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El baile de la dama charra, el toque femenino a uno de los símbolos de México

Por Ana López-Barrón | 20 Enero, 2015 - 09:00
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El charro, jinete con chaqueta corta, pantalón ajustado, camisa blanca y sombrero de ala ancha y alta copa cónica, es característico del país azteca. Siempre asociado con la virilidad, algunos desconocen que ese mundo a lomos de un caballo no es exclusivo del hombre en el país de Pancho Villa.

Las damas charras, unas valientes y habilidosas amazonas vestidas con el mismo gracejo que sus compañeros masculinos, le dan el toque femenino indispensable a un espectáculo que es deporte nacional y que en algunos lugares de México es tan popular como el fútbol o los toros.

Considerada una disciplina ecuestre nacional “la charrería va mucho más allá de la ejecución de suertes a caballo o de lucir la majestuosidad de un traje de charro”, comenta a Efe Patricia Carrasco, entrenadora de las llamadas escaramuzas charras, su equivalente femenino.

Según Carrasco, la escaramuza “requiere mucho esfuerzo, preparación física y una gran concentración para llevarla a cabo”.

Tan conocidos son los charros y su dominio del caballo y el lazo como el papel que ocupan las escaramuzas, “evoluciones coreografiadas a caballo con música de fondo”.

Su origen se remonta a 1952, cuando es nombrado presidente de la Asociación Nacional de Charros Everardo Camacho, impulsor de la primera Escuela de Charrería y de un Sector Infantil que incluía a niños y niñas.

Ni cortas ni perezosas, las pequeñas comienzan a practicar el espectáculo de la escaramuza charra, en el que participan grupos de ocho amazonas vestidas de Adelita.

La práctica de la charrería femenina se lleva a cabo con rutinas de doce ejercicios que deben cumplir con requisitos dispuestos en un reglamento de competencia muy complejo, “pero que ha llevado a los grupos a lugares de admiración y excelencia”, explica Carrasco.

En opinión de la instructora, el vistoso espectáculo que las escaramuzas llevan a cabo en cada una de sus actuaciones con una valiosa coordinación y grandes dosis de belleza, permite que actualmente “no  haya ningún lugar del país donde deje de practicarse este deporte”.

Deporte familiar

"La práctica de la charrería varonil se divide en diez suertes, llamadas así porque el éxito de la práctica de cada una ellas radica en gran parte en la voluntad del equino con el cual se van a ejecutar, pues aunque exista la experiencia suficiente de parte del charro, en algunas ocasiones el animal no se presta y estas ejecuciones no se realizan con el lucimiento y éxito esperados", afirma Carrasco.

Demostración de tradición, la charrería está considerada desde 1933 el deporte nacional en México. Su origen data de poco después de la conquista del país por los españoles.

Para poder ayudar con la ganadería en las haciendas, los pueblos nativos fueron entrenados para montar a caballo y atender al ganado, dando lugar a una mezcla de las culturas española e indígena.

Un deporte que de origen era de hombres integra poco a poco a las mujeres, “debido a que la premisa más importante de la charrería es la familia”, argumenta la entrenadora.

“"El espacio ganado ha sido muy valioso y trabajado a través de casi 30 años. Si consideramos que los charros son caballeros, hoy día la mujer goza de respeto, admiración y ejemplo en el deporte nacional"”, apostilla.

Como ejercicio, la charrería tiene un calendario de competencias, tanto oficiales como amistosas, que se llevan a cabo en los lienzos charros (recintos con cosos de arenas como las plazas de toros) de diversos puntos del país.

Pueden participar las diferentes categorías de esta disciplina que va, desde las ligas infantiles como la de los “Dientes de leche”, que incluye a los niños menores de nueve años, hasta las juveniles y las adultas, donde no hay límite de edad.

La Federación Mexicana de Charrería realiza las eliminatorias en tres fases: Campeonatos Estatales, Regionales y Nacionales. El único requisito que se necesita para participar en uno de estos eventos es “pertenecer a una Asociación de Charros afiliada a la Federación Mexicana de Charrería”, matiza la experta.

Indimentaria de la escaramuza charra

Los maravillosos vestidos de las damas charras, llenos de luz y de color, esconden un arraigado significado.

Conocido como Adelita o ranchera,  el ajuar de competencia  de la amazona tradicional mexicana debe de ser de tela de algodón, popelina, manta, lino o dacrón y siempre opaca.

No se permite el uso de telas transparentes, satinadas, brillantes, fluorescentes, doradas o plateadas. Su elaboración puede ser de una sola pieza o también en dos: falda y blusa.
Lo que sí es indispensable es que utilicen cuello alto. Debe llevar mangas largas o cortas al estilo antiguo, es decir, amplia en la parte de arriba.

La hechura de la vestimenta de las ocho integrantes debe de ser la misma, aunque pueden usar diferentes colores en la tela, ya sea en parejas, cuartetos o individual.

Es obligatorio llevar, cuando menos, un holán plisado y cosido independiente en la parte baja del vestido o falda.

Los adornos del vestido podrán ser de tela, tira bordada, encaje de algodón o poliéster, listones y espiguillas.

En el caso de usar vestidos pintados, con aplicaciones tejidas o de otro tipo de artesanía, si el dibujo de los vestidos variara, no se considerará como una diferencia en el atuendo. El  uso del cierre o botones en la espalda será opcional.

Lo que sí es obligatorio es la banda completa en la cintura o pegada en los costados hacia atrás, debiendo ir con moño de mariposa y colas.

El rebozo se porta anudado a la cintura con el nudo al lado izquierdo sobre la banda del vestido y deberá hacer juego o contraste con el vestido y sus adornos. Cuando no se monte a caballo el rebozo debe llevarse terciado sobre uno o ambos hombros.

El largo del vestido debe ser a la mitad de la bota con la crinolina puesta. Y se exige moño en la cabeza haciendo juego con la ropa. Las botas deberán ser estilo jalisco en piel o gamuza,  el sombrero también es de uso obligatorio.

Se debe utilizar una crinolina bajo el vestido que debe ser de fibras naturales de algodón y no debe salir por debajo del faldón. También deberá usarse almidonada y no está permitido el tul. Se empleará, además, una calzonera tipo pantalón que debe ser corta a la altura de la rodilla.
 
El caballo, alma de la fiesta

“En la práctica de la Charrería el caballo juega el papel más importante, los caballos poseen una sensibilidad especial por lo que puede decirse que el caballo es un animal de instinto, no de razón”, añade la experta.

"Entre las atenciones que se deben tener con estos animales, están una caballeriza cómoda, un piso seco y limpio donde descansar, una alimentación balanceada, de calidad y en las proporciones que sugiera la supervisión de un médico veterinario, y el lógico cuidado de los cascos", agrega Carrasco.

“El caballo es un animal sociable, con una buena predisposición natural para complacer y colaborar, aunque tienen temor a lo desconocido, a lo imprevisto o a lo peligroso”, añade la especialista.

También se les asocia con propiedades rehabilitadoras, de las que Carrasco es de igual forma una gran conocedora.

“La equinoterapia o hipoterapia es una terapia integral empleada para promover la rehabilitación de niños, adolescentes y adultos a nivel neuromuscular, psicológico, cognitivo y social donde el caballo es utilizado como una herramienta terapéutica”, explica a modo de ejemplo sobre una de sus ocupaciones.

Por último Carrasco recalca que “montar un caballo da un sentimiento de paz, de libertad y de control de emociones, porque el caballo te lleva a manejarlas de manera diferente”.

Montar te enseña a “adquirir seguridad, a generar liderazgo y a respetar a tu compañero”.

Todos ellos valores que agregan atractivo y sentido al bello arte de las escaramuzas mexicanas.

* Reportajes EFE

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