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Cinco canciones para nunca olvidar Abbey Road

Por El Observador | 27 Septiembre, 2019 - 10:25
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En el aniversario 50 del último disco de The Beatles, esta selección de seguro te deja con ganas de volver a escucharlo completo.

Era 1969 y todo se había ido por el caño. Los Beatles apenas funcionaban como una banda, las rispideces eran muchas y la disolución estaba la vuelta de la esquina. Aunque se publicaría después, ya habían grabado el álbum Let it bey las esperanzas ya estaban puestas en las respectivas carreras solistas. Pero apareció Abbey Road. Y hoy, a 50 años exactos de su lanzamiento, todavía parece un milagro. Con un lado A cargado de temas icónicos e inmortales, y uno B compuesto como un largo medley, el legendario disco que muestra a John, Paul, George y Ringo cruzando la cebra en el cruce de las calles Abbey y Grove End se convirtió en uno de los trabajos más contundentes e influyentes de la historia de la música.

Por su aniversario número 50, he aquí una selección de cinco temas imprescindibles de un disco imprescindible.

Come Together

La canción que abre el disco empezó como un jingle político. John Lennon quería hacerle una canción al psicólogo y defensor de las drogas lisérgicas devenido en candidato a gobernador de California, Timothy Leary (su oponente era un exactor llamado Ronald Reagan), pero todo se vino abajo cuando Leary fue arrestado por posesión de marihuana. Lennon escribió la canción igual, que incluye referencias al pasado de la banda cuando habla de “la morsa”, nombra tanto a Yoko Ono como al bluesero Muddy Waters, y tiene un groove imponente liderado por el bajo de McCartney y la batería de Ringo Starr. El a veces vilipendiado baterista muestra que tenía una capacidad enorme para sentarse y agregarle a una canción lo que necesitaba y hacer mover los pies del escucha, sin ser un prodigio técnico. Una de las historias de su grabación cuenta que Lennon le negó a McCartney la posibilidad de grabar su voz y el piano, y que hizo todo él, lo que refleja también el estado de la banda al momento de encarar este disco. La canción ya está trillada y ha sido versionada por todo el mundo, pero sigue siendo uno de los temas más “cool” y poderosos de la banda.

Something

George Harrison siempre estuvo eclipsado por sus compañeros Lennon y McCartney como compositor, lo que quizás tuvo más sentido en los primeros años del cuarteto, pero que a medida que fue tomando confianza y ganando capacidad, sumó un punto más a la tensión interna. Y en Abbey Road, Harrison muestra sus mejores credenciales como creador, en buena parte gracias a esta canción, que seguramente sea de las más hermosas canciones de amor que se hayan escrito en la historia universal. Es dulce y tierna sin ser melosa, y es una declaración romántica pero que mantiene un toque de incertidumbre, ese “You're asking me will my love grow / I don't know, I don't know”. Esta obra maestra del pop se convirtió en la canción insignia de Harrison, anticipó lo que haría en los mejores momentos de su carrera solista, y es un gran argumento a favor de uno de los dos Beatles habitualmente postergados. Emociona con cada escucha.

Here Comes The Sun

Aunque tal vez la canción haya girado por las radios del mundo más veces que la Tierra alrededor del sol, es imposible hablar de Abbey Road sin mencionar a Here Comes The Sun, una de las composiciones más populares y conocidas de los cuatro de Liverpool. Compuesta por Harrison –con una pequeña ayuda de su amigo Eric Clapton– en un momento bastante aciago para el grupo y para él mismo, la inspiración apareció en uno de los primeros días de la primavera de 1969, cuando después de días de nubarrones y tormentas, el sol salió por primera vez. Harrison, con un renovado y positivo entusiasmo, escribió la canción ese mismo día.

Con uno de los riff más conocidos y versionados de la música –acá es donde se ve la mano de Clapton–, Here Comes The Sun tiene a Harrison en la voz, la guitarra, los coros y manejando a los sintetizadores. El único Beatle que no participó de la grabación fue John Lennon, dado que se estaba recuperando de un accidente de tránsito. Los debates sobre el lugar que ocupa este tema en los rankings personales de cada fanático pueden ser interminables, pero lo que nadie puede dudar ni por un segundo es que Here Comes The Sun es una inyección de alegría y un antidepresivo instantáneo.

Because

Pegada a Here Comes The Sun llega la que, tanto para McCartney como para Harrison, es la mejor canción de Abbey RoadBecause. Según dicen, John estaba acostado escuchando como Yoko Ono tocaba en el piano Claro de Luna de Beethoven, y se le ocurrió pedirle que tocara las notas al revés. Aunque la discusión todavía continúa sobre sí es o no una canción tocada al revés –los estudios musicológicos dicen que no–, una de las grandes características y cualidades de Because es lo que John, Paul y George hacen con sus voces. Grabada tres veces y luego superpuestas, el oído escucha un coro de nueve voces en armonía que generan una experiencia auditiva casi onírica. Es difícil describir cómo se siente uno cuando se enfrenta a Because por primera vez. En todo momento sobrevuela la sensación de estar transportándose a un mundo externo, lisérgico, y la experiencia, con la escucha, se acentúa cada vez más. La mezcla entre los sintetizadores y el juego de voces producen la sensación de estar casi flotando.

Golden Slumbers/Carry That Weight/The end

Abbey Road fue la verdadera despedida de los Beatles. Y ellos lo sabían. Por eso se lo tomaron con mucha más dedicación y foco que el Let it be, por eso todos ofrecieron lo mejor de sí, y por eso el disco tiene como cierre una canción que se llama The End. Aunque son parte del enganchado que ocupa todo el lado B del álbum, estás tres canciones pueden verse como una entidad única, y de hecho, es así como las toca en vivo Paul McCartney, que compuso las tres. Golden Slumbers retoma la melodía de You never give me your Money, pero esta vez con un tono de canción de cuna para hablar sobre los sueños y el descanso. Engancha con la más épica Carry that way, que según McCartney habla de las disputas monetarias de los Beatles en ese momento, y sobre el legado que dejaría su obra, ese dichoso peso que tendrían que cargar del que habla la canción. Y ahí viene The End: el único solo que tocó Ringo Starr, que prefería ser un obrero para quien estuviera al frente de la canción, seguido por una serie de mini solos de dos compases cada uno en la que van alternando los otros tres músicos. Empieza McCartney, con un sonido fluido, rítimo y melódico, con una cuota de dulzura. Harrison lo sigue con más agresivo, punzante y vistoso, mientras que Lennon cierra las vueltas con una distorsión bien podrida de clara influencia bluesera. Y ahí se resumen los Beatles: cada uno con su estilo y su identidad, pero todos sus talentos unidos para crear música mágica. Y al final, el amor. Porque con los Beatles, el amor siempre estuvo presente. “Y al final, el amor que recibes, equivale al amor que haces”, cantan armonizando sus voces como hicieron tantas veces. Fue la última grabación en la que estuvieron los cuatro juntos. Fue el final. Pero fue el mejor final posible.

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