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Dietas "yo-yó", riesgo de diabetes

Por EFE | 26 Mayo, 2016 - 09:52
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Las personas que recuperan peso tras haber seguido una dieta de adelgazamiento, el denominado efecto "yo-yó", tienen más probabilidades de desarrollar resistencia a la insulina y, a la larga, diabetes, según refleja un estudio reciente.

Especialistas del Grupo de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) indican que existe una predisposición a desarrollar diabetes mellitus tipo 2 en aquellos pacientes que han vuelto a ganar peso tras haberlo perdido en un programa dietético hipocalórico.

Los investigadores estudiaron a un grupo de 136 pacientes obesos que siguieron una dieta hipocalórica de ocho semanas para bajar de peso y que, al finalizarla, trataron de mantenerse en el peso alcanzado. Entre cuatro y seis meses después del tratamiento, fueron reevaluados para comprobar si habían alcanzado su objetivo y habían logrado evitar el llamado “efecto rebote”, que suele producirse en algunos pacientes tras este tipo de restricciones alimentarias. “

En las evaluaciones que se les realizaron se atendió, de forma especial, a los niveles de irisina, leptina y adiponectina, para determinar la diferencia entre las cantidades iniciales, al final de la dieta y después del periodo de seguimiento.

Los resultados no dejaron lugar a dudas: de los 136 pacientes analizados, el 50% recuperó el peso perdido y, después de comprobar sus analíticas y observar altos niveles de irisina en sangre, fueron clasificados como resistentes a la insulina”, señala Ana Belén Crujeiras, autora principal del estudio.

Crujeiras explica que la leptina y la adiponectina son liberadas por el tejido graso de nuestro organismo. "La leptina tiene como función disminuir el apetito y, además, está relacionada con la regulación del metabolismo. Por su parte, la adiponectina tiene que ver con el metabolismo de la glucosa y es una hormona protectora", indica la experta.

Los sujetos obesos tienen niveles muy altos de leptina, a pesar de que es una hormona que disminuye el apetito. Mientras, la adiponectina está muy disminuida y se asocia con los fallos que tienen las personas obesas en el metabolismo de la glucosa”, afirma Crujeiras.

Según indica la médico especialista, la irisina fue descubierta hace solo un año y generó grandes expectativas como protectora ante la obesidad. En un principio, se descubrió que era secretada por el músculo después de hacer ejercicio y se propuso como protectora para combatir la obesidad y mejorar el metabolismo de la glucosa. “Nosotros observamos que también la secretaba el tejido adiposo y encontramos que los pacientes obesos tenían los niveles de irisina aumentados. Además, en este estudio que acabamos de publicar hemos hallado una asociación entre la irisina, la resistencia a la insulina y volver a ganar peso después de una dieta”, apunta.

Crujeiras señala que en la investigación descubrieron que los pacientes con niveles más altos de irisina en sangre presentaban una mayor predisposición a tener resistencia a la insulina en el periodo de reganancia de peso. Es decir, que trascurridos entre cuatro y seis meses tras la dieta, aquellos que recuperaban peso presentaban resistencia a la insulina y dicha resistencia se asociaba con niveles elevados de irisina. “Este dato parece contradictorio, puesto que la irisina es protectora de deficiencias en el metabolismo de la glucosa”, apunta la doctora Crujeiras. 

La investigadora comenta que "sobre la irisina todavía queda mucho por estudiar". No obstante, se barajan distintas hipótesis sobre su comportamiento.

“Nos estamos planteando que quizás no funcione como se propuso, o bien que en sujetos obesos se produzca una resistencia a la acción de la irisina, es decir, que mediante algún mecanismo desconocido se esté bloqueando su acción. También puede ser que la irisina se secrete para tratar de compensar esos fallos en el metabolismo, pero sin ser capaz de hacerlo”, detalla. 

La especialista destaca la importancia de medir los valores de irisina en paciente obesos antes de que se sometan a terapias para perder peso. “Una comprobación previa de los niveles de esta hormona podría predecir una alteración futura en la glucosa corporal de los pacientes (lo que podría provocar que sufran, en un futuro, diabetes tipo 2) y, en definitiva, el éxito o fracaso de los tratamientos anti-obesidad”, afirma.

Además, en palabras de la doctora Crujeiras, “este hallazgo aporta nuevas evidencias sobre la necesidad de localizar biomarcadores que permitan evaluar la eficacia de alimentos funcionales, así como la importancia de conjugar armónicamente nuestro ADN con nuestra alimentación, de acuerdo con la genómica nutricional”.

La especialista aclara que la genómica nutricional “se enfoca en los efectos de los nutrientes o de determinados estilos de vida sobre los genes”. En este sentido señala que, en la respuesta a las dietas, sobre todo en lo relativo a la pérdida de peso, se está observando que algunas personas responden mejor que otras, lo que atribuye a la predisposición genética. “

La nutrigenómica o nutrigenética se basa en buscar biomarcadores de respuesta a las dietas y establecer un patrón determinado dependiendo del perfil genético de cada persona para diseñar dietas o terapias personalizadas”, concluye.

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