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La presencia eterna de Benedetti en la música uruguaya

Por Guillermo Pellegrino / El Observador | 15 Octubre, 2019 - 15:00
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El popular autor ha sido la inspiración para la letras de muchas canciones de músicos prestigiosos en el país.

Apenas dos días antes de su partida, el 17 de mayo de 2009, desde la sala del sanatorio Impasa (hoy SMI) donde estaba internado, Mario Benedetti dio su aprobación a dos artistas argentinos para realizar una versión musicalizada de un poema suyo. El soneto -vaya símbolo- se titula Esta paz. Los responsables de transformarlo en un tango potente y desgarrado, son el compositor Javier González y la intérprete Patricia Barone. Fue el último poema que se transformó en canción mientras Mario vivía.  

Hoy, a una década de su desaparición física, ya son cerca de 200 sus poemas musicalizados (siempre hablando de obras originales; no se toma en cuenta versiones que respetan musicalizaciones previas) que lo llevan a ser -junto a otro creador también nacido en el departamento de Tacuarembó, Washington "Bocha" Benavides- uno de los poetas en lengua castellana que más veces pisó el terreno de la canción. Tanto a través de trabajos conjuntos con distintos intérpretes y compositores, como en musicalizaciones realizadas por artistas de diversos orígenes y generaciones, sus versos no han dejado de nutrir el cancionero uruguayo e hispanoamericano desde hace cincuenta años, con clásicos como Te quieroPorque cantamosVuelvo y otros que compuso junto con los argentinos Alberto Favero y Nacha Guevara; Hombre preso que mira a su hijo, que lo convirtió en canción el cubano Pablo Milanés, el Vamos juntos que musicalizó en 1976 Luis Pastor y que se transformó en un himno a la salida de la dictadura franquista; o Es tan poco, con música de la venezolana Soledad Bravo, e interpretado por Alfredo Zitarrosa, quien lo grabó por primera vez en 1980, cuando residía en México, una versión que trasluce como pocas la amargura del desarraigo.  

Esta prolongada interacción con el mundo de la canción reavivó algunos cuestionamientos sobre su calidad poética, pero impulsó aún más la internacionalización de su obra, potenció su comunicación con un público masivo y preservó su aura de familiaridad entre los más jóvenes. Por citar solo a uruguayos, lo han musicalizado, en el CD BarnaSants canta Benedetti, artistas de dos generaciones posteriores a la suya como Samantha Navarro, Ana Prada, Rossana Taddei, Daniel Drexler y Diego Kuropatwa, entre otros. Hasta No Te Va Gustar recurrió al autor de La Tregua, aunque en otro plan. En 2006 la banda grabó la canción De nada sirve (letra y música de Emiliano Brancciari), que incluye al final unos versos del poema Triste o buena, de Benedetti, recitados por el propio autor.

Nueva canción latinoamericana

Los primeros poemas musicalizados de Benedetti se conocieron a inicios de los años 70 del siglo pasado, casi unidos a la aparición de la llamada Nueva Canción Latinoamericana. Pero, más allá de que el autor y muchas de sus composiciones iniciales mantuvieron claros puntos de contactos éticos y estéticos con aquel movimiento y sus cultores, él nunca fue miembro formal de esa corriente. Si bien le han adosado música a sus versos decenas de artistas hispanoparlantes, en esta nota nos centraremos en la tarea llevada a cabo por creadores uruguayos. Por supuesto en algunos, porque la exhaustiva cantidad de artistas que en medio siglo incluyeron en sus placas discográficas poesías musicalizadas de Benedetti lleva a que sea imposible incluirlos a todos en una nota, y menos a ser concluyente en ese listado.  

La primera canción con letra suya, la recordada Cielo del 69, musicalizada por Héctor Numa Moraes e interpretada por Los Olimareños, es un buen ejemplo de aquella tendencia de contacto con la Nueva Canción y su fuerte compromiso social. La elección del cielito como ritmo, y la clara connotación política que diferencia el “arriba” y el “abajo” de la historia, demarcan un espacio más humano o de conciencia que geográfico.

Al calor de estas inquietudes, por mencionar otro caso de esas nóveles creaciones, nació el Cielito de los muchachos, texto que el poeta entregó a Daniel Viglietti para que este lo musicalizara. En el texto, más cercano tal vez a la crónica periodística que a la poesía, el escritor se refiere sin dobles lecturas a la voluntad de renovación social que pregonaban los militantes del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros (MLN-T), con el cual ambos simpatizaban.

Este cielito, aggiornado rítmica e instrumentalmente y envuelto en una melodía que trasunta optimismo dentro de un tono épico, fue incluido en 1971 en el disco Canciones chuecas, el más celebrado en la trayectoria del autor de A desalambrar. Así, el mensaje de estos y otros versos de la época llegó con mayor rapidez a oídos de mucha gente. Viglietti, inclusive, consideró tres décadas después que esta canción aún tenía vigencia y editó una nueva versión en su DVD Viglietti en el Solis (grabado en vivo el 29 de diciembre de 2005), con cuatro nuevas cuartetas. De las estrofas agregadas, una pertenece al texto original y las otra tres fueron compuestas especialmente por Benedetti poco antes de aquel espectáculo.  

Dentro de esa búsqueda de cambio interno, el Cielito del 26 asoma entonces como un tropezón con el “facilismo textual”, al que al parecer Benedetti se vio muy sometido por la dispersión de su tiempo en ocupaciones extra literarias. Musicalizado y grabado en 1971 por Numa Moraes (quien deja todo en la interpretación y que, desde su lugar de artista, también simpatizaba con la corriente combativa para llevar a cabo transformaciones en la sociedad uruguaya), este tema gozó de bastante difusión en esos años.   

Ya desde el propio título la canción, de neto corte propagandístico, alude al Movimiento de Independientes 26 de marzo (brazo institucional del MLN-T) dejando en claro el valor que el escritor le asignaba en ese momento a la organización política.   

Tiempos convulsionados

Pero aun ese evidente retroceso literario, como le había sucedido en otras ocasiones, tuvo su costado positivo en lo que tiene que ver con transmitir ágilmente los mensajes, montados en ese penetrante vehículo que es la música. “Cuando cantaba en actos del FA, siempre se acercaba al escenario gente que leía distintos avisos; y a veces llegaba Mario y me pasaba un papel: eran versos que acababa de escribir y que yo musicalizaba en ese mismo momento, pero que después se perdían”, recordó a El Observador Numa Moraes.

Este tipo de textos, panfletarios y urgentes, pasaron rápido y justamente al olvido. No trascendieron. No perduraron. De hecho, el propio Benedetti parece haberlos considerado hijos de aquel tiempo convulsionado y en el volumen Canciones del más acá, que reúne toda su obra musicalizada hasta 1988, dejó afuera al Cielito del 26 y otros títulos bastante desafortunados de su cancionero como Las viejitas democráticas. 

Pero no todo era canción protesta en esos adrenalínicos años. También hubo lugar para el lirismo. Ejemplo claro de ello es la grabación de Corazón coraza, incluida en el disco debut de Eduardo Darnauchans (Canción de muchacho, 1973), que refleja un tono entre melancólico y lúgubre, semejante al de una plegaria. La interpretación del Darno no hace más que seguir el ritmo natural que le sugieren las palabras de Benedetti: todo el paisaje poético y sonoro está dominado por la ausencia física de la amada, omnipresente sin embargo en el alma del hablante. El único cambio que introduce el cantante en la letra es la reiteración del verso “y tienes frío”, con el cual produce un corte de cierto dramatismo como escala previa al tramo final de la composición. En esa década, Numa musicaliza otros poemas de Mario. También Washington Carrasco y Quintín Cabrera.

En los 80 se registran menos musicalizaciones de poemas del escritor nacido en Paso de los Toros. Son para destacar la grabación de Estados de ánimo del grupo Rumbo, que aparece en el disco Para abrir la noche y donde se luce Laura Canoura con una bellísima musicalización e interpretación; y Amor de tarde grabado por Abel García en el disco Porque mañana existe.

En 1985 Benedetti graba por primera vez junto con Daniel Viglietti, en el sello Orfeo, uno de sus recitales A dos voces. Si bien en este y en otras grabaciones del espectáculo no aparecen poemas musicalizados, existe un nexo continuo con la canción cuando Benedetti, con un fondo de guitarra, lee varios de sus textos vinculados a los de Viglietti por temáticas afines.

A partir de los 90 hasta la actualidad existen varias grabaciones de artistas uruguayos que vale la pena prestarle atención porque no tuvieron quizás la difusión que deberían haber tenido, de acuerdo a los muy buenos ensambles entre música y letra.

En 1997 Julio Víctor González, mítico integrante del dúo Los Zucará, musicaliza uno de los más profundos poemas de Mario, Variaciones sobre un tema de Boris Vian y lo graba, con el título de Tierra luna, en el disco Inti Sol.

Cuatro años después, Jorge Nasser musicaliza y graba en clave de zamba el poema Señales en su CD Efectos personales. El dúo Spuntone & Mendaro la toman y la graban en su placa El Refugio, de 2015. La versión en vivo en el Solis, con los tres artistas, es muy recomendable.

No son muchos los discos integrales dedicados a la obra de Benedetti. Además del ya citado BarnaSants canta Benedetti (una edición limitada y muy cuidada en todos los detalles), el último trabajo discográfico dedicado en forma completa a la obra del autor de Poemas de la oficina lo concibieron la cantante Silvana Marrero y el compositor Carlos Darakjian, quienes por estos días lo están presentando en España, país en el que Benedetti residió y en el que le prestan bastante atención.