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Parque Xenses en Cancún, un reto a los sentidos

Por Lorena Arboleda/ El Espectador | 16 Enero, 2017 - 12:01
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Recorridos a oscuras, paseos en el aire y un pueblo al revés son algunos de los atractivos de este nuevo escenario que abrió sus puertas en la costa mexicana.

Ser dueño de los cinco sentidos no es lo mismo que controlarlos. Generalmente los usamos de manera inconsciente, casi nunca nos detenemos a prestarles atención a los movimientos del cuerpo o su reacción ante cualquier estímulo. En la cotidianidad, nos acostumbramos a actuar como si fuéramos máquinas. Y así llegué a Cancún, México. Dispuesta a disfrutar del mismo mar Caribe que baña algunas de las costas colombianas y a brindar con un par de margaritas, nada más.
 
Pero debo confesar que lo que viví en esta famosa y paradisiaca ciudad superó mis expectativas. Decidí salirme de la rutina para dedicarle un día entero a uno de los parques temáticos más recientes y novedosos de Cancún: Xenses. Un escenario inaugurado hace unos meses, que realmente pone a prueba los sentidos. Los temores más básicos se van redescubriendo y enfrentarlos se convierte en todo un dilema.
 
Está construido sobre un espacio natural, bastante boscoso, a unos 40 minutos de Cancún, por la carretera Chetumal-Puerto (Juárez), en la Riviera Maya. Llegar es muy fácil tanto para quien alquile un automóvil —el parqueadero es gratuito— como para el que prefiera contratar el servicio de transporte que ofrece el hotel.
 
 
Sin importar cómo se movilice, no hay que olvidar el traje de baño, los zapatos de playa y ropa cómoda porque, le aseguro, no saldrá seco de Xenses. Ilusiones ópticas, experiencias a ciegas con varios ecosistemas, vuelos sobre el parque, un spa natural y un pueblo al revés son algunos de las atractivos más llamativos.
 
Al llegar me recibió un guía bastante amable, como suelen ser los mexicanos. La primera experiencia era Rehilete, un espacio en forma circular que tiene varias puertas a su alrededor que conectan con un laberinto de espejos, un juego de luces sincronizadas con música, caleidoscopios, zona de snacks y el baño donde están ubicados, además, los casilleros para guardar los objetos personales.
 
Hay dos alternativas para comenzar: la experiencia con los ecosistemas en la oscuridad (Xensatorium) o el pueblo, construido al estilo mexicano, con más cantinas que casas, una que otra escuela, música y una emocionante invitación a desafiar el equilibrio.
 
Elegí la segunda y tan pronto entré, mi cuerpo me dio la orden de subir por la calle rodeada de una cascada que parecía correr al revés, como aparentemente está construida esta población. Así que la sensación de estar cayendo fue frecuente y el esfuerzo de ir contra la misma fuerza de la naturaleza aún mayor. Bajar las escaleras de una de las cantinas resultaba todo un desafío y mantenerse de pie sin sentir un ligero mareo era casi imposible.
 
Superado ese primer reto, entré a la zona para liberar adrenalina. Un tobogán, no muy largo pero sí rápido, me lanzó a una especie de laguna artificial en el interior de una cueva. Después de nadar unos metros, me esperaba un fascinante vuelo. Los guías me aseguraron con un arnés y el traje lo agarraron de una varilla por la que volé sobre el parque. El viaje duró unos segundos antes de aterrizar en la siguiente laguna, también dentro de una cueva.
 
 
En realidad era un spa natural conformado por dos espacios: un río caliente en el que el cuerpo se relaja y una laguna de lodo. Al final, un energizarte baño debajo de las cascadas. Y para rematar, una playa artificial con hamacas para descansar plácidamente.
 
Regresé al punto de conexión. Había llegado el momento de vivir una experiencia a oscuras, no apta para claustrofóbicos. Durante casi 15 minutos recorrí un túnel en el que literalmente no se veía absolutamente nada. Mantener los ojos abiertos resultaba innecesario.
 
El objetivo era sentir los diferentes pisos térmicos mientras se pisan diferentes tipos de hojas, agua, piedras, se escalan montañas, se atraviesan puentes, se tocan árboles y se sienten los olores de la naturaleza y lo distintos que son cuando hace frío, hay humedad, llueve o el clima es cálido. Durante todo el tiempo retumban los sonidos de los animales que habitan cada ecosistema. Definitivamente, la mejor atracción de Xenses.