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Charlie Hebdo y la caída de la caricatura de prensa

Por Suzanne Cords/ Deutsche Welle | 8 Enero, 2020 - 13:00
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Tras cinco años del atentado que puso a los ilustradores en el centro de una discusión sobre la libertad de expresión, el género parece al borde de la extinción.

El 7 de enero de 2015 comenzó como un día cualquiera en las oficinas de la revista satírica  Charlie Hebdo, en París. Los redactores discutían sentados en torno a una mesa en la que había un pastel, porque un dibujante tenía cumpleaños. Cerca de las 11:30, dos hombres irrumpieron de pronto en el recinto y abrieron fuego. Once  personas murieron. Los autores del atentado salieron a la calle, gritando: "¡Alá es grande! ¡Matamos Charlie Hebdo! ¡Hemos vengado al profeta Mahoma!"

El atentado perpetrado por los hermanos Cherif y Said Kouachi apuntó contra una revista que había osado publicar caricaturas de Mahoma.

"Je suis Charlie”

Tras la masacre, una ola de solidaridad recorrió el mundo. El slogan "Je suis Cahrlie” estuvo en boca de todos. Pocos días después, más de cuatro millones de personas salieron a las calles en toda Francia, para manifestarse en defensa de la libertad de prensa y contra el terrorismo.

En círculos de caricaturistas, junto al duelo y la consternación cundió también la ira. Así lo recuerda el dibujante berlinés Bernd Pohlenz, creador del portal "Toonpool”, con cerca de 300.000 caricaturas de 2.500 artistas de 120 países. "Con el atentado de París se produjo entre los dibujantes un shock paralizador, y la sensación de haber sido involucrados, sin consulta, en una guerra entre dos mundos irreconciliablemente antagónicos”, señaló a DW. "Para no pocos dibujantes, su medio adquirió de pronto la calidad de un arma, y los artistas se veían como soldados en un campo de batalla”, agregó, acotando que, no obstante, la mayoría de los caricaturistas siguió trabajando sin autocensura.

Las caricaturas de Mahoma

Similar es la visión del francés Guillaume Doizy, quien se ha ocupado intensamente de la historia de la caricatura de prensa. En este plano, el primer gran escándalo internacional estalló en 2005, cuando el periódico danés Jyllans Posten publicó 12 caricaturas de Mahoma, que posteriormente también aparecieron en Noruega. Dos de los dibujantes tuvieron que ocultarse tras recibir amenazas de muerte.

Musulmanes indignados lanzaron amenazas contra Dinamarca y Noruega. Guillaume Doizy aclara, eso sí, que las caricaturas religiosas también pueden arrancar una sonrisa a la mayoría de los musulmanes y que, si se indignan, lo hacen del mismo modo en que un cristiano o un budista se enfadan cuando su religión se presenta satíricamente. "Pero existe un pequeño grupo que usa esto como pretexto para poder imponer su integrismo y manipular a la gente”, afirma el experto francés.

La tirada de Charlie Hebdó aumentó transitoriamente a varios millones de ejemplares, tras ese 7 de enero de 2015. Entretanto, las cifras de ventas han vuelto a bajar. "El humor le resulta irritante a mucha gente, no solo a los islamistas”, dice Laurent Sourisseau, alias Riss, sobreviviente del atentado y director de la revista. La sátira sigue siendo una lucha.

Peligro de extinción

"Las caricaturas de prensa no están bajo una buena estrella y 2019 fue un año particularmente negro”, señala Claire Carrard, presidenta de la asociación "Cartooning for Peace”. Se refiere con ello al caso del New York Times, que en su edición internacional ya no publica caricaturas desde mediados de 2019, cuando una de Trump y Netanyahu fue calificada de antisemita.

Para Guillaume Doizy, la polémica por el contenido no es el único motivo que llevó al New York Times a tomar esa decisión. A su juicio, las caricaturas publicadas en periódicos están en vías de extinción. "Hoy, la gente quiere ver fotos y videos”, subraya.

En vista de que las ventas se reducen, los editores no quieren molestar a potenciales lectores y avisadores con dibujos satíricos. Pero eso no significa que estos vayan a desaparecer de la faz de la tierra. "Los caricaturistas son muy creativos, cada vez establecen más simbiosis con centros de arte, galerías, museos y otros espacios públicos”, indica Bernd Pohlenz. Y destaca que allí "tienen la ventaja de poder ofrecer arte alusivo a temas de candente actualidad”.

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