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Bolivia recupera illa del Ekeko que hace 156 años estaba en poder de un museo en Suiza

Por Lifestyle.com / ABI / Xinhua | 18 Noviembre, 2014 - 17:14
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El mandatario adelantó que la illa, una imagen ovalada de piedra tallada con la imagen del llamado 'Dios de la Abundancia', será presentada oficialmente el 24 de enero, fecha en la que se celebra la fiesta de la Alasita.

El presidente Evo Morales informó que Suiza devolvió a Bolivia la illa del Ekeko (dios de la abundancia), que fue sacada del país por el ciudadano suizo Johann Jakob Von Tschudi hace 156 años.

"Gracias a las gestiones desde la Cancillería, desde el Ministerio de Culturas, todo el Estado Plurinacional y agradecemos al gobierno de Suiza, por hacer gestiones conjuntamente con las embajadas para que vuelva el Ekeko a Bolivia", afirmó en una conferencia de prensa el presidente.

El mandatario adelantó que la illa, una imagen ovalada de piedra tallada con la imagen del llamado 'Dios de la Abundancia', será presentada oficialmente el 24 de enero, fecha en la que se celebra la fiesta de la Alasita (compra en idioma nativo), cuya característica principal es la venta de miniaturas con la finalidad ritual de que las mismas se conviertan en realidad, donde la deidad aymara Ekeko es el objeto principal.


"Se ha previsto, por recomendaciones desde la Cancillería, que oficialmente se hará una presentación al pueblo el 24 de enero, después de que se cumpla con todas las formalidades, el Ekeko estará con los yatiris (sabios andinos), pero también mi recomendación de que viaje a Tiahuanaco, a su casa, a la Isla del Sol, Isla de la Luna, a lugares milenarios que tiene el pueblo boliviano", manifestó.

El Ekeko precolombino de la cultura Pukara se encontraba en el Museo Histórico de Berna (Suiza) y fue devuelto el 7 de noviembre a Bolivia.

En tanto, Morales explicó que según estudios la illa del Ekeko data de 200 años antes de Cristo, y es parte de la cultura Pukara.

Morales reconoció el trabajo de las embajadas de Bolivia y Suiza para lograr esta devolución, pues consideró "muy difícil" que un museo devuelva una pieza cultural tan importante.

Además, el presidente invitó a los investigadores a que efectúen un estudio para recuperar, no sólo esta clase de bienes culturales del pueblo indígena, como el Ekeko, sino también tantos bienes que fueron robados del país.

La pérdida

Según el informe del Ministerio de Culturas, en 1858, el investigador suizo Johann Jakob von Tschudi se apropió de la pieza en Tiwanaku, valiéndose de una botella de coñac para emborrachar a los lugareños. Toda esta información fue documentada por él mismo en su diario de viajes. En 1929, el Museo de Berna compró la figura a los descendientes del suizo.

El suizo Johann Jakob Von Tschudi desconocía el valor telúrico y cosmogónico de la estela que la tarde del 18 de octubre de 1858 escondió entre sus ropas, después de sonsacarla a los indígenas custodios de la Illa del Ekeko  (dios de la abundancia) que emborrachó en el poblado de Tiawanacu, a 73 km de La Paz, sede del gobierno de Bolivia, adonde ha vuelto a principios de noviembre tras 156 años carestías y otras imprecaciones.


Estériles habían sido las gestiones y ofrecimientos materiales por la estatuilla a los custodios sujetos desde tiempos inmemoriales a la lógica del trueque, a los que sedujo con un licor dulzón que los indígenas dejaron correr por el gaznate.

"Les pregunté a los dueños si me venderían esa deidad, pero lo rechazaron con indignación", escribió Von Tschudi en su ulterior obra decimonónica 'Viajando a través de América del Sur', en la que confidenció que "una botella de cognac (vino dulce) los volvió más flexibles" y cedieron preliminarmente a entregársela.

La Illa es parte de la preincaica cultura Pucara, caracterizada por la sociedad de la abundancia y la redistribución.

Científico y lingüista, Von Tschudi creía que llevaba consigo "una estatuilla muy interesante y bien elaborada", tal vez el equivalente andino del Santo Grial de los cristianos escondido desde el siglo XII en algún lugar de la europea Britania y que los nazis buscaron con afán desde 1939.

"Primero, las negociaciones fracasaron por el precio. Sólo cuando los indígenas estaban completamente ebrios se produjo la transacción", escribió en su libro.

Mas, "cuando los indios trataron de deshacer el trato, ya era demasiado tarde", pues Von Tschudi, enamorado de la estatuilla de 15,5 cm de altura y 2 milenios de antigüedad, ya había puesto rumbo, al galope, hacia el Pacífico, de donde se embarcó a Europa, admite en Viajes a través de América del Sur.

Dice la mitología andina que desde que Von Tschudi arrancó la Illa de su seno, el Ekeko, desprendido de su esencia, vagó por las heladas cumbres nevadas de los Andes como el ángel expulsado del paraíso y que tuvo que adquirir forma humana, contrahecho, envejecido, regordete y cargado de utensilios, más bien con atuendos y apariencia occidentales, para representarse como el diosecillo de la abundancia, que los andinos honran desde finales del siglo XIX cada 24 de enero.

También, que tras su extravío, por parte de sus custodios, se abatieron, sobre la región, tiempos de carestía, a manera de imprecación.

Hacia los siglos VIII al XI después de Cristo, sobre Tiawanacu, cultura plantada en su fase expansiva, se abatió una sequía secular, que recorrió los lagos, produjo migraciones y liquidó la población, cifrada entonces en 100.000 habitantes.

La Illa, que en los años 30 del siglo XX fue depositada por los descendientes de Von Tschudi en el museo suizo de Berna, "tiene miles de años, no es de ahora", dijo el canciller aymara de Bolivia, David Choquehuanca, en declaraciones a la ABI en abril último cuando gestionaba el retorno de la deidad andina al sitio de donde fue secuestrada.

La Illa "es un centro  energético, queremos que esta energía  de la abundancia vuelva a donde tiene que estar. Es importante que esa energía esté en su lugar en el planeta tierra", agregó Choquehuanca, quien venía, día antes, de gestionar en Berna, con el secretario de Estado de Suiza, Yves Rossier, y la ministra de Culturas del país helvético, Isabelle Chasso, la devolución de la deidad.

Bolivia y Suiza carecen, hoy mismo, de un tratado de protección de bienes culturales, lo que obligó a La Paz a realizar intensos cabildeos con parlamentarios y alcaldes suizos y gestar un convenio bilateral.

El retorno de la Illa a su lugar de origen coincide con el nuevo Pachajcuti, que los indígenas andinos proclaman como el advenimiento de los nuevos tiempos después de la llegada de los "barbudos" al Abya Yala o Nuevo Mundo, en 1492.

Considerado filósofo y restaurador de la cosmovisión andina, Choquehuanca estuvo a visitar en el museo suizo, a instancia de la embajadora boliviana en Alemania y concurrente en Suiza, Elizabeth Salguero, a la Illa del Ekeko a finales de 2013 y principios de este año.

"He tenido una sensación inexplicable. Lo he visto como solicitando protección, como reclamando para que sus hijos tenemos que luchar, para que vuelva a su lugar. No se siente bien" en el Museo de Historia de Berna, adonde fue vendido en 1929 por el bisnieto de Von Tschudi, dijo en abril pasado Choquehuanca.

Suerte de naturaleza diárquica, la Illa del Ekeko representa en sí mismo lo femenino y masculino. "Yo soy tú y tú eres yo", filosofa el canciller boliviano que obtuvo, tras intensas gestiones con las autoridades suizas, la repatriación de la estatuilla.