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Estos 6 alimentos son menos saludables de lo que pensabas

Por BioBioChile.cl | 28 Agosto, 2019 - 13:00
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Jugos, lácteos y lácteos son solo algunos de los que puedes encontrar en esta lista con la que debes tener cuidado.

La alimentación es la base de toda la salud del organismo. Así lo propone Carlos Jaramillo, médico de la Universidad de la Sabana de Colombia, especialista en Medicina Funcional y autor del libro El milagro metabólico, donde detalla cómo la industria alimentaria perjudica a la salud.

Desde su experiencia como médico tradicional y funcional, el experto especializado en el Instituto de Medicina Funcional (EE.UU.) explica que esta última disciplina “se pregunta por el origen de las enfermedades y no por sus síntomas”, con el objetivo de encontrar la raíz del problema y no una solución “pasajera”.

En esta línea, en su libro, Jaramillo enumera una serie de alimentos altamente perjudiciales para la salud y que son consumidos habitualmente entre los habitantes de occidente.

A modo general, el médico que se especializó en Nutrición Clínica e Hiperalimentación en la Universidad de Yale, explicó a BioBioChile que los dos tipos de alimentos que más causan daño a los humanos son los que están procesados y los que contienen azúcares y derivados, como gran parte de los carbohidratos.

“El 80% de las enfermedades del planeta son causadas por malos hábitos alimenticios. La alimentación está directamente relacionada con la causa de las enfermedades, como también en su progresión, empeoramiento o mejoramiento”, afirmó.

Revisa aquí estos 6 alimentos que serían perjudiciales para la salud, según especialistas.

1. Jugos frutales

A pesar que son una alternativa que suele considerarse saludable, puesto que están compuestos por frutas, el médico destacó que consumirlas como jugo (envasado) logrará que la fructosa (azúcar de vegetales, frutas y miel) llegue rápidamente al hígado e impacte de forma negativa.

“Si usted consume 100 gramos de fructosa provenientes de un jugo de manzana resulta que el 100% de ella se irá directo al hígado, nada irá a las células para servirles como fuente energética. La fructosa no le da energía a su cuerpo”, aclaró.

“Cuando la glucosa (azúcar) llega al hígado lo hace sin previo aviso. Y cuando llega así requiere de mucha energía para ser procesada. Activa otros mecanismos en el cuerpo, estimula la producción de ácido úrico (que si no es eliminado desencadena enfermedades) y éste genera tanta inflamación que puede llegar a causar hipertensión arterial porque disminuye el óxido nítrico que es vital para el buen funcionamiento de las arterias”, detalló el médico.

Al respecto, la nutrióloga Ximena Muñoz de la Clínica MEDS, médica egresada de la Universidad de Chile y miembro de la Sociedad de Nutrición Clínica, también recomendó ingerir la fruta de forma natural en vez de jugos.

“Cuando hacemos o compramos un jugo perdemos la fibra. Esto hace que su aporte sea básicamente agua y fructosa, un tipo de azúcar con similares características que la glucosa”, señaló la especialista, en conversación con BioBioChile y agregó que los jugos envasados tienen preservantes como edulcorantes o saborizantes perjudiciales para la salud.

 

Respecto al consumo directo de frutas, Jaramillo llamó a elegir a aquellas que no tienen aspectos “perfectos” o pulcros, puesto que es clara señal de que son transgénicos.

2. Maní

“Tiene Omega 6 y el exceso de este ácido graso afecta al cuerpo, además de una toxina llamada aflatoxina, de gran incidencia en el cáncer de hígado”, detalló. En efecto, el Instituto Nacional del Cáncerexplica que esta toxina se produce usualmente en esta legumbre, en el maíz, y en todos los animales que los consumen, que luego son empleados en la industria de la leche y de la carne.

En tanto, la nutrióloga explicó que esta toxina es producida por un hongo (Aspergillus) que “puede contaminar ciertos cultivos de maní o las nueces. Especialmente en climas húmedos”. La doctora además indicó que ésta efectivamente “ha sido asociada a mayor desarrollo de cáncer hepático”.

Respecto a los ácidos grasos Omega 3 y Omega 6, Jaramillo señaló que el cuerpo los necesita, puesto que no es capaz de producirlo. El primero contribuye como antiinflamatorio y en la formación de hormonas (además de proteger al sistema cardiovascular y el cerebro), y está disponible en la chía, la linaza y las algas marinas, y en los animales que las consumen.

Por su parte, el Omega 6 ayuda a la buena circulación de la sangre y a otras funciones del organismo, pero si es consumido en exceso puede provocar una inflamación crónica del cuerpo.

La nutrióloga Ximena Muñoz agregó que el maní debe ser consumido en dosis pequeñas y se debe evitar el consumo de maní salado, en hipertensos, y el confitado por su alto aporte calórico y azúcares.

“Los Omega 6 son un tipo de ácido graso poliinsaturado. Estos deben ser consumidos en una proporción con los Omega 3 en de 4:1 o menor. En la dieta occidental en promedio es 10:1 o mayor”, dijo.

Respecto a las “malas fuentes de Omega 6”, Jaramillo también sugirió eliminar de la dieta aceites vegetales como el de canola, maíz, girasol o soya, y los productos que los contengan (alimentos fritos).

 

Por su parte, el doctor Carlos Grekin, médico cirujano egresado de la Universidad de Chile y especialista en nutrición en el Servicio de Nutrición, Diabetes y Metabolismo, afirmó que lo más importante al consumir maní es no excederse aunque “el consumo del promedio no registra un exceso en este alimento”.

“Todo en exceso, en medicina, trae consecuencias. Cada persona tiene un gasto energético individual”, señaló y sostuvo que, desde su punto de vista profesional, lo importante es fijarse en las calorías.

3. Cereales azucarados

Durante todo su libro, Carlos Jaramillo es enfático en destacar lo dañina que es el azúcar para el cuerpo, en especial los cereales azucarados, que son esencialmente consumidos por niños. “El azúcar (o sacarosa) es una de las sustancias más adictivas del planeta. Su mezcla de mitad glucosa y mitad fructosa causa millones de muertes en todo el mundo. ¿Por qué habría de ser buena para menores?”, cuestionó el profesional.

“He atendido en mi consulta a niños de 8 años que han sufrido infartos, que tienen diabetes o prediabetes. Cada día veo a más jóvenes con hipertensión arterial o trombosis cerebral, enfermedades que antes sólo eran usuales en personas adultas o ancianos”, manifestó.

En tanto, la nutrióloga advirtió que “es mejor elegir cereales con ningún tipo de azúcar”, por el daño que provoca en el organismo.

Desde la otra vereda, Carlos Grekin discrepa y aseguró que “se puede consumir azúcar de forma moderada”. “Si no se padecen enfermedades, no es un problema consumir este producto dentro de una alimentación balanceada. Si se come en exceso, genera problemas”, opinó el médico.

4. Lácteos

El doctor Jaramillo detalló que los lácteos de origen animal contienen lactosa, que es un disacárido (unión de dos monosacáridos o azúcares) que está compuesto por glucosa y galactosa. Estos son separados por una proteína (lactasa) que permite que el organismo los ingiera; no obstante, la lactasa sólo está disponible al momento del nacimiento y se elimina progresivamente hasta que aparecen los dientes. “Sólo los bebés la necesitan y me refiero a la leche materna, no animal”, detalló.

Con la eliminación de esta proteína, el organismo se vuelve intolerante a la lactosa puesto que el intestino no puede “romper” este disacárido y desarrolla problemas de salud, detalló el médico.

“Por eso los derivados de la leche de vaca nos causarán inflamación en el abdomen, cólicos, dolores e incluso diarrea. No estamos diseñados para digerir ese alimento”, aseveró y aseguró que “los lácteos de origen animal no son necesarios para el cuerpo”.

Al respecto, el veredicto de la nutrióloga Ximena Muñoz no es tan tajante, por el aporte de proteínas y calcio de los lácteos, eso sí aconsejó preferir los descremados.

“Que esté descremado significa que elimina las grasas saturadas que están en exceso en la dieta occidental sin perder el resto de sus propiedades nutritivas”, precisó.

Respecto a la pérdida de la lactasa con la edad, recomendó elegir lácteos sin lactosa o con adición de lactasa. “Es recomendable consumir lácteos de forma equilibrada, en una alimentación balanceada. La intolerancia a la lactosa es un trastorno no infrecuente pero que no afecta a la mayoría, puede ser genética o adquirida”, añadió Grekin.

En tanto, un estudio de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología aseguró que, en algunos países, se ha registrado que un 60% de la población padece esta condición.

5. Alimentos enlatados

“Tienen muchos procesos químicos y cuentan con residuos de metales pesados y demasiado glutamato monosódico”, dijo el médico. Respecto a este último, explicó que es una sustancia que realza el sabor de las proteínas y está presente en la mayoría de los alimentos enlatados.

En su página, Jaramillo detalló que “el problema es que esta molécula es altamente adictiva, es disparador y agrava muchas enfermedades por su capacidad para estimular hormonas como la insulina y el cortisol (la hormona del estrés)”.

En tanto, consumirlos empeora enfermedades como la diabetes, hipertensión, artrosis, artritis, migrañas, alergias, sobrepeso, adiposidad, fatiga y fibromialgia, entre otras, “gracias a su capacidad de activar un proceso inflamatorio en el cuerpo y, por ende, dañar el órgano más susceptible que uno tenga”, dijo.

Jaramillo indicó que el glutamato monosódico también aparece rotulado con otros nombres como: gelatina, glutamato, proteína autolizada, caseinato de calcio, ácido glutámico, proteína hidrolizada de plantas, senomyx.

Ximena coincide en que recomienda preferir los alimentos frescos en vez de los enlatados. “Un alimento enlatado en general tiene altos contenidos de sodio y preservantes que pueden funcionar como disruptores metabólicos”, añadió. De la misma forma, recomendó elegir alimentos preservados en envases de vidrio.

Respecto a los “residuos de metales” que podrían tener estos productos, el nutriólogo Carlos Grekin expresó: “Si todos los alimentos envasados están aprobados es porque han controlado la cantidad y calidad de distribución del alimento. Si esto tuviese algún componente del envasado, sería obligación del Ministerio de Salud evaluar este hecho y decidir si este componente hay que eliminarlo”.

6. Margarina

Jaramillo dijo que las margarinas son una fuente de grasas trans, culpables de varias enfermedades. De la misma forma, éstas suelen contener un conservante llamado Terbutil Hidroquinona (TBHQ), el que está derivado del petróleo y es conocido popularmente como el “líquido de los encendedores”.

“Las margarinas son más baratas porque se crean a partir de aceites vegetales, pero para lograr que estos se solidifiquen tienen que pasar por un proceso de hidrogenación, en otras palabras, se transforma su estructura bioquímica, así se forman las grasas trans”, explicó el médico. “Es una grasa terrible”, añadió.

En tanto, la nutrióloga sostuvo que las grasas trans son las culpables de subir el colesterol LDL -colesterol malo- y de bajar el HDL -colesterol bueno-. “Las grasas trans aumentan el proceso de aterosclerosis (acumulación de grasa en las arterias) incluso más que el consumo de grasas saturadas”, explicó.

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