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La obra audiovisual que busca sacar al arte de los espacios académicos y museos

Por Andrés Osorio / El Espectador | 15 Noviembre, 2018 - 15:00
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" Interferencias", fue nominado en el Festival Pantalla de Cristal a Mejor Director, Mejor Guion, Mejor Animación y Mejor Edición y competirá junto a series de carácter comercial como La casa de las flores.

"Pensar el arte” e “Interferencias” son dos formatos audiovisuales creados por Diego Lizarazo, un profesor colombo-mexicano que busca llevar los contenidos académicos a los hogares mexicanos.

Hace poco, uno de estos formatos, específicamente Interferencias, fue nominado en el Festival Pantalla de Cristal a Mejor Director, Mejor Guion, Mejor Animación y Mejor Edición y competirá junto a series de carácter comercial como La casa de las flores o la serie sobre Luis Miguel. Su nominación demuestra el impacto que ha tenido el trabajo de Lizarazo en pro de llevar el arte a otros contextos y así desarticular el imaginario de que el arte se queda en recintos académicos y museográficos.

Lejos de la ciudad, del ruido, del brillo de las pantallas. Estábamos en una maloca indígena perteneciente a la comunidad uitoto en el Amazonas. Mientras probábamos el mambe escuchábamos la palabra del abuelo: la voz sabia, la voz de la experiencia. Habló de una caja que estaba alejando a las nuevas generaciones de las costumbres ancestrales y que los introducía en un mundo lejos de la reflexión y sumido en lo superficial. Esa caja que contiene imágenes, muchas veces falsas, es lo que llamamos desde hace años televisión.

Como todo artefacto, su juicio depende del uso que le damos, no de su función en sí. Y en un tiempo en el que el televisor se convierte en el aliado ideal para descansar, donde el televisor desprendió a muchos de un libro, se vuelve fundamental que quienes trabajan en este medio encaminen sus contenidos a un espacio que suscite reflexión e introspección. La televisión no puede convertirse en el objeto preferido por transmitir imágenes que no propician en el espectador un esfuerzo o proceso de análisis, sino que, por el contrario, la televisión como símbolo de ocio y de esparcimiento debe contener imágenes que nos ayuden a repensar y entender a los televidentes que la diversión no necesariamente debe desligarse del entendimiento. Y es justo ahí, en ese híbrido en el que nos podemos entretener mientras nos repensamos, donde surgen espacios como Pensar el arte e Interferencias, que nacen de la necesidad de sacar a la academia de sus claustros y llevarla a los hogares, a la tienda de la esquina, a todos aquellos espacios convencionales y rutinarios donde también puede surgir el interés y el asombro de conocer las dinámicas que nos determinan a partir de los conceptos y teorías que filósofos, literatos, sociólogos y pensadores en general han aportado al estudio de nuestra condición y nuestro progreso.

Diego Lizarazo, doctor en filosofía de la UNAM, cuenta que Pensar el arte e Interferencias se gestan por “la necesidad de encontrar unas nuevas formas de comunicar la producción académica. Los que estamos dedicados a los campos de la investigación o la docencia encontramos nuestro lugar natural de producción de sentido en publicaciones: generalmente en revistas y libros. Pero este formato, que es un formato muy valioso porque permite construir argumentaciones sistemáticas y poner en juego ciertas conquistas conceptuales, teóricas o incluso investigaciones de orden empírico, tienen un poco la condición de que circulan en circuitos restringidos. Estos circuitos son generalmente de pares académicos, estudiantes de posgrado y de pregrado. Es un circuito valioso porque es un campo de comunicación con nuestros colegas, pero es un espacio restringido. Para mí siempre fue un interés generar cierta producción académica con la capacidad de desbordar este campo y proyectarse a horizontes sociales más altos. En esa necesidad y en ese deseo de entrar en un circuito más amplio que el campo académico, también me encontraba con otro interés mío que es el tema del abordaje de la cultura de la imagen. Entonces, en ese sentido, el proyecto que inicié fue una serie de estrategias y contenidos para comunicar y desarrollar problemáticas, conceptualizaciones, saberes de orden académico en lenguajes y discursos comunicativos”.

La televisión pública, específicamente el Canal 14 en México, es el lugar desde el cual se incluye un espacio para la reflexión del arte y de sus manifestaciones en ámbitos visuales y sus posibles repercusiones en la manera en que asociamos y entendemos el mundo. Lejos del imaginario de la televisión pública como esa franja que por sus contenidos alternativos difícilmente puede atraer un público masivo, el Canal 14 y las tendencias de la televisión en México en el sector público buscan construir de la mano de personas como Diego Lizarazo aquellos espacios en los cuales se pueden reunir el ocio, el interés y el cuestionamiento alrededor de temas que, por lo general, solamente se tratan en las aulas de clase y que rara vez logran ser extrapolados a lugares comunes y cotidianos de una sociedad que vive en términos de las obligaciones diarias y que en muchas ocasiones olvida la relevancia de detenerse y pensar en la manera en que estamos percibiendo y comprendiendo el mundo y nuestro habitar en él.

“El punto clave es pensar en tu lector, pensar en tu fluidor; pensar en ello significa reconocer varias cosas: reconocer que aquel que te escucha o aquel que te ve participa de ciertos contextos, participa de campos sociales y culturales, tiene una dinámica social y política definida: es un otro, en los términos en que filosófica o antropológicamente se piensa la alteridad. Por otra parte, que tu enunciación es limitada siempre, fragmentada, tú nunca logras comunicar plena y totalmente lo que supones o lo que deseas, sino que tu comunicación siempre está sometida a las condiciones naturales de la finitud del lenguaje y a las condiciones contextuales de los procesos de consumo. Entonces, empezar a pensar en el otro de tu comunicación exigía pensar que las audiencias de los contenidos audiovisuales tienen unas expectativas y una perceptibilidad del contenido definido por la experiencia de la forma: necesitábamos encontrar las formas adecuadas. Con Interferencias hubo una estrategia doble: incorporar animaciones y desarrollar breves cápsulas para un público que hoy en día —en la experiencia que tiene de la comunicación en redes y la comunicación digital— está condicionado a una especie de percepción instantánea, a una percepción efímera; el asunto era generar contenidos que se adecuaran a estas condiciones; por eso esta decisión de la duración, de explicar los conceptos a través de una narrativa. Toda la estructura discursiva, la dosificación y el desarrollo de contenidos respondía a esta consideración de las condiciones de las audiencias”. 

Autores como Marcel Duchamp, Atom Egoyan, Francis Bacon o Andrei Tarkovski hacen parte de la programación que ofrece Pensar el arte. Su intencionalidad de llevar estas ideas a la comodidad de los hogares no solo resulta una tarea valiente sino necesaria, pues en la actualidad es imperativo retomar la importancia de concebir el ocio como el mejor de los elementos para combinar con el pensamiento reflexivo y crítico; de esa forma se crea un impacto en la sociedad para que esta se apropie de su realidad y sea capaz de repensarla mediante los formatos audiovisuales y todo lo que estos tienen para ofrecer y mejorar el entendimiento de nuestro tiempo.

“Algo interesante son los diversos usos que le han dado al material. Desde usos privados hasta el tema de cómo lo incorporan en la escuela básica y en la universidad. Es como si uno lanzara al mar una botella con algún mensaje: uno cree que a lo mejor se va a perder, pero, afortunadamente, han sido botellas encontradas. Es bastante sustantivo generar sensibilidad en torno a experiencias de reflexión y propiciar, en algunos casos, ciertos usos, lo que implica una acción que supera el hecho de ver el programa”.

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