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El camino de David Beckham

Por Lilian Contreras Fajardo/ El Espectador | 10 Junio, 2019 - 15:00
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Aunque ya alejado del deporte, el exfutbolista no ha dejado de trabajar duro en otros ámbitos.

Intento ser apasionado, dedicado y siempre trabajar duro”. Esas son las reglas que definen a David Beckham, el hombre de 44 años que durante casi veinte fue referente mundial del fútbol y que, desde su retiro en 2013, es imagen de ciertas marcas de lujo. Como embajador del whisky Haig Club, llegó a Colombia para promocionar la bebida en Bogotá y Medellín, donde dedicó unos minutos a conversar con unos pocos medios del país. Como futbolista aprendió lo importante que es aprovechar cada minuto, y quien esté a su lado o desee entrevistarlo debe ajustarse a esa regla. Su tiempo vale, pero por más afán que tenga él no pierde ni la caballerosidad ni la sonrisa.

En el Espacio Odeón, un lugar ubicado en el centro de Bogotá dedicado a la exhibición artística, David Beckham esperaba a sus entrevistadores sentado en un sofá de color gris. Estaba vestido con un traje oscuro, camisa blanca y zapatos de color negro. Parte de sus muchos tatuajes se asomaban debajo de las mangas y en el cuello. Algunas arrugas ya encontraron lugar en su piel, pero no pierde por nada el atractivo físico y mucho menos el estilo, ese que él define como “tradicional y muy inglés”, aunque reconoce que tiene una personalidad que lo lleva por el camino de los riesgos. “Me gusta usar cosas distintas, probar diferentes peinados, aunque ahora estoy más viejito y no lo puedo hacer tanto”, dijo en conversación con El Espectador.

Los riesgos de estilo se los ha cedido a sus hijos mayores, Brooklyn y Romeo, quienes a sus 20 y 16 años ya han probado suerte en el modelaje, un mundo en el que incursionaron gracias a su madre, Victoria Beckham, quien a final del siglo pasado alcanzó la fama mundial debido a su participación en la agrupación británica Spice Girls, que justo ahora está de regreso… sin ella, porque está dedicada al diseño de modas.

Victoria también es la responsable de que David Beckham haya explotado al máximo su aspecto físico y su posición social como embajador de marcas. Él se mueve muy bien en dos dimensiones tan diferentes como el fútbol, un deporte masivo, y los artículos de lujo.

Es todo un reto que, según él, se debe a que “quizá la gente ve que todo lo que hago, ya sea jugar fútbol u otro negocio, lo hago con pasión y porque siempre estoy sonriendo, disfrutando y siempre estoy feliz. Tal vez eso sea lo que le guste a la gente”, admite entre risas.

En esta época marcada por influenciadores, redes sociales y mensajes virales, Beckham cree firmemente que para ser un embajador o una persona que logre enviar un mensaje sobre un producto determinado, la clave del éxito no está en el número de seguidores sino en la pasión con la que se realiza el trabajo. Para él también es fundamental saber con quién forja una alianza que debe superar el factor dinero.

¿Qué debe tener una marca para que David Beckham quiera ser parte de esta? “Historia, tradición y diversidad”, afirma sin pensarlo dos veces. Por eso, continúa, buscó la alianza con Haig Club, un whisky escocés de grano que se reinventa para presentar una nueva tendencia del scotch que pretende capturar a la población femenina, que tradicionalmente ha quedado por fuera del disfrute de esta bebida.

El whisky ha estado durante muchos años en la historia de la humanidad y por eso hay que mantener viva la tradición, aunque con Haig Club estamos rompiendo las reglas del whisky”, dice en referencia a las distintas formas de consumirlo y porque quieren crear su propia comunidad de consumidores.

Beckham, que tiene claras sus reglas de vida, también ha creado su estilo particular con autenticidad. Desde que estaba en las canchas impuso varias modas entre sus seguidores, como sujetarse el pelo largo con una delgada banda elástica, o llevarlo muy corto y muy mono. Incluso, les dio un nuevo aire a los tatuajes, esos que aún son sinónimo para algunos de adicción a las drogas o al alcohol. En varias ocasiones ha explicado que estos cuentan su historia y la de su familia.

Su vida también se reinventó después de 2013, cuando dejó de practicar el fútbol profesional. En 2015 bromeó durante una entrevista diciendo que se había convertido en el taxista de sus hijos, pero lo cierto es que se ha dedicado a fortalecer el imperio familiar que desde principio de milenio forjó con Victoria Beckham y que se consolidó cuando fueron imagen de Armani, en 2009.

Hoy por hoy, tanto la pareja como cada uno de los cuatro hijos es referente del mundo de la moda, cada uno en su estilo.

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