Reseña

“Mad Max: Fury Road”, una película que cruza más allá de la simple acción

Por Daniela Zarate |  29 Mayo, 2015 - 13:14
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Un argumento feminista, un gran montaje, una estética sumamente cuidada y un desarrollo importante de personajes secundariso hacen de esta película algo mucho más que una simple cinta de este género.

Tomar una saga conocida y re-versionala varios años más tarde nunca es fácil, menos si tiene una estética tan marcada. A pesar de esto, la nueva Mad Max: Fury Road supera con creces todas las expectativas que se habían creado a su alrededor.

Esta nueva entrega de la serie que hizo famoso al actor Mel Gibson, llega en un mundo que se sitúa -posiblemente- entre la segunda y la tercera película de la saga reuniendo lo mejor de ambas.

La cinta de George Miller, el mismo director de las otras entregas, comienza con Max (Tom Hardy) siendo capturado por un culto post-apocalíptico fanático de los motores, las tuercas y los autos, pero por sobre todo, la chatarra.

En medio de este mundo, donde existen diferencias sociales claras basadas en la falta de comida y agua, Max es utilizado solamente como una bolsa de sangre de los “hijos de la guerra”, los soldados de este culto que lucen piel blanca y están mayoritariamente exaltados pero enfermos.

Sin embargo, la película no es sobre esto y Max no es su protagonista. El centro real de esta cinta lo tiene Imperator Furiosa, el papel de la actriz Charlize Theron, que se roba completamente la atención de todos. Este es, probablemente, el mayor acierto de Miller dentro de la película: tener una protagonista femenina, que actúa como un igual con el que, todos pensamos, era el personaje principal de la cinta.

Furiosa, junto a la estética post-apocalíptica sacada directamente de Mad Max 2 y una perfecta y vertiginosa edición hacen que esta película ya sea tu favorita, incluso en sus primeros 15 minutos.

Es precisamente el personaje de Charlize Theron, junto a su causa para liberar a un grupo de mujeres de los abusos del líder del culto post-apocalíptico, que hacen de esta cinta algo más que una típica película de acción. La lucha por liberar a los personajes femeninos, y la fuerza que demuestran cada uno de ellos, vuelcan los choques y las persecuciones hacia una premisa sorpresivamente feminista.

Para una película que promete carreras de autos, fuego y un desenfreno constante, encontrar un análisis de cómo sería el papel de los géneros dentro de esta sociedad sin agua, comida y orden, especialmente de qué abusos podrían llegar a sufrir, es profundamente gratificante.

Esto no quiere decir que Mad Mad: Fury Road no sea la película que promete ser. Es, en definitiva, una cinta llena de persecuciones y en constante movimiento, algo que se cumple en un 80% del tiempo. No obstante, son los pequeños detalles los que hacen que te enamores completamente de la cinta, y no sólo te diviertas y estés atento viéndola.

Un claro ejemplo es su cuidada estética, que trae de vuelta el diseño retro-futurista de la década de los ochenta, y que no agota al espectador, ya que está correctamente dosificada para no llegar al punto de ser kitsch. Este tipo de diseño lo podemos ver no sólo en efectos especiales, sino que también en conceptos como el guitarrista ciego que acompaña a la caravana de guerra con su guitarra lanza llamas o también, en el brazo protesis mecánico de Furiosa.

A esto se suman detalles sumamente cuidados de películas anteriores, como que el villano de esta cinta sea interpretado por el mismo actor detrás del “malo” de la primera película de Mad Max o pequeños objetos, como la caja de música que aparece sutilmente en esta entrega  y que hace un cameo, también, dentro de Mad Max 2.

Finalmente, el nivel de desarrollo de los personajes secundarios hacen que no te quedes solamente con la historia de Furiosa o de Max, sino que te intrigues también por el pasado de Nux (Nicholas Hoult). Esto se logra gracias a la profundización de conceptos como el culto de la adoración, el ritual de muerte de los “hijos de la guerra”, la extrema escasez de agua e incluso, el misterioso más allá conocido como Valhala.

Todos estos factores (un argumento feminista, un gran montaje, una estética sumamente cuidada y un desarrollo importante de personajes secundarios) hacen de esta película algo mucho más allá de una simple cinta de acción, que no sólo te deja completamente quieto y atento frente a la pantalla, sino que también te lleva a analizar el contexto detrás del surgimiento de este mundo post-apocalíptico dentro, incluso, de nuestra misma realidad.