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Conozca el dinámico diseño arquitectónico que potencia el aprendizaje infantil en Japón

Por LifeStyle | 19 Mayo, 2015 - 15:21
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La principal característica de un jardín infantil desarrollado en Fuji es que tiene forma elíptica. La razón: respetar el deseo infantil de correr en círculos.

Armonía con el medioambiente y servir a sus habitantes, satisfaciendo a las personas que utilizan el espacio sin la necesidad de grandes tecnologías en diseño o decoración, son los principales predicamentos del arquitecto japonés Takaharu Tezuka.

Son los puntos de vista que puso en marcha desde el año 2007 cuando llevó a cabo el proyecto de un jardín infantil de grandes proporciones en la ciudad japonesa de Fuji.

El experto, quien junto a su esposa fundaron en 1994 la oficina especializada Tezuka Arquitects, orienta su trabajo hacia el encuentro de las relaciones personales, la vida doméstica y la calidad de vida, con un diseño de formas puras y simples.

El destacado profesional estudió arquitectura en el Instituto Tecnológico Musashi (Tokyo City University) y en 1994, después de colaborar en la oficina de Richard Rogers, fundó su compañia que en una primera etapa se orientó al diseño de viviendas unifamiliares de pequeño formato, para luego aumentar la envergadura de sus iniciativas.

De este modo, llegó a desarrollar proyectos públicos significativos como el museo Echigo-Matsunoyama en 2003 y el Jardín Infantil Fuji en 2007. Hoy, Tezuka Arquitects es reconocida como una de las oficinas jóvenes con mayor proyección en Japón. Su obra ha sido publicada en todo el mundo y ha sido invitado a dictar conferencias en las universidades más prestigiosas.

El jardín infantil de Fuji posee la principal característica de tener una forma circular, con un gran espacio sin techar al medio. Tezuka explica que la principal razón de seguir ese modelo fue respetar el deseo infantil de correr en círculos.

Incluso se pensó en que los niveles superiores no tuvieran barandas y se generara un sistema de redes que atraparan a los niños si se caían, sin embargo, las estrictas normas oficiales de seguridad en edificios lo impidieron.

Así y todo, la idea funcionó en los árboles. Y los niños los copan.

En su interior el jardín no tiene grandes separaciones y los niños pueden departir en forma libre. Lo que en circunstancias normales eso significa algunos grupos de niños tímidos y otros más inquietos, en este lugar se refleja sólo en niños jugando y aprendiendo.

"Si un niño no quiere estar en el salón con los demás, llevando adelante las tareas que se hacen, que salga. Caminando, caminando, volverá a llegar al salón: hay que recordar que el diseño es circular", explica el director del jardín.

A eso, Tezuka sumo otro mito derribado en este jardín: el ruido no es molesto para el aprendizaje. "El ser humano se desarrolló en la jungla, en medio de mucho, mucho ruido. Somos capaces de conversar con amigos en un bar con muchos decibeles. Los niños también lo hacen. El ruido estimula aún más la concentración", subraya.

El jardín se caracteriza también porque en medio de los salones de aprendizajes pasan árboles, lavamanos, bibliotecas, mesas y tragaluces en un constante juego de exterior/interior en donde los elementos están sanamente mezclados.

Otro elemento arquitectónico que se considera en el jardín como un aspecto metodológico de aprendizaje es, a juicio de Tezuka, "que los niños necesitan una pequeña dosis de peligro", lo que se lleva adelante en una construcción diseñada para juegos.

En esa instancia, los menores cuando suben todos juntos a un juego, por ejemplo, siempre se están ayudando. Si uno se cae o se retrasa, los menores se organizan para que se levanten o no queden atrás. "Creo que hoy en día se pierden muchas oportunidades para que los niños aprendan este tipo de coaas", dice el arquitecto.

El dinámico diseño arquitectónico también estimula las capacidades físicas de los menores, ya que se calcula que entre las 09:00 y 09:30 de la mañana los niños son capaces de desplazarse entre 4 a 6 kilómetros diarios.  

Lo mejor del jardín infantil de Fuji es que permite llevar adelante dos conceptos educativos muy importantes: no sobreproteger ni controlar en demasía. "A veces necesitan lastimarse un poco, eso será parte de su proceso para aprender. La arquitectura puede ayudar a este tipo de cosas", subraya convencido Takaharu Tezuka.

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