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Gabriela Arciniegas, la pionera de la literatura de terror en Colombia

Por El Espectador / Cromos / LifeStyle | 26 Abril, 2016 - 17:19
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Discípula consagrada de Poe, Borges y Saramago y nieta del célebre historiador y político Germán Arciniegas, Gabriela Arciniegas ha sido una de las invitadas a la Feria del Libro de Bogotá.

La escritora y poeta Gabriela Arciniegas escogió un camino dentro de la literatura que pocas mujeres se han aventurado a explorar en Colombia: la narrativa de terror. Un género que como ella misma expresa, esta apenas despegando aunque aún no cuente con el aprecio y la atención que merece.

Con "Rojo Sombra", su primera novela, y "Bestias", su libro de cuentos, Arciniegas va sin vacilar en búsqueda de una de sus grandes obsesiones que es entender el animal que yace dentro del ser humano y de la razón de ser de este tipo de literatura.

Discípula consagrada de Poe, Borges y Saramago y nieta del célebre historiador y político Germán Arciniegas, Gabriela Arciniegas ha sido una de las invitadas a la Feria del Libro de Bogotá, para cautivar al público con su mundo de monstruos y caníbales.

- ¿Cómo comienza tu trayectoria como escritora? ¿Específicamente escritora de terror?

- Bueno, la vida da muchas vueltas. A mí me encantaban los cuentos de monstruos cuando era pequeña pero lo primero que publiqué no fue narrativa, fue poesía. Me fogueé mucho en poesía en mis años adolescentes y universitarios en recitales, encuentros y talleres. Pero en narrativa de terror comencé en 2001 con un cuento que quedó de finalista en un concurso de 'El Tiempo y publicado en Cuentos Cortos', una antología de 'El Tiempo y Panamericana', luego otro que salió como en 2006 en 'Señales de Ruta' y luego sí, en 2013 salió 'Rojo Sombra' que fue mi primera novela.



- ¿Por qué el género terror?

- Yo voy con los autores que dicen que escribir terror es una terapia, una catarsis. Soy una persona llena de fobias y tengo pesadillas muy a menudo. En Colombia la verdad el género terror está apenas despegando. Tanto en la literatura como en el cine. No digo que no guste o que no se escriba pero aún la gente no lo aprecia tanto como debería. Y es un género riquísimo. Creo que se descuidan flancos que tenemos muy a la mano pero que sólo se cuentan en fincas a la luz de las velas a media noche. Me parece que somos un país muy supersticioso pero muy temeroso de Dios y que por eso no nos tomamos tan en serio esa función de la literatura: hacerte cagar de miedo.

- ¿Cuál es la importancia del 'Héroe Oscuro' en tu obra y en la sociedad actual?

- Creo que a nuestros países "tercermundistas" como nos han llamado, la historia entró en desorden, la modernidad, la postmodernidad, etc., y el antihéroe en realidad nunca fue parte de nuestra naturaleza. Nosotros a mi juicio somos una mezcla entre habitantes del feudalismo medieval y supersticioso y una posmodernidad atea y desesperanzada. Tenemos muchos problemas de identidad y nos desconocemos bastante. Siempre nos quejamos y nos quejamos a ver si viene alguien a salvarnos. Pero ese alguien ya no va a ser un superman que hace una parte y el resto se lo deja a los humanos porque confía en ellos. Mi héroe no confía en los humanos, por eso se los come.

- ¿Cuáles son tus autores de cabecera?

- Mi maestro fue Poe, a quien conocí en el colegio. Luego vinieron Borges y Saramago. Este último debo decir que nos dejó la maestría de convertir la ciencia ficción en un género sicológico. Descubrí hace relativamente poco a Chuck Palahniuk. Y en Ciencia Ficción, Stanislav Lem, que es muy gracioso, creativo y tiene unas reflexiones tremendas acerca del límite entre el hombre y la máquina. Hay que agregar que yo crecí además viendo cine. Tarantino y Hitchcock son de mis favoritos. Me encanta el buen cine de terror y de ciencia ficción así como el cine más artístico.

- ¿Qué te encuentras leyendo ahora?

- Soy terriblemente inconstante para leer. Pero descubrí por pura casualidad a un autor norteamericano que se llama Christopher Moore. Comencé leyendo Un trabajo muy sucio y ahora estoy leyendo El ángel más tonto del mundo. Me ha encantado porque mezcla humor negro con terror.



- ¿Cuánto tiempo dedicas a la escritura?

- Creo que la escritura, por lo menos en mi caso, más que demandar horas al teclado, demanda horas en la cabeza. Uno siempre está pensando en palabras escritas. En cómo transformar la vida en palabras, en letras. Y cómo suena mejor una frase. Yo paso las veinticuatro horas en eso, porque hasta en mis sueños sigo en ese oficio. Pero ya para escribir, es de una sola sentada, si es cuento, y si es novela, lo tomo como quien cultiva una amistad. Voy, la visito, charlo con ella, me tomo un té, nos dejamos de ver un tiempo, nos llamamos de nuevo y así.

- ¿Tienes algun ritual cuando te sientas a escribir?

- A veces me sirve poner música, a veces me acopio de películas del género o el tema del que quiero escribir y hago maratones. Si se me ocurren ideas las voy escribiendo. Luego, al otro día o ahí mismo, algo se enciende. Logro entender cuál debe ser el tono y cómo se debe contar la historia. Y simplemente comienzo.

- ¿Cuál es la posición que ocupa actualmente la mujer escritora en la literatura nacional?

- Creo que nos estamos abriendo camino y que nuestros colegas nos están aprendiendo a respetar pero pienso que es un oficio hostil y no sólo en nuestro país, sino en el mundo. Pocas mujeres han sido llamadas a pasar a la historia de la literatura. Muchas menos, a la historia de la ficción y el terror. Mary Shelley sea quizá la más famosa. En Colombia, pocas escribimos ficción y terror. En mi caso, muchas veces me he encontrado en mesas o en antologías donde soy la única mujer. Pienso que es responsabilidad del medio pero también de las mismas mujeres, que se coartan su propia expresividad. Pareciera que hay terrenos en que temen entrar. Hay por otro lado una idea de considerar el terror como un género menor, y eso debe ser re-evaluado. Así que el machismo generalizado y la aversión generalizada hacia los géneros de la ficción, deberían ser los paradigmas a romper, como un propósito que deberíamos ponernos todos de ahora en adelante.

- ¿Gabriela la novelista, la poeta o la cuentista?

- Cada historia tiene su cómo. Hay historias que vienen en poesía que hablan de entidades abstractas que nos habitan. Otras vienen como un relámpago con una idea clara, esos son cuentos. Y hay otras que se explayan, se diversifican, como un líquido esparciéndose por una superficie irregular, como una piedra con líquenes, llena de matices y distintas velocidades, esas van a ser novelas. Todos ofrecen posibilidades de ser y de encontrarse.

- ¿Cuáles son las obsesiones literarias que pretendes plasmar en tus libros?

- Darle a todo el mayor nivel de sinceridad, por un lado. Por otro, me obsesiona captar la naturaleza de nuestra cultura y plasmarla en palabras. Lo tercero, me persigue el deseo de entender al ser humano. Verlo como animal, lejos de los ángeles. Por último, me esfuerzo en no caer en formulismos para escribir, esos denotan poca imaginación. Me gusta siempre estar quebrando moldes.

- ¿Cuál fue o ha sido la influencia que ha tenido, en tu vida y obra, Germán Arciniegas?

- Mucha gente me ha dicho que soy privilegiada por haber crecido al lado de un hombre como él. Y la verdad es que sí, pero no de la forma que podría suponerse. Yo no puedo decir que haya conocido a mi padre. Crecí con la familia de mi madre, bastante particular porque había mayoría de mujeres y todas ahí teníamos un tipo de locura diferente. Pero mi abuelo, Germán, era lo único calmo en ese maremágnum que vivía a diario entre féminas de genética paisa. Mi abuela era un ser tremendamente frágil y voluble al igual que mi tía, que también escribe, y mi madre sufría de una enfermedad crónica y desconocida, muy dolorosa. Mi abuelo estaba siempre en el centro, en el justo medio. Era mi remanso. Eso fue lo que me quedó de él, no el hombre público, no el político, su calma. Y el sentido del humor. La socarronería. De su obra, aprendí a admirar la sencillez de su lenguaje y esa insistencia por no ver la política o la historia como el resto, por darle la vuelta a todo. Creo que eso se volvió algo muy importante para mí, lograr esa sencillez y el ejercicio de no ir con la corriente, de siempre ir más allá (o más acá).

- Un libro para comprar en la Filbo 2016.

- Por supuesto, 'Bestias', 'Rojo Sombra' en e-book, 'Virus' de Álvaro Vanegas, 'Lorenza y nada más' de Andrés Arias y yo no me iría sin algo autografiado de Svetlana Alexievich.

- ¿Cuál es la nueva historia en la que estás trabajando?

- Está en la puerta del horno una novela corta que se llama Helena y habla de la guerra de Troya contada por las mujeres. Desde la magia y la medicina de la época, que no eran pocas, que iban además muy ligadas y que tenían tanto de griegas como de egipcias. Es un intento por sacar a flote la figura de Helena, que en la Ilíada así como en el cine, no se le hace justicia. Por otro lado, hay un montón de historias de Helena, la mayoría casi desconocidas, que hablan de toda una vida de aventuras, de amores y de vida interior. Las otras mujeres de la época son también personajes fascinantes. Quería sacarles todo el jugo posible. También está que sale mi tercer libro de poesía, Lecciones de vuelo, que saldrá publicado por Arte Poética en Estados Unidos. En proceso de creación hay un par de libros de cuentos y un par de novelas. Se publica poco pero se trabaja mucho.