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El pequeño e inquieto Museo de la Coca en La Paz

Por La Razon/ LifeStyle | 15 Marzo, 2015 - 13:03
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Desmitificar la leyenda negra de la hoja sagrada para la cultura andina, distanciándola de la cocaína, es el primer objetivo de este particular salón creado por la socióloga Sdenka Silva y el psiquiatra Jorge Hurtado.

Hay alemanes, franceses, suecos, neozelandeses, japoneses, argentinos, chilenos… A cada instante ingresan los turistas al repositorio, quienes miran con curiosidad lo que pueden encontrar y averiguar. 

Se les recibe y se les explica las características del lugar, que se presenta como un repositorio de la “hoja sagrada”. Ubicado en la calle Linares, casi esquina Sagárnaga, en la ciudad de La Paz, el Museo de la Coca tiene el objetivo principal de informar y desmitificar que la coca sea lo mismo que cocaína y que, más bien, se trata de uno de los alimentos más saludables del orbe y que es el centro de los pueblos andinos.

En medio de las coloridas tiendas con recuerdos para turistas y agencias de viaje, sobre el portón de una casa colonial aparece un anuncio que indica Museo de la Coca. Lo que parece ser un espacio olvidado y escondido es una ruta imperdible para los visitantes nacionales y extranjeros.

El museo es producto de los estudios de la socióloga Sdenka Silva y del psiquiatra Jorge Hurtado, cuyos resultados se plasman en un ambiente pequeño, pero cómodo que resume en paneles todos los ámbitos alrededor de la hoja sagrada, desde su historia, su influencia en las tradiciones de los Andes, su valor nutricional, el acullicu y la diferencia con la cocaína, entre otros importantes aspectos.

“Trabajé en la defensa de la coca desde 1983 y fui parte del movimiento de los productores de coca. Para 1997, la situación era peor que cuando empezamos, en el sentido de que se estaba imponiendo la erradicación forzosa; la Ley 1008 ya se estaba aplicando desde 1988, pero cada vez más duramente. La situación en el Chapare era muy fuerte”, recuerda Silva, quien hace notar que en aquella época había desinformación con respecto a la hoja de coca y la cocaína, por lo que era necesario abrir espacios para informar a la población.

Gracias a todo ese influjo nace el 7 de julio de 1997 el Museo de la Coca. “Empezamos con fotografías colgadas en las paredes, con texto escrito a máquina, porque no teníamos muchos recursos, pero de a poco surgieron los paneles informativos”, comenta Silva, quien se hizo cargo de este emprendimiento privado.

En el panel sobre el valor nutricional de la coca, por ejemplo, hay informes de la Universidad de Harvard, del Instituto Francés de Investigación Científica para el Desarrollo en Cooperación (Orstom), el Instituto de Biología de la Altura (Ibba) y el Centro de Investigaciones Botánicas y Ecológicas de la Universidad Mayor de San Simón (Umss) de Cochabamba.

Entre sus resultados señalan que el masticado de coca mejora la tolerancia al trabajo, mejora la oxigenación y regula el metabolismo de la glucosa, entre otros beneficios. 

Al lado de este panel existe información sobre la guerra de la coca que se generó a partir de la Convención de Ginebra de 1961.  Más adelante hay datos de la influencia de elementos químicos para transformar la hoja sagrada en droga, los antiguos procesos de elaboración y las consecuencias para los consumidores de cocaína. 

En la parte final se puede apreciar la influencia de la coca como analgésico desde la época del incario hasta los estudios de regeneración de tejidos, y las bebidas que fueron elaboradas con coca, como el vino Mariani de Francia y la popular Coca-Cola. 

“Nuestro objetivo es muy claro, mostrar a la hoja de coca como cultura, como símbolo, porque muchos antropólogos y sociólogos se preguntaron y se preguntan por qué es sagrada la hoja de coca. El enfoque del museo va a ser mucho más profundo”, promete Silva a sus visitantes que ya han aprendido a acullicar.

 

(Foto principal y foto 2/ La Razón)

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