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Galeano y Benedetti reviven a través de sus rostros

Por Camila Cibils/ El Observador | 21 Marzo, 2018 - 10:11
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El argentino Andrés Cobre sorprende a los habitantes de la capital de Uruguay con sendos retratos.

El Observador | Es difícil resistirse a la mirada profunda de Eduardo Galeano que pintó el argentino Andrés Cobre en Montevideo, en la peatonal Sarandí, a pocos metros de la calle Colón.

El artista llegó a la capital uruguaya, se instaló y consiguió dos muros, dos permisos de sus propietarios y no paró de pintar. Primero: un enorme retrato de Mario Benedetti en Río Negro y Soriano. Luego: un gigante Eduardo Galeano en Ciudad Vieja.

Cobre, como lo llaman desde niño por "el niño cobre" del dibujo animado Los Halcones Galácticos, no se formó ni en dibujo ni en pintura. Aprendió a pintar, pintando. "Yo no sabía dibujar. Con los lápices no me llevo bien y con los pinceles menos. Directamente fui al aerosol", contó a El Observador.

No empezó de arranque con los murales que tanto comentan, por estos días, los montevideanos en las redes. Sus primeras experiencias fueron fallidas. A los 14 años, vio a un joven pintando con aerosol en una plaza. Se entusiasmó e intentó con una pared en frente de su casa. Quedó mal. Y sin darse por vencido, fue e intentó con otra, sin mayores avances. Después con otra cerca de ahí. "Al otro día estaba todo el mundo quejándose en mi casa porque había bardeado la cuadra", contó sobre sus comienzos.

Eso lo alejó de los aerosoles por varios años. Finalmente, cuando ya era mayor de edad, concretó el mural de un marciano con un plato volador que aún sigue en la ciudad de Santa Fe.

Dibujar retratos en aerosol es complejo. Es necesario usar la pintura de tal forma que no chorree, entender de escalas y dimensiones.

En la corriente hiperrealista, la técnica se dirige a conseguir una precisión casi fotográfica en los detalles. "La vienen haciendo hace millones de años y lograr eso mismo con spray me parece genial", dijo el muralista. Mediante mucha investigación, ensayo y error, logró conseguir emular los detalles de la piel humana.

El primer paso del proceso es sacar la medida de la pared. Cobre la ingresa a su computadora, elige el encuadre, después divide el dibujo en cuadrícula y con esos cuadrados logra pasar la imagen del rostro a las grandes dimensiones de la pared. Después de eso, sobre el muro, pinta una capa encima de la otra para lograr el efecto de piel. Son alrededor de 14 colores y van varias veces uno arriba de la otro, según explicó.

En sus primeras dos obra montevideana eligió a la dupla de íconos literarios de Uruguay. "Son referentes de la cultura mundial. Me gusta pintar algo que cuando la gente pase lo pueda reconocer", dijo el artista.

Cobre disfruta pintar personas adultas con arrugas profundas porque le permite trabajar en los detalles. "Me permite jugar con las arrugas y los brillos. Es mucho más difícil pintar una chica linda con piel tersa y suave a pintar un viejo. Porque hacer un degradado de piel que vaya desde el pómulo hasta la oreja y que parezca real es muy difícil", dijo.

En su cuenta de Instagram @Cobreart se ven murales enormes en edificios de, al menos, cinco pisos de altura. Sobre toda los comentarios que generaron sus murales y los mensajes directos que le llegan sus redes sociales, el artista comentó: "Es super fuerte, Te llena. Es básicamente por lo que lo sigo haciendo. Nunca me imaginé que iba a tener tanta repercusión".

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