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¿Cómo cambia tu vida con un reloj de lujo?

Por BioBioChile.cl | 30 Octubre, 2018 - 11:11
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A través de un experimento social, un periodista vivió en primera persona solo algunas de las ventajas de llevar un accesorio de miles de dolares en la muñeca.

Hay un viejo dicho que asegura que cómo te ves te tratan. Es por ello que durante años las abuelitas y las mamás siempre han querido que sus hijos y nietos luzcan lo mejor posible, porque nadie quiere que un ser querido pasen un mal rato.

El periodista trotamundos y profesor de economía escrita de la Universidad de Miami, Matt Meltzer, realizó un experimento social que le permitió descubrir si esto era real o no.

Basándose en la frase que escuchó una vez de uno de sus mentores (“Puedes juzgar a un hombre según el reloj que usa”), Meltzer decidió arrendar un reloj de lujo para viajar y los resultados fueron sorprendentes.

“Como viajo mucho por trabajo, y todos los asistentes de vuelo y ejecutivos de negocios me juzgan a diario, esta me pareció ser una forma adecuada de comprobar si el viejo mentor sabía lo que estaba pasando o no”, comentó el escritor en el portal Thrillist.

“Mis preguntas fueron respondidas casi inmediatamente después de recibir mi primer reloj”, aseguró. Se trataba de un modelo llamado Bathyscaphe Blancpain Fifty Fathoms, que se vende por casi US$ 10.000.

Esa semana debía viajar desde Houston a su casa en Miami, pero una tormenta retrasó y canceló muchos vuelos. Los empleados de las aerolíneas repetían a los ansiosos pasajeros que al día siguiente retomarían los vuelos, pero algo raro pasó con Matt.

“Mientras le entregaba mi tarjeta de embarque y la de mi compañero de viaje, le dije (a uno de los empleados): ‘¿Alguna posibilidad de que puedas llevarnos de regreso a Miami esta noche?’. El hombre miró mis pases de abordaje, me miró a mí y luego miró de nuevo mi mano. ‘¿Eres de clase élite?’ preguntó. ‘No’, respondí. Se encogió de hombros y tomó mis pases de abordaje de todos modos”, recordó el comunicador.

Minutos más tarde, el hombre le dijo: “Tengo dos asientos en un vuelto a Fort Lauderdale (ciudad cercana a Miami) a las 23:30. ¿Le serviría, señor?”. Matt, por supuesto, aceptó y logró llegar a su casa medio día antes que el resto de las personas de su vuelo cancelado.

“Noté que él también estaba usando lo que parecía un reloj muy caro. Era como si me hubiera reconocido como miembro de una gran hermandad”, afirmó.

Un par de semanas después viajó a España para entrevistar a un importante ejecutivo de un crucero en su nuevo barco. La entrevista duraría 10 minutos como mucho. “Cuando me sentó, saqué mi computador. Sus ojos se fueron directamente a mi muñeca. No dijo nada, pero sus ojos me mantuvieron fijos por lo que era obvio que estaba tratando de ver qué tipo de reloj llevaba”, añadió.

Según el escritor, el hombre no lograba comprender cómo un periodista podía pagar un accesorio así de caro. “En los primeros cinco minutos de la entrevista, me invitó a cenar con él y con otros ejecutivos en el restaurante más lujoso del barco. Los ejecutivos con los que comí también miraron mi reloj no tan sutilmente. A mitad de camino, me invitaron a una segunda cena y sake en la barra de sushi de gama alta del barco. Y créeme, no soy tan encantador”, comentó.

Con el paso del tiempo, el comportamiento de la gente ante su reloj se mantuvo y la forma en que era tratado en sus viajes mejoró mucho. “Los empleados de los hoteles en realidad parecían preocuparse cuando mi internet no funcionaba. Los auxiliares de vuelo me dieron latas enteras de bebida. Cuando me cambiaron a primera clase, las personas con las que me senté a mi lado realmente me hablaron “, recordó.

Matt también se enteró que el reloj es la forma que usan los viajeros frecuentes de primera clase para distinguir a aquellos que son cambiados desde clases menos lujosas.

“No estaba seguro de si era solo la confianza que se obtenía al usar un reloj caro lo que hacía que las personas me trataran mejor o era el reloj en sí. De cualquier manera, mi reloj y yo estábamos claramente enviando un mensaje”, finalizó.

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