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El genio y los problemas de Miles Davis

Por El Espectador | 13 Febrero, 2020 - 11:00
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El documental de Santley Nelson “Miles Davis: el nacimiento de una leyenda” cuenta cómo fue la vida de uno de los nombres más importantes del Jazz.

Cuando estaba en plena producción de su documental Miles Davis: el nacimiento de una leyenda, el director Stanley Nelson tomó una decisión muy original: encargarle la voz de Miles Davis a un actor que, más que leer un libreto, imitara ese tono ronco y susurrante que siempre caracterizó al trompetista.

Lo usual en estos casos es que un locutor vaya leyendo, pero no interpretando al personaje. Sin embargo, el director quiso darle cierto realismo para que pareciera que el propio Miles Davis narraba su historia. “Hay muchos textos escritos, no solo de su autobiografía, sino de múltiples entrevistas”, explica Stanley Nelson, “pero cuando intentamos hacerlo con un locutor convencional no funcionó. Además, los entrevistados todo el tiempo decían: ‘Entonces Miles me dijo esto’ y se ponían a imitar su voz rasposa. Así que decidimos llamar al actor Carl Lumbly, quien hizo una imitación perfecta”.

El otro sello sonoro de Miles Davis fue, por supuesto, su trompeta. Una a la que agregó una sordina para que no sonara brillante, sino más bien sutil, aplacada y susurrante como su propia voz. Y de esa manera, casi desde sus primeras grabaciones en el género be-bop hasta su última etapa con instrumentos eléctricos, la trompeta de Miles se volvió inconfundible. La música que se escucha todo el tiempo en el documental nos va ilustrando la evolución del personaje, pero también esa ansiedad por no rezagarse de las corrientes de vanguardia en el arte. Impresiona verlo a sus 65 años, en el Festival de Montreux, haciendo piezas experimentales al lado de Quincy Jones.

De alguna manera, muchas de esas corrientes de vanguardia fueron iniciadas por él mismo. En los años 40 comenzó la avalancha de sorpresas con la grabación de un proyecto que se llamó Birth of the Cool. Nacía, efectivamente, una música muy calculada y tranquila, pero también el estereotipo del hombre cool, un personaje al que nada parece afectarlo. De alguna manera Miles Davis, con su mirada indiferente y sus vestimentas elegantes, fue el primer artista cool de la historia.

En otro segmento del documental, una sucesión de fotografías en blanco y negro genera la ilusión de movimiento. Vemos a Miles ensayando al frente de la orquesta que dirige Gil Evans. Se evidencia la preparación y la concentración, muy diferentes a la idea de jazz que nos han ofrecido como algo espontáneo y descomplicado. “Encontramos muchas fotografías de altísima calidad”, explica el director. “Tomamos ese archivo enorme y produjimos la secuencia, de la cual nos sentimos muy orgullosos”.

Otro momento de impecable belleza tiene que ver con su viaje a Francia y su experiencia en la grabación de bandas sonoras. En París, Miles Davis hizo la banda sonora de la película Ascensor al cadalso, de Louis Malle. La secuencia en que se narra este episodio es, en sí misma, un homenaje al cine europeo con sus escenas contemplativas y sus grandes silencios. Miles va tocando su trompeta frente a una pantalla gigante en la que se proyecta la figura de la actriz Jeanne Moreau iluminada por las luces de neón de la noche parisina.

Según Stanley Nelson, esa experiencia cinematográfica le dio a Miles Davis una nueva dimensión de la improvisación, que al regresar a Estados Unidos puso en práctica en la grabación de su disco Kind of Blue.

Y aquí entramos a terrenos casi sacros. Kind of Blue es, para muchos, el álbum más importante de toda la historia del jazz. Una reunión espontánea en el estudio de grabación, en 1959, para la cual no hubo mayores instrucciones. Ni siquiera había partituras, más allá de unos apuntes escuetos. Miles quería forzar a la concentración y, a partir de ahí, a la creación colectiva espontánea. Al lado de John Coltrane, Cannonball Adderley, Bill Evans, Paul Chambers y Jimmy Cobb, terminó creando una obra maestra.

Uno de los entrevistados del documental, el saxofonista Joshua Redman, reflexiona: “No podemos cuestionar las cosas sagradas. ¿Por qué la Biblia es la Biblia? ¿Por qué Kind of Blue es Kind of Blue? Simplemente lo es, y eso cambió el sonido del jazz”. Por su parte, el director Stanley Nelson recuerda que el punto de partida de su amor hacia la música de Miles Davis (que eventualmente lo llevaría a hacer este documental) fue el descubrimiento de ese disco entre muchos otros de la colección de su padre.

Pero, aparte de la gloria alcanzada, el documental también ahonda en facetas más oscuras del trompetista. Aparece su adicción a las drogas, que lo silenció durante un tiempo. Y otro aspecto que ha sido siempre polémico es su trato a las mujeres. Las relaciones sentimentales del trompetista fueron complejas. Sin duda sus mujeres cumplieron el papel de musas: Frances Taylor aparece en la portada de su disco Someday my prince will come, y Betty Mabry fue quien lo inspiró a vestirse de manera más moderna y a incorporar instrumentistas eléctricos en su grupo. Pero hay relatos de violencia doméstica que la película no esconde.

Por contraste, hay una escena que nos muestra a Miles Davis enamorado mientras escuchamos una balada (It never entered my mind) bellamente interpretada en su trompeta. Al preguntarle a Stanley Nelson por la coexistencia de esas dos facetas, responde: “¿Cómo puede un hombre hacer esa música tan hermosa y al mismo tiempo tener ese otro lado? ¿Cómo hacíamos para mostrarlo en el documental? Es muy difícil de explicar, pero así fue: por un lado tenemos al tipo más cool del planeta y, por el otro, a una víctima del racismo que internalizó esa violencia y que después, en otras circunstancias, reaccionó de la misma manera”.

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