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Daniela Vega, la actriz trans que enamoró a Berlín con “Una mujer fantástica”

Por Bruno Delgado/ La Nación.cl | 23 Marzo, 2017 - 10:00
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La protagonista de la más reciente ficción del chileno Sebastián Lelio reflexiona sobre la película y sobre su proceso que la llevó a definir su identidad femenina.

En un tranquilo barrio de Santiago se encuentra la casa de Fábula, productora de los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín, de donde han salido algunas de las películas más importantes de la última década para el cine chileno. Ahí nos recibió Daniela Vega, la actriz transexual que deslumbró en el Festival de Cine de Berlín con su protagónico en “Una mujer fantástica”.
 
Hace un par de semanas que Daniela volvió de Alemania tras exhibir la película dirigida por Sebastián Lelio, que ganó el Oso de Plata al Mejor Guión y por la que recibió positivas críticas tanto de la prensa como del público. Ahora, se vienen días con una agenda llena de entrevistas para promocionar la ficción antes de su estreno en salas nacionales el jueves 6 de abril.
 
“Me esperaba una reacción, pero no una con tanto cariño. Esperaba que la gente destacara la película, pero jamás me imaginé esta demostración de amor con nuestro trabajo, especialmente con Seba (Lelio) y conmigo”, comenta la actriz, de 27 años, en conversación con La Nación en el segundo piso de la moderna casona de Fábula, en calle Holanda.
 
En “Una mujer fantástica”, el segundo filme de Lelio premiado en la Berlinale tras “Gloria”, la sanmiguelina le da vida a Marina, una mujer transexual que intenta vivir el luto por la muerte de Orlando (Francisco Reyes), su pareja 20 años mayor, mientras enfrenta el odio de la familia de él y los prejuicios de una sociedad que parece no estar lista para ella.
 
Mientras alterna entre un café y un cigarro, la actriz destaca que la belleza de la película también ganadora del premio Teddy -reconocimiento a los trabajos con temáticas LGBTI- reside en que “ni Orlando ni Marina tienen problemas porque es trans. Llevan una vida de pareja normal. Y recién cuando él muere ella se da cuenta de que los demás son los que ven como extraña la situación y la acosan con prejuicios porque es trans”.
 
Y es de eso justamente de lo que va esta historia: de observar y ser observado, de cómo los ojos del resto transforman nuestra identidad y nos obligan a justificarnos ante los demás para poder vivir en paz, en una suerte de ineludible peaje social. Pero a no confundirse, en palabras de la propia protagonista, “la película no quiere ser un espejo ni un termómetro de la sociedad, no es nuestro trabajo”. Lo que sí es su trabajo, es abrir preguntas para cuestionarnos desde otro punto de vista.
 
 
- ¿Cuál es la relevancia de “Una Mujer Fantástica” en nuestros días?
- Que pone al afecto y la empatía en jaque y a la moralidad a prueba. Es francamente un estudio de cómo nos relacionamos con los demás y de cómo podemos entender el amor como una posibilidad de construcción de realidades y no como una de destrucción, porque cuando aparece la exesposa de Orlando, Sonia (Aline Kuppenheim), y su hijo Bruno (Nicolás Saavedra) intentan desmoronarle la vida a Marina. Es esa actitud la que estamos poniendo a prueba, es esa moral la que estamos cuestionando, pero nunca acusando.
 
“Sueños abacanados”
 
Desde que Daniela Vega hizo su aparición en la gran pantalla como Marina se robó la película en el festival berlinés, ganándose el título de nueva revelación del cine nacional. Experiencia a la que le baja el perfil con humildad y sentido del humor: “¿Qué pensaba cuando estaba en la alfombra roja? Que tenía un frío gigantesco y la muy ‘hueona’ andaba con un vestido sin espalda”, cuenta con la sonrisa y desplante de quien lleva años en el circuito, pese a que este es solo su segundo papel protagónico después de “La visita” (2014).
 
“Estar con Sebastián Lelio, Francisco Reyes, Juan de Dios Larraín, Pablo Larraín, otro gran director, significó mucho. Estaba tranquila escoltada por todos estos hombres y mujeres que me cuidaron y quisieron”, agrega la actriz que antes de llegar al cine fue peluquera y cantante lírica, algo de lo que saca provecho en “Una mujer fantástica”.
 
Y en este recorrido profesional, que partió cuando una profesora descubrió su habilidad para el canto en la básica, no ha estado sola. Tanto su familia como el arte le han puesto el hombro y le han servido como refugio. Ambos fueron pilares, pero fue el arte el que le ayudó a entenderse en momentos clave, como en la adolescencia, cuando tomó la decisión de cambiar de sexo: “El arte me salvó la vida porque estaba perdida en mí misma. Solo tenía la convicción de que quería construir mi identidad femenina, pero no sabía por dónde empezar. Me sirvió para conectar con emociones desconocidas o tenía bloqueadas”.
 
Daniela tampoco pierde de vista que pese a las dificultades que van apareciendo ha logrado cumplir sus tres “sueños abacanados”, como los califica: primero decidió ser mujer a los 14 años. Después, cantar ópera.  Y luego, ser actriz a punta de ganas, talento y sus horas como oyente en clases de teatro de la Universidad Arcis.
 
“Hay que poner el contexto. Cuando hice mi transición no había fundación, actor, actriz o modelos asumidamente trans como ahora. No había nada, no tenía ningún referente del cual agarrarme, no había un camino marcado. Recién ahora lo estamos construyendo. He tenido una vida muy afortunada”, reconoce con orgullo y emoción que se refleja en los ojos pero que no deja aflorar en la voz.
 
De alguna manera lo que ha hecho Daniela en el cine es, tal como en su momento lo hizo Pedro Lemebel en la literatura y las performance artísticas, ir sembrando semillas en un desierto, para que recién ahora empiecen a surgir brotes.
 
Y esta imagen no es fortuita. Para ella, la comunidad trans, como todas las minorías, debe día a día recorrer un camino aun sin transitar y “plantar flores en un páramo para que crezcan como en el desierto florido. La gente trans construye desde su propio desierto un oasis cada vez que puede”.
 
 
- ¿Cómo recuerdas los primeros años de ser trans?
- Al principio sentía que tenía que salir a justificar mi existencia. Eso era parte de cada día. Ahora es cada vez menos, pero en mi caso, no el de la mayoría que no tiene la posibilidad de hablar en medios de comunicación. La mayoría de la gente trans sigue teniendo que justificar su existencia. Y ese sentimiento no emana de la comunidad LGBTI. Emana de la comunidad heteronormada. Existe ese ánimo de invalidar a las personas y de pedir explicaciones a la gente distinta. Eso no se lo doy a nadie.
 
- ¿Cómo te sientes con el apellido de actriz trans y revelación?
- Soy orgullosamente transexual, si volviera a nacer volvería a ser transexual. No conozco otra realidad, no conozco otro cuerpo. La mayor conquista que he logrado ha sido conocerme y conquistarme. Perderse para encontrarse es un ejercicio súper bonito. Perderse en un lugar pedregoso y desde ahí reencontrarse. Entonces, el apellido trans no me molesta para nada. Me encanta poder contar la historia y decir que se puede.
 
- ¿En qué situaciones te acuerdas que eres trans?
- No me acuesto ni me despierto pensando en eso. Sólo me acuerdo de eso cuando voy al banco, al médico, cuando me subo a un avión, cuando tengo que pedir un carnet nuevo o renovar pasaporte. Básicamente en cualquier trámite oficial. En situaciones que te exigen andar ‘oye, disculpa, pero yo soy así’. ¿Disculpa de qué? Si uno es como es. Yo tengo estos colores, tú tienes los tuyos y eso es lo lindo.
 
- Entonces, al igual que en la película, la sociedad no está preparada para quienes toman decisiones rompe esquemas o que alteran su normalidad.
- El contexto te acusa, te dice ‘cuidado, corres peligro’. Tú no eres ilegal en el país, pero tu cuerpo sí lo es –hablando de la gente trans -. No voy a cambiar mi nombre en el carnet hasta que todas las personas transexuales puedan hacerlo. En mi condición actual sería súper fácil agarrar el teléfono, llamar a un abogado y hacerlo. Pero prefiero aguantar el ‘hueveo’ de ir al banco, que te pregunten quién es el titular de la cuenta o en un aeropuerto que te manden a policía internacional y te miren de pies a cabeza, que la gente te desnude con la mirada.
 
- ¿Cuál es el mayor desafío para ti de aquí en adelante?
- Mira, la película pretende dejar una huella en el tiempo y yo como artista pretendo pertenecerle al tiempo y ese es mi mayor desafío: pertenecerle al tiempo.