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El espíritu italiano de Amalfi

Por El Observador | 12 Septiembre, 2018 - 11:59
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Creciendo sobre las montañas, este Patrimonio de la Humanidad llama cada vez más a turistas a sus calles.

Amalfi es una comunidad ubicada a orillas del golfo de Salerno, distante a unos 75 kilómetros de Nápoles. Está rodeada de acantilados e integra los sitios declarados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Para muchos, en Amalfi es donde se puede encontrar el verdadero espíritu italiano mientras se disfruta de la playa, la gastronomía o paisajes impactantes. Sus casas “colgadas” en la montaña, los callejones y las palmeras y viñas la vuelven un lugar único. Su belleza se conecta con la leyenda en torno a su creación. Según una leyenda, la fundación de Amalfi tuvo que ver con un tributo de amor que Hércules, hijo de Zeus, hizo a su amada. Ella se llamaba precisamente Amalfi y tenía ojos azules intensos como el mar. Así fue que, cuando Amalfi murió, Hércules eligió para enterrarla el lugar más hermoso y luminoso de la Tierra. Se dice que la ciudad tiene, desde su fundación, la fuerza de Hércules, que la protege por amor.

En sus tiempos dorados supo ser una de las cuatro repúblicas marítimas italianas junto a Venecia, Génova y Pisa. Fue tal su importancia que como se sabe da nombre a la costa que la tomó como referencia. Sin dudas Amalfi –o la Cittá Bianca– es una de las ciudades fundamentales para visitar en la Costa Amalfitana.

Es una región que ha estado intensamente poblada ya desde la Edad Media, por lo que recorrerla es deslumbrarse por su esplendor artístico y arquitectónico. Y según ha destacado la Unesco, sus zonas rurales testimonian la capacidad de adaptación de sus habitantes. Sobre todo, por lograr vincularse a la diversidad del terreno de cultivo, que incluye desde viñedos hasta huertos en terrazas en las laderas bajas y pastoreo en las tierras altas.

Sobre la costa se destacan Positano y Ravello, también destinos turísticos insuperables, que junto a Amalfi han sido elegidos por celebridades de todo el mundo.

Todos los municipios de la costa están conectados por la célebre carretera estatal 163, una de las rutas más atractivas de Europa e incluso del mundo. Pero hasta el siglo XIX la única vía para acceder a parte de esta región era llegar en barco hasta Amalfi. Incuso en lugares como Ravello, ubicado más hacia el interior, se debía seguir la ruta caminando o montado en un burro. Entre 1832 y 1850 se construyó una primera versión de la ruta –un camino bordeando la costa– que finalmente en 1953 se convirtió en la strada statale SS 163 o la strada Amalfitana. Tiene un total de 80 kilómetros y recorrer su asfalto es animarse a serpentear entre paisajes de belleza insuperable, ya que acompaña, en paralelo, a toda la costa. Tiene dos sentidos y una gran cantidad de tramos estrechos que avanzan bordeando las laderas de las montañas. Conducir por ella asegura sensaciones de disfrute únicas, pero también debe tenerse en cuenta que en temporada alta puede llegar a ser una experiencia que necesita de una gran dosis de paciencia. Los autobuses turísticos, los automóviles, los camiones y las furgonetas, que se suman a quienes recorren parte de la ruta a pie, suelen generar un tránsito más pesado. Y hasta peligroso, sobre todo porque los lugareños, conocedores del lugar, conducen con confianza a gran velocidad y con osadía.

Una rica historia

Amalfi ofrece otras atracciones turísticas más allá de la costa. Por ejemplo, el Museo del Papel. La producción de papel ha sido fundamental y clave en la riqueza, el crecimiento y el poder que Amalfi alcanzó en sus tiempos de mayor esplendor. La producción del papel y su distribución eran un gran secreto en el reino de Amalfi. Se traía la materia prima desde Medio Oriente y luego se comercializaba en las regiones cercanas.

La catedral –una de las más hermosas de toda Italia–, ubicada en la plaza principal (Piazza Duomo de Amalfi), construida a finales de la Edad Media, es otro de los grandes atractivos de la ciudad. La también conocida como Duomo Sant Andrea de Amalfi ha pasado por diversas etapas de restauración e incluso estuvo abandonada durante décadas.

Catedral de Amalfi. Es un templo católico del siglo IX, ubicado en la Piazza del Duomo y construida en honor al Apóstol San Andrés, que incluye diferentes estilos arquitectónicos.

En cuanto a la propuesta gastronómica, debe decirse que en la Costa Amalfitana los precios y la oferta pueden ser amplios y variados. Naturalmente la pasta, como en toda Italia, ocupa un lugar de privilegio, y en este caso se combina con frutti di mare (es decir, con mariscos). Por ejemplo, los llamados scialatielli, pasta especial hecha a mano. Es un tipo de fettuccini grueso y corto, con una sección transversal rectangular. Uno de los sitios para degustarlo es el célebre Caravella, premiado con una estrella Michelin.

Si se opta por ubicar Amalfi como “centro de operaciones” para recorrer la costa, la mejor opción es hacerlo en uno de los tantos ferries que salen del puerto. Varios brindan un circuito diario entre Amalfi, Positano, Sorrento y Capri.

Suelen ofrecer horarios amplios y aunque tiene un costo mayor que el transporte por carretera, no solo es más rápido, sino que asegura una serie de vistas y paisajes espectaculares, a las que se agrega poder tomar una cerveza fría en el propio ferry, bajo el sol y la brisa amalfitana.

Ferry. Pasear en ferry es una excelente opción para conocer la belleza única de esta ciudad histórica italiana.

La magia insuperable de Amalfi ha llevado a que el poeta italiano Renato Fucini escribiera una vez: “El día del Juicio universal, para los amalfitanos que suban al Paraíso será un día como todos los otros”.

Elixir amarillo

Entre los viñedos y frutales de Amalfi la cosecha del limón ocupa un sitial de privilegio, lo que ha dado lugar al célebre limoncello, uno de los licores símbolos de la Costa Amalfitana. 

A la hora de probarlo, lo ideal es inclinarse por los artesanales, que se pueden encontrar en varios locales que incluso tienen sus propias recetas para hacerlo. Por lo general quienes lo ofrecen lo hacen sin disimular su orgullo por un cóctel que consideran un orgullo amalfitano e incluso de toda Italia. 

En algunos lugares ofrecen una versión algo más suave a la que llaman “crema de Limoncello” que también tiene manufactura artesanal y cuyo secreto radica, dicen, en los limones que se cosechan a lo largo de la propia Costa Amalfitana. Para muchos, el limoncello es el cierre perfecto luego de degustar el pescado que se sirve en las trattorias.