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El mejor cine de la primera Guerra Mundial

Por Freddy Avilés | 23 Agosto, 2014 - 12:35
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Fue la primera visión moderna del Apocalipsis. El primer estallido bélico global no sólo dejó huellas sociales y morales. También en el séptimo arte.

2014, este  es el año del centenario en que Europa descendió a los infiernos. En el horizonte se vislumbró un caballo pálido, que respondía al nombre de muerte, y el infierno del Apocalipsis lo seguía y con su guadaña desató tempestades de acero sobre los hombres.

Y esas tempestades, tomando el título de la obra homónima de Ernest Junger, cobró la vida de millones de seres humanos en una hecatombe sin precedentes: hombres destrozados por el fuego de metralla, por esquirlas de granadas u obuses, ahogados en las aguas putrefactas de las trincheras y sus cadáveres devorados por las ratas, o con los pulmones destrozados producto de esa diabólica arma que fue el gas venenoso, mientras cientos de miles regresaban del frente de combate enloquecidos y mutilados.

Hoy, a cien años de aquel nefasto suceso al que políticos, militares e intelectuales definían como la ‘’guerra que acabaría con todas las guerras’’ debido a su magnitud destructora, nos parece tan lejana y ajena. Es como si el tiempo la hubiera vuelto una especie de recuerdo borroso en la memoria y que solo recordamos en este aniversario.

Pero para evitar que el olvido justifique la pérdida de la memoria y que la impunidad del horror quede indemne, el cine ha sido la herramienta válida para que esto suceda, aportando desde distintas visiones lo injustificado y atroz de este conflicto.

Es la I Guerra Mundial (1914 -1918), uno de los primeros conflictos que fue cubierto casi en su totalidad. Los países beligerantes movilizaron a centenares de camarógrafos para describir lo que sucedía en el campo de batalla, logrando captar imágenes sobrecogedoras por lo que los gobiernos decidieron centralizar la producción de estas películas en oficinas controladas por agencias estatales que eran censuradas por las fuerzas armadas para darles un contenido patriótico y que apoye el reclutamiento y muestre al enemigo como una bestia salvaje. El objetivo elevar la moral del frente civil y militar.

Es el género documental el que logra un gran desarrollo. Hay piezas magistrales que aún hoy pueden ser visionadas como las escenas de la Batalla de Verdún (1916), en que se muestra la vista de los oficiales franceses a la primera línea, al igual que la Batalla del Somme (1916), la cual refleja la cotidianidad de los soldados preparándose para esta batalla y luego como muchos de ellos son llevados heridos después de su encuentro con los alemanes.

Son trabajos de un realismo impresionante. La cinta fue utilizada como material de propaganda y Lloyd George primer ministro inglés, la mencionó como una de las películas más importantes de la guerra.

Francia produce decenas de documentales por medio de la Sección Cinematográfica de la Armada, 15.000 placas fotográficas y 250 mil metros de películas. En Alemania controlada por el ejército, nace la UFA a fines de 1917, mientras los Estados Unidos, que entra al conflicto en ese año, realiza ingentes esfuerzos para filmar lo que ocurre en la línea de combate poniendo toda su industria a disposición.

Es Charles Chaplin quien muestra en clave de humor la vida en las trincheras con la cinta Armas al hombro (1918), pero lo que vendría luego no tendría espacio para la hilaridad: el horror del fango, el gas venenoso y las ametralladoras y tanques serían reflejada con crueldad en cintas como Cuatro de infantería (1930), del alemán George W. Pabst, la oscarizada Sin Novedad en el frente (1930) de Lewis Milestone y Las cruces de madera (1932) del francés Raymond Bernard. Este tríptico de filmes apabullaría al espectador con el realismo de la tierra de nadie.

 

Armas al hombro de Charles Chaplin (1918)

La imagen del oficial alemán enloquecido después del espantoso ataque francés en la cinta de Pabst, las manos mutiladas de un soldado alemán agarradas de una alambrada en el film de Milestone y los soldados franceses que al caminar se van convirtiendo en cruces en la obra de Bernard alejan toda imagen romántica de una guerra brutal.

Pero si la amenaza a morir por mano del enemigo atemoriza al soldado, más duro es saber que muchas veces tu enemigo está en tu propio bando, como demuestra Senderos de gloria (1957) de Stanley Kubrick, Rey y Patria (1964), Hombres contra la guerra (1970) de Francesco Rossi, o Gallipolli (1981) de Peter Weir, todas centradas en la inutilidad de la guerra y la ambición estúpida de los altos mandos que no dudan en sacrificar inocentes para llenarse de condecoraciones, incluso enviándolos al pelotón de fusilamiento como en el caso de las películas de Kubrick y Joseph Losey, lo que con el paso del tiempo las ha convertido en obras maestras y sobre todo en verdaderos manifiestos antibélicos.

 

 

Senderos de Gloria de Stanley Kubrick

El sufrimiento de los heridos, alejados de la primera línea de combate es tocada por Dalton Trumbo, en su película Johnny cogió su fusil (1971) , de difícil visualización por sus chocantes imágenes como la de un soldado que queda convertido en un guiñapo humano después de un bombardeo y es ocultado de la vista de todos para no afectar la moral de sus compañeros. Esta película junto a Regeneration (1997) de Gillies MacKinnon explora la condición de los soldados que sufren trauma de guerra y que por ignorancia y estupidez son acusados de cobardía. Mientras, la francesa Pabellón de oficiales (2001) de François Dupeyron, trata sobre la inserción de soldados desfigurados en la sociedad de postguerra, mostrando la lacerante realidad de los sobrevivientes del conflicto.

Distintas vertientes y escenarios del conflicto fueron tocadas como la obra maestra de Jean Renoir, La gran ilusión (1937) sobre la vida en un campo de prisioneros aliados, sirve como reflexión sobre la condición humana y el hundimiento de una sociedad basada en valores anacrónicos, y que aboga por la paz y la solidaridad. De igual mensaje es Feliz Navidad (2005) de Christian Carion , basada en la histórica tregua de Navidad de diciembre de 1914, o la guerra aérea filmada con espectacularidad por Roger Corman en El barón rojo (1971) sobre la vida del legendario aviador Manfred VonRichthofen y la cinta Blue Max (1966) de John Guillermin.

 

El barón rojo de Roger Corman (1971)

La I Guerra Mundial a pesar de ser lejana y de haber sido eclipsada por la II Guerra, mucho más cruel y violenta, sigue suscitando atención, quizás porque de ella derivaron los posteriores horrores de los que fuimos testigos. Fue una guerra que moldeó el mapa del mundo y muchas de sus demarcaciones aún están presentes.

(ElUniverso.com)

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