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Nos sentimos más borrachos de lo que nos vemos

Por El Espectador | 16 Mayo, 2017 - 12:44
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Estudio sugiere que los cambios de personalidad cuando bebemos son mucho menos drásticos de lo que creemos.

Es indiscutible que, a medida que las copas de alcohol van quedando vacías sobre la mesa, las personas que las consumen se empiezan a sentir distinto. Hay quienes afirman sentir ganas de bailar, otros a quienes los invade la melancolía, y nunca faltan los tímidos que sienten más valentía gracias a los efectos del alcohol. No obstante, según indicó un estudio publicado en Clinical Psychological Science, la revista de la Asociación de Ciencias Psicológicas de Estados Unidos (APS, por sus siglas en inglés), los cambios entre nuestra “personalidad sobria” y nuestra “personalidad borracha” son mucho menos drásticos de lo que creemos.
 
Para llegar a esta conclusión, el grupo de investigación reunió a 156 participantes y les hizo unas pruebas de personalidad en un laboratorio, donde también consumieron alcohol.
 
Antes de empezar el experimento, se les pidió a los voluntarios que completaran una entrevista con preguntas sobre su consumo habitual de alcohol y sus percepciones de personalidad cuando estaban sobrios versus cuando estaban borrachos. Después se les solicitó a los participantes que fueran al laboratorio en grupos de a tres o cuatro, donde se les administró una prueba básica de alcoholemia y se les midió la altura y el peso.
 
Allí, en el transcurso de 15 minutos, algunos participantes debían tomar sólo Sprite, mientras los otros tomaban un coctel con vodka hasta llegar a tener un nivel de alcohol de 0,09. Al pasar 15 minutos debían jugar juegos típicos de una reunión y sentarse a discutir amistosamente. Durante ese tiempo se les volvieron a hacer dos pruebas de personalidad. Mientras, un grupo de observadores llenaban un formulario sobre el comportamiento de cada individuo.
 
Al comparar lo que decían los participantes con lo que veían los observadores, el estudio concluyó que las alteraciones de personalidad en quienes estaban borrachos eran mucho menos perceptibles para los observadores.
 
Los voluntarios, por ejemplo, dijeron sentir cambios en los cinco factores de personalidad por los que se les preguntó: nivel de conciencia, disposición a nuevas experiencias, amabilidad, si se sentían más extrovertidos y estabilidad emocional. En los tres primeros aspectos afirmaron sentir un nivel más bajo que cuando estaban sobrios, mientras en los dos últimos reportaron un mayor nivel.
 
Por el contrario, los observadores sólo vieron un cambio en uno de estos factores: después de tomar, los participantes se veían más extrovertidos.
 
“Nos sorprendió encontrar tal discrepancia entre las percepciones que los bebedores tenían de sus propias personalidades inducidas por el alcohol y cómo los observadores las percibieron”, afirmó Rachel Winograd, coautora de la investigación, a la APS.
 
Y aunque este resultado podría ayudar a desmontar el mito de que cuando bebemos tenemos una doble personalidad o que nos convertimos en una versión más del doctor Jekyll y el señor Hyde, los expertos creen que el campo de estudio de las borracheras es muy débil aún. Sin embargo, advierten, más investigaciones que ayuden aclarar este panorama podrían ayudar a tomar mejores determinaciones a la hora de tratar un problema de alcoholismo.