Reseña

El próximo día de David Bowie

Por Germania Osorio |  22 Abril, 2014 - 12:08
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Si alguien esperaba un disco esperanzador por parte del Duque Blanco, celebrando sus canas, estaban muy equivocados. Tampoco hubo que ver a Bowie compartiendo escenario, como Mick Jagger, con figuras actuales tipo Katie Perry o Christina Aguilera. Bowie volvió con una nueva creación fiel a su estilo, con un sonido rock que recuerda sus inicios y una rima que hace un recuento de lo que ha sido su trayectoria.

Aunque los tabloides internacionales se esfuerzan en presentar a estrellitas rebeldes del pop actual, lo cierto los verdaderos fundadores del “sex, drugs and rock n’roll” fueron gente como Keith Moon, Keith Richards o David Bowie. Justin Bieber o Rihanna sólo hacen lo mismo que gente anónima: tuitear y postear todo el día para atraer la atención.

Bowie presentó su último álbum sin mayor parafernalia, tomando por sorpresa a todos quienes creían que estaba escondido, cual Greta Garbo, esperando por una dulce muerte. Llevaba ya una década de silencio, sin mostrar ninguna señal de retornar a este ultra desechable mundo musical de hoy.

El estreno del primer single “Where are we now?” enloqueció a la prensa. A pesar de todo lo americanizada que está Gran Bretaña, símbolos propios como Bowie siguen siendo intocables. El veredicto resultó favorable para Ziggy Stardust, quien -a estas alturas- es una criatura casi mitológica por estos lares.

Pero si alguien esperaba un disco esperanzador por parte del Duque Blanco, celebrando sus canas, estaban muy equivocados. Tampoco hubo que ver a Bowie compartiendo escenario, como Mick Jagger, con figuras actuales tipo Katie Perry o Christina Aguilera. Bowie volvió a escena con una nueva creación fiel a su estilo, con un sonido rock que recuerda sus inicios y una rima que hace un recuento de lo que ha sido su trayectoria.

En “Lost love” recuerda su vertiginoso ascenso a la fama como un joven de 22 años viviendo en Estados Unidos: “Tu país es nuevo, tus amigos son nuevos, tu casa e incluso tus ojos son nuevos. Tu criada es nueva y también tu acento. Pero tu temor es tan viejo como el mundo”. No es un tema de un viejo que recuerda sus años de gloria, sino más bien un retrato crudo de lo que fueron los años de oscuridad en las drogas para Bowie como un trendsetter, un personaje polémico, bombardeado con preguntas sosas sobre su imagen y comportamiento en programas de televisión conservadores.

FIEL A SÍ MISMO

“The stars (are out tonight)” habla del culto al estrellato, gente a la que se le envidia, pero a la vez se ama, que “queman con sus radiantes sonrisas, atrapan con sus hermosos ojos, están en bancarrota, borrachos o asustados. Pero espero que vivan para siempre”.

En “I’d rather be dead”, Bowie se confiesa como un hombre joven que prefiere estar “drogado, volando, muerto o fuera de mí a probar esas armas sobre esos hombres en la arena” en referencia quizás a los ejércitos de Occidente enviados a las guerras modernas en el Medio Oriente.

Y en “(You will) set the world on fire” describe a un especial promotor musical: “Trabajo la escena y puedo ver las revistas, puedo escuchar a la nación llorar, quemarás al mundo”. Es una vieja historia en el showbiz, pero que lo diga Bowie tiene más peso, ya que viene de una época en que la creación de estrellas no era una industria en serie como lo es hoy. Habla de un mundo en que se era descubierto a través tocatas en los bares. No es que no hubiera estrellitas pop, siempre las hubo, pero no existía la maquinaria publicitaria de internet.

Con “Valentine’s day” (“Día de San Valentín”), Bowie narra la historia de un adolescente que cuenta a su amigo un plan para vengarse de compañeros y profesores que lo marginan. En rigor, el disco exhibe una vuelta a las raíces de Space Oddity, guitarras acústicas, folk-rock y blue-eyed soul.

Bowie sigue fiel a sí mismo. De hecho, sigue trabajando con Tony Visconti, quien ha sido su bajista y productor desde 1969. Sólo que ya no viste estrafalariamente, no lo necesita. Sólo su voz ronca, gastada y quizás cansada, que parafrasea los versos de sus canciones de manera lúgubre.

(Cultura y Tendencias)