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"Tarof", el arte persa de la cortesía extrema

Por Ana Cárdenes | 23 Septiembre, 2014 - 14:48
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Los iraníes no levantan prácticamente nunca en público la voz, se entretienen largos minutos en insistir para que el otro pase primero por una puerta, mantienen siempre unos modales exquisitos, no interrumpen en una conversación, presentan sus argumentos con humildad, se disculpan todo el tiempo y, a menudo, tienen una oferta amable y una sonrisa.

"No puedo aceptarlo", "De ninguna manera, no tiene ningún valor", "Soy tu esclavo", son algunas respuestas que a uno le dan en Irán cuando trata, por ejemplo, de pagar un taxi. No es que no quieran cobrarle: se ha topado usted con el "tarof", el arte persa de la cortesía extrema y, quizás, de la hipocresía.

Los iraníes no levantan prácticamente nunca en público la voz, se entretienen largos minutos en insistir para que el otro pase primero por una puerta, mantienen siempre unos modales exquisitos, no interrumpen en una conversación, presentan sus argumentos con humildad, se disculpan todo el tiempo y, a menudo, tienen una oferta amable y una sonrisa.

Además, rodean buena parte de sus comportamientos sociales, desde un simple saludo hasta cerrar un pacto o pagar un servicio, de elaboradas fórmulas de respeto, cortesía y casi de humillación con el aparente objetivo de colocar al otro en un lugar de superioridad.

"Cuando veo a un conocido siempre le digo 'Ghorbune soma beram' (Soy tu víctima) o 'Elahí pishmarget besham' (Ojalá enfrente yo la muerte por ti)", explica Maryam, una mujer de mediana edad no excesivamente tradicional.

Estas expresiones son saludos comunes sin mayor trascendencia pero otras formas de "tarof", repletas de ambigüedad, pueden dejar al visitante (sobre todo al occidental) totalmente confuso sobre las intenciones y gestos de su interlocutor.

"El tarof es una conducta explícita, complicada de explicar. Un juego de lenguaje, que tiene unos códigos y va unido a la amabilidad y la hospitalidad", explica el profesor universitario de Sociología Mohamadreza Yavadí Yegané.

"Por ejemplo, al llegar a la mezquita una personalidad importante siempre trata de sentarse en un costado, cerca de la puerta" hasta que le insisten reiteradamente para que vaya al lugar destacado.

La exhibición de humildad y abnegación es una parte fundamental del "tarof" y de la cultura iraní, que rechaza la soberbia y la arrogancia.

"Hay dos estilos de conducta. En Occidente la gente se expresa de manera explícita, pero los iraníes se expresan con 'tarof'", dice el sociólogo que cree que este carácter se entiende porque "la sociedad iraní estuvo sometida durante siglos a dictaduras y, ante esa inseguridad, es recomendable no hablar con mucha claridad ni explícitamente porque se puede pagar. Es un mecanismo de defensa ante los poderosos que ha hecho a los iraníes más complicados".

La histórica persecución a la rama chií del islam y el desprecio del sufismo a la riqueza también son, según los expertos, posibles influencias en el nacimiento y desarrollo del 'tarof' cómo fórmula social.

Cuando un iraní expresa su deseo de ver a otro, este puede contestar "zire sayatun hastim" (estoy bajo tu sombra) o "Vase dastbusi mozahemetun misham", vendré para besar tu mano, tenga o no ganas de verle.

"Noukaretam" (soy tu sirviente), "ghabeli nadare" (mi trabajo no tiene ningún valor) o "daste soma dard nakone" (que no te duelan las manos), son otras de las expresiones que los iraníes se intercambian comúnmente y convierten un simple acto como pagar en un florido forcejeo.

Maryam reconoce que este lenguaje incierto, confuso lleno a veces de dobles sentidos supone, también, "una falta de honestidad", con dosis de "hipocresía" y una forma de "buscar el cariño de otra persona" a través de halagos, cortesías elaboradas, palabras amables e incluso muestras falsas de devoción.

Como señala el periodista y escritor Christopher de Bellaigue, el 'tarof' es a menudo una "amable ficción" que "puede ser encantador y servir de base para la buena voluntad mutua, o malicioso, un arma social o política que confunde al receptor y lo pone en desventaja".

Si alguien te invita a algo, debes en un primer lugar rechazar, insistiendo en su gran amabilidad y generosidad.

La norma suele ser decir que no tres veces y, si el anfitrión sigue insistiendo, entonces la intención es genuina y se puede aceptar, según recomienda el libro "Choque de Cultura en Irán", de Maria O'Shea.

Si elogias un objeto de alguien, es habitual que reaccione regalándotelo, muchas veces con sinceridad, y otras por mero ejercicio de 'tarof', en cuyo caso es mejor no aceptar, pero rechazarlo con grandes alabanzas a la generosidad del otro.

"Amabilidad exagerada, modestia y autodesprecio con la que los iraníes parecen haber nacido", es la descripción que ofrece el autor iraní-estadounidense Hooman Majd en "El ayatolá ruega disentir", un libro salpicado de cómicos ejemplos de 'tarof' en el día a día en Irán que pueden dejar perplejo a cualquier occidental.

* Crónica EFE

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