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Trastorno por atracón, un mal que no distingue grupos sociales ni edades

Por Nelly Toche/ El Economista | 15 Marzo, 2017 - 11:11
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Reconocido en 2013 como un desorden especifico de conducta alimentaria, hoy es más común que la bulimia y la anorexia.

Comer mucho más rápido de lo normal, consumir alimentos hasta sentirse desagradablemente lleno, ingerir grandes cantidades de alimentos cuando no se siente hambre físicamente, comer en solitario por vergüenza a las cantidades, después del alimento sentirse a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado. Si tres o más de estos hechos son parte de su día a día, podría estar frente a un trastorno por atracón (TA).
 
Este padecimiento fue reconocido por primera vez en el 2013 por el Diagnostic And Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) como un desorden especifico de la conducta alimentaria; sin embargo, ha estado presente por décadas. Se describió por primera vez en 1959 por el psiquiatra e investigador Albert Stunkard como síndrome de alimentación nocturna y el término fue acuñado para describir la misma conducta alimentaria compulsiva sin la connotación nocturna.
 
El TA tiene una prevalencia de 1.9% en el mundo y a pesar de su desconocimiento es más común que la anorexia y la bulimia juntas.
 
En México, desde 1986 se fundó la primera clínica de nutrición, no obtstante, llevó 20 años crear una encuesta nacional sobre trastornos alimenticios que nos permitiera tener idea de los alcances de este tipo de padecimientos, “es un tema que muy lentamente se va agregando a la mesa de la política pública a pesar de su incidencia”, explicó el doctor Armando Barriguete, miembro de la Academy for Eating Disorders y primer miembro latinoamericano de la Academy of Eating Disorders.
 
Aclaró que aquí el tema que nos ocupa no es el peso sino la conducta y la parte emocional; sin embargo, aseguró que si no se incluye en las estrategias contra la obesidad el tema de conducta alimentaria y sus trastornos, específicamente el TA, no vamos a poder tener resultados positivos.
 
Hasta el momento se estima que en México, su prevalencia es de 1.6%, de los cuales 60% son mujeres y 40% hombres —esto lo hace una enfermedad, a diferencia de la bulimia o la anorexia, casi igual de común para ambos sexos—, también pertenecen a cualquier nivel socioeconómico y de todas las edades, aunque es más común en adultos.
 
 
Agregó que existe un incremento en las conductas de trastornos de la alimentación entre el 2006 y el 2012 según la encuesta ENSANUT para adolescentes entre 10 y 19 años, “pasó de 4.5 a 6.2% para hombres y de 5.6 a 6.7% para mujeres, “si bien es cierto los jóvenes de hoy se preocupan más por el sobrepeso, no se le ha dado la atención a la alerta emocional, la cual también está asociada a estos trastornos”.
 
“En general el paciente con TA sabe que algo sucede con su manera de comer aunque no conozca el diagnostico por el nombre como tal”, explicó, el doctor Alejandro Caballero, especialista en trastornos de la conducta alimentaria y coautor de varias publicaciones científicas.
 
La DSM describe este padecimiento como la falta de control en la ingesta de una cantidad de alimentos claramente superior a la que la mayoría de las personas ingerirían en un periodo similar, en circunstancias parecidas y con una frecuencia recurrente de al menos una vez a la semana durante tres meses o más.
 
El especialista advirtió que “primero hay que separarlo de la bulimia, pues éste no se asocia a la presencia de un comportamiento compensatorio recurrente como vomitar o el uso de laxantes; también es necesario decir que el paciente con TA no es forzosamente obeso y que, a pesar de su gravedad e incomprensión, la recuperación total es posible”.
 
Dijo que el TA no es una decisión del paciente, “es algo más complejo que el simple hecho de decidir tenerlo o no tenerlo, incluso implica alteraciones neurobioquímicas a nivel cerebral, así como detonantes del medio como depresión y ansiedad, además de patrones inconstantes de su alimentación, algunos tienen antecedentes de dietas que no siguieron con éxito, problemas de impulsividad o conflicto en la resolución de problemas”.
 
Agregó que esta enfermedad puede derivar en otros trastornos como baja calidad de vida, deterioro funcional, comorbilidades como síndrome metabólico, hipertensión, displidemia, diabetes tipo 2 u obesidad, por ello el médico indicado para dirigir un tratamiento es el psiquiatra; sin embargo, su abordaje es integral e interdisciplinario a través de psicoterapia, tratamiento farmacológico, orientación nutricional y apoyo de los familiares.