoyados en un estudio de la Sam Houston State University de Texas, que “tanto hombres como mujeres son capaces de recordar más de un 70% de términos emocionales cuando las escuchan con el oído izquierdo, comparado con un 58% cuando es con el derecho”. El lado izquierdo está controlado por la parte emocional del cerebro.
 
Sin importar si es a la izquierda o a la derecha, para estimular el oído a la hora de amar, existen grandes coincidencias. Muchos concuerdan en la necesidad de aprender a usar el lenguaje para fomentar sensaciones eróticas, valiéndose de la capacidad que tenemos todos los seres humanos de excitarnos con palabras, tanto cuando las decimos como cuando las escuchamos. Para esto, es necesario atender algunas pautas:
 
Las mujeres
Sí esperan un preámbulo que les “endulce el oído” en un contexto más sensual que sexual.
Sí disfrutan de frases que fortalezcan su ego y alimenten sus fantasías.
Sí se estimulan con un código de lenguaje, palabras que sólo se digan entre los dos.
No soportan los diminutivos como el matapasión: “mamita”.
No les gusta que les pregunten si ya terminó o si le gustó.
No la pasan bien cuando no les dicen absolutamente nada.
 
Los hombres
Sí se suben de tono con las palabras subidas de tono y algo de violencia.
Sí “se prenden” con los gemidos que aumentan su frecuencia cardiaca y su respiración.
Sí se halagan cuando, en medio del acto, se les reconoce su buen desempeño.
No les gusta que las mujeres les pregunten en medio del ajetreo si las aman.
No quieren que les pidan permiso para hacerles cualquier ocurrencia.
No quieren oír ni una sola palabra de análisis al final de la jornada.
 
Pero no todo se debe quedar en palabras. Existen en el mercado y en internet cientos de títulos de “música para hacer el amor”, discos que se autoproclaman como ideales para despertar sensaciones sensuales y eróticas. Para esto tampoco hay normas. Las suaves notas del bossa nova de Elis Regina o un blues en la guitarra de B. B. King reemplazarían a la perfección el aburridísimo y “clichesudo” saxofón de Kenny G o el deprimente piano de Richard Claiderman, que más que prender pasiones recuerdan la eterna espera en un consultorio médico. Y es preferible reírse o sonrojarse un poco con las letras explicitas de Residente de Calle 13, que empalagarse e indignarse con la ‘poesía’ de Arjona, cuando en su primera vez puso el concierto de Aranjuez… “para relajarnos juntos”.