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Kevin Spacey: “Finjo para vivir”

Por Lilian Contreras Fajardo/ El Espectador | 16 Marzo, 2017 - 09:56
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Cuatro años después de transformar el consumo de “streaming”, la serie “House of cards” llega a otros públicos y se adapta a la televisión tradicional.

House of cards no se cansa de cambiar las reglas de juego de la televisión. En 2013 fue estrenada por la plataforma digital Netflix, que se aventuraba a crear contenido propio, y de inmediato se convirtió en la favorita de los abonados. Según el gigante del streaming, fue el tercer capítulo el que convenció a los espectadores del poder de la serie, cuando el protagonista, Frank Underwood, trataba de negociar con los sindicatos y solucionar un problema con el Duraznoide.
 
Pero otra cosa que encantó es que aplicaron algo que durante años ignoró la industria musical.
 
“Analizamos de muchas maneras lo que la industria de la música no había aprendido. Y nos pareció que el error que se cometió fue no reconocer que, si damos a la gente lo que quiere, cuando lo quiere, en la forma en que lo quiere, a un precio razonable, lo más probable es que la gente lo compre y no lo robe, porque sería de la más alta calidad”, dice Kevin Spacey, el actor que encarna a Underwood.
 
Fue así como los realizadores de House of cards decidieron subir a internet todos los capítulos de la primera temporada, para que el espectador tuviera la posibilidad de hacer maratones, ver los episodios que quisiera las veces que quisiera, una actividad que antes estaba relegada a quienes compraban DVD.
 
Otro gran cambio que hizo en la industria de la televisión fue con el reclutamiento de actores. Grandes nombres del cine apostaron por diversificar el trabajo, y aunque algunas producciones de HBO estaban protagonizados por grandes de Hollywood, no era frecuente que se involucraran en contenidos exclusivos para internet, contenidos que a la vez lograron ser premiados por primera vez en diferentes ceremonias dedicadas al cine y la televisión.
 
 
Kevin Spacey fue un pionero. Cuando el director David Fincher, con quien trabajó en las películas Seven y La red social, le comentó la posibilidad de comprar los derechos de la serie británica House of cards, pensó que era ideal para adaptarla a la sociedad estadounidense.
 
Era un reto para todos, incluyendo a Spacey, ganador del Óscar en 2000 por Belleza americana, y decidieron darles a los televidentes el “control de cuándo, dónde y cómo consumir el entretenimiento”.
 
Cuatro años más tarde, cuando los canales tradicionales de televisión buscan cómo sobrevivir al impacto de internet y dispositivos electrónicos, House of cards apuesta por el canal tradicional, pues desde el 14 de marzo la primera temporada es emitida cada martes a las 10:45 de la noche por Paramount Channel en América Latina.
 
Para Kevin Spacey, parte del éxito de House of cards está ligado a la forma como distribuyen la serie, por lo que paralelamente alistan el estreno de la quinta temporada en mayo próximo. Asegura que todo se hizo prestando atención a las tendencias de consumo, pero no desconocieron “las diferentes maneras en que la gente podría descubrir la serie”, no solo en los Estados Unidos, sino en el resto del mundo, porque “la gente descubre cosas cuando puede y cuando quiere”.
 
Durante estos años ha sido cuidadoso al hablar de la trama de la serie a pesar de que, desde 2015, el personaje de Doug Stamper (brazo derecho de Underwood, encarnado por Michael Kelly), lidera una campaña con el fin de que la gente entienda cuál es el “spoiler malintencionado” (que da detalles de la trama que no quieren saber) y cuál es el “inevitable”, ese que se genera algunos días después de que los capítulos hayan sido subidos a Netflix en su totalidad.
 
“Hay gente que no ha visto la temporada uno y no puedo ser el que da los spoilers y el jefe al mismo tiempo (…) Así que es exactamente lo que me había preocupado y por lo que fui tan cauteloso, es porque creo que es muy importante. La gente descubre cosas cuando puede y cuando quiere”.
 
 
Sin el ánimo de llevarle la contraria al artista, pero con el fin de ubicar a los lectores, se puede decir que House of cards sigue la vida de Frank Underwood, un político corrupto que está casado con Claire, una mujer tan o más ambiciosa que él. El personaje recae en Robin Wright, quien el año pasado rompió patrones al lograr que su personaje, que inicialmente era secundario, lograra ser incluso más importante que el masculino. Por eso se dio el lujo de exigirles a los productores que le pagaron lo mismo que a su colega (Kevin Spacey), algo no común en un Hollywood que en los últimos años ha sido denunciado por discriminación salarial.
 
En 2016, durante la promoción de la cuarta temporada, Spacey dijo varias veces que su personaje era bien parecido a algunos candidatos a la Presidencia de EE.UU. Comentó que varias veces pensaron que el guion era exagerado, pero al ver las noticias se daban cuenta de que se habían “quedado cortos”.
 
Interpretar a un personaje sin escrúpulos no es algo que le incomode. Sus proyectos los selecciona esperando “iluminar a la gente”, incluso para educarla. “Esperas no sermonearlos, sino tratar de darles una experiencia que tal vez no hayan tenido antes”.
 
Así mismo aclara que su trabajo es “servir a la escritura”, encarnar a “otra persona” y no hacer “llamadas morales o críticas sobre las cosas que realiza un personaje”, por lo que lamenta que muchas veces se confunda el actor con el personaje que interpreta.
 
Es por eso que en su vida diaria no tiene pesadillas por las actitudes incorrectas que tiene Underwood. “Nunca he sido alguien que ha sido perseguido por personajes que hago. Cuando cuelgo el traje al final de la noche, después de hacer una obra como Richard III, el personaje no viene conmigo. Soy muy consciente del hecho de que consigo fingir para vivir”.