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La zona chilena de Rapel amplía su oferta turística y apuesta por el aumento de visitantes extranjeros

Por Loreto Oda Marín | 18 Febrero, 2015 - 15:28
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La construcción de un paso que comunica la localidad, ubicada en la zona central de Chile, con Mendoza aumenta los servicios existentes, abarcando deportes náuticos, ruta gastronómica, zonas de visita y actividades outdoor.

Por años, el lago ha sido el rey indiscutido de Rapel, localidad ubicada en la zona central de Chile, a unos 140 kilómetros de Santiago. El área lacustre surge por la importante represa construida en 1968 y ha sido un imán para los turistas, quienes llegan hasta a esta parte de la Región de O'Higgins para disfrutar de diversos deportes acuáticos, como windsurf, yate, catamarán y esquí acuático, entre otros.

Y aunque el lago es el corazón del lugar, hoy Rapel trabaja para diversificar su oferta y para ello desarrolla con la Escuela Ecoturismo de la Universidad Andrés Bello de Chile un plan para generar un destino sustentable que le permita no depender de la estacionalidad ni del agua del embalse, que en épocas críticas ha llegado a cotas preocupantemente bajas.

El perfil del turista responde principalmente a familias y grupos de amigos que le gustan disfrutar de deportes naúticos y de la tranquilidad de la zona, siendo el fuerte los habitantes de Santiago y, en menor medida, turistas extranjeros. Si bien, los visitantes foráneos son aún pocos, su número ha ido en aumento, destacando principalmente los brasileños y algunos europeos que han querido descubrir la zona.

Pero eso empieza a cambiar. A comienzos de enero de este año, Chile y Argentina firman un acuerdo para estudiar la construcción del túnel internacional Las Leñas, que busca unir esta región con la provincia de Mendoza, hecho que claramente va a facilitar la llegada de turistas extranjeros a la zona.

"Una vez que esté construido el paso, llegarán visitantes argentinos, brasileños y uruguayos, por eso, nuestra región debe prepararse para ello", revela la Intendenta Regional, Morin Contreras.

Eso sí, la tarea es ardua. "Para pensar en un turismo internacional implica generar una oferta aún más diversificada, que permita decir que en Rapel hay cosas que no hay en otras lados", comenta Humberto Rivas, director de la carrera de Ecoturismo de la Universidad Andrés Bello (Unab).

Ante este escenario, se llevan adelante diversas iniciativas para potenciar los diversos atractivos de la zona, tanto naturales como culturales, donde lo histórico, religioso, artesanal y patrimonial juegan un rol importante.

Los alrededores

El embalse es prácticamente una parada obligada en este recorrido y el punto de partida. Desde allí el turista puede visitar diversos puntos de la zona. El primero es Litueche, que significa gente de tierras blancas, porque ahí hay una producción minera de mineral no metálico llamado caolín, que es el componente de algunos agroquímicos, utilizados para combatir algunas plagas, principalmente, de los olivos.

En este sector, ubicado a unos 9 kilómetros del embalse, se pueden obtener todos los servicios, como colegio, banco, entre otros. Además, acá se encuentra la iglesia Nuestra Señora del Rosario, que data del año 1700, lugar en el que se realizaron partidas de bautizo donde aún se señalaba si la persona era indígena o español.

Luego de andar en medio de valles donde predominan las plantaciones de pino, viñedos y olivos se llega a la localidad de Marchigüe.

Uno de los principales atractivos es la lechería "Los Maitenes", donde se producen y venden unos sabrosos quesos, manjares y calugas, además de brindarle a los turistas una gran experiencia en torno al campo.


En este lugar se pueden encontrar avestruces, vacas, terneros y llamas, entre otras especies. Pero la experiencia es aún más completa, dado que "las delegaciones de niños vienen a tomar desayuno campestre y luego hacemos las actividades: parten alimentando a las aves de corral, ven las avestruces, analizan los distintos tipos huevos, le dan leche a los terneros, le sacan leche a una vaca, ven cómo se saca con la máquina y ven qué se hace con ella, dado que vamos al proceso productivo de cómo se hace el manjar y el queso", relata Patricia Cornejo, la dueña del lugar, quien está consciente que el turismo es un pilar fundamental de esa empresa familiar.

Todas estas actividades hacen, sin duda, que sea una experiencia única tanto para niños como para adultos. "Creo que hoy cada vez estamos más alejados de los alimentos naturales; muchos niños piensan que los pollos tienen cuatro tutos y es porque en la casa compran la bandeja de pollo. Para ellos es todo muy mágico. Para los adultos, en tanto, potencia la valoración de las raíces, la mayoría lo han vivido o visto antes, y muchas veces es encontrarse con ese pasado romántico. A la gente le gusta mucho y se va muy contenta después de saborear los productos tan naturales y frescos; para los extranjeros es una experiencia única", añade.

Una ruta de comida típica

Dentro de los atractivos que se han estado realizando para potenciar la zona está la ruta gastronómica, que se desarrolla desde el año 2014 y permite que los locatarios se organicen y potencien sus preparaciones.

"Esta ruta ha sido un acierto increíble en toda la zona y noto la diferencia. He hecho turismo rural en Francia y España, pero hay gente de acá que nunca había salido de Rapel entonces el cambio lo ves y es notable, el turista se da cuenta, lo dice y lo valora. También, están los otros frentes a los que no le daban importancia, como el entorno, la limpieza, la presentación, los letreros. Ha ido quizás lento, pero cada vez se nota más el avance", destaca Patricia Cornejo.

Si de locales se trata, la oferta es variada. "La cueva del conejo" es un restaurante donde la especialidades de la casa son la plateada a la cacerola y los cebiches de salmón y reineta. Sin embargo, este local, con capacidad para cuarenta personas, posee una amplia carta en pescados, mariscos y carnes.

"La particularidad es que estos platos son con recetas propias, con ingredientes nuestros y amor, ese ingrediente no falla y como yo amo lo que hago, me queda todo rico", declaró Elda Ezequiel Yañez, dueña del lugar.

Otra opción es la que ofrece el hotel Jardín del Lago, ubicado en la rivera del río Rapel, el cual tiene una carta bastante discreta pero con productos muy típicos de la zona, dado que también buscan ser un apoyo para los productores locales.

"Una de nuestras especialidades es que, no teniendo una carta especial para personas que no comen carnes, nos preocupamos de hacer platos exquisitos cuando llega alguien que es vegetariano. El plato típico es la Quijotada, que es una creación nuestra que mezcla de cerdo, ciruela, miel y manzana, hecho de una manera tan especial que es una mezcolanza de sabores donde el cerdo predomina. Lo clásico es comida muy de casa, como pastel de choclo. Los días domingo hacemos asado tenedor libre", comenta Malena Sarabia, encargada del recinto que cuenta con más de tres hectáreas destinadas a parques y jardines y un par de lagunas artificiales.


En tanto, en el restaurante de la Residencia Histórica Marchihue, Buca Di Bacco, se puede encontrar comida chilena renovada, por lo que contempla reineta a las finas hierbas sobre un puré de arvejas en un crocante de zanahoria y una salsa de limón-jengibre o costillar de cerdo glaseado con manzana con papa rústica, además de los clásicos platos, como cazuela, pastel de choclo, humitas y poroto.

En los postres también hay innovaciones, como el mouse de pisco sour con crocante de chocolate con almendras y una decoración de menta. "Estamos trabajando con mucho mote, quinua, cordero, crianzas del hotel, pescados", detalla el chef Esteban Ávila.

Este lugar, como otros de la zona, además de la propuesta gastronómica le ofrecen a los visitantes diversas actividades, como cabalgatas, trekking y bicicletas. "Hacemos catas de vinos, trabajamos con eventos, corporativos y pasajero individual. El turista que llega principalmente es extranjero y el nacional llega bastante el fin de semana.  El extranjero viene porque es una casona patronal del siglo XVIII, está muy cercano a las viñas y Rapel y puede usarse de hotel base. Este lugar está enlazado con la historia de Manuel Rodríguez, por lo que estamos trabajando con material de la Aurora de Chile, por lo que se le entrega una copia del día de la época de 1800", reveló Claudio Villarroel.

Algo similar es lo que ofrece Marina Golf Rapel, un proyecto turístico-inmobiliario, que comprende de 140 hectáreas donde se pueden encontrar una cancha de golf de nueve hoyos que se va ampliar prontamente a 18.

Acá se realizan variadas actividades y deportes náuticos, los cuales incluyen clases para niños. "Tenemos ski, a cargo de Natalia Miranda, que es hermana de los Miranda que son campeones, ella también fue campeona. También una escuela de flyboard y de vela, que da las clases para tener licencia de patrón de bahía, que es algo que deben tener todas las personas que navegan. Además, está el Restaurante Marina Golf con comida principalmente chilena. Lo que le gusta mucho, sobre todo al turista extranjero, es conocer productos de la zona y en ese caso ofrecemos los pejerreyes", explica Tatiana Arellano, gerente comercial del complejo.

Otras rutas

Como la idea es diversificar la oferta, además de la ruta gastronómica, se está trabajando en consolidar una Ruta del Vino y a potenciar las actividades costumbristas.

"La Ruta del Vino todavía es un proceso en desarrollo, está el producto y ahora lo hemos ido transformando en una continuidad. Parte del desarrollo es ir incorporando a la ruta existente más productos pero también desarrollar nuevas rutas, ahí hay un espacio importante para el vino. Tenemos cuatro viñas identificadas, que empiezan a tener interés. En la ruta futura lo que uno podría pensar es integrar estas viñas al desarrollo que tienen otras zonas más avanzadas, como Santa Cruz", detalla Rivas, de la Universidad Andrés Bello.

Con respecto a las actividades típicas de la zona, se quiere crear un calendario, que sería publicado en abril, donde se difunda una ruta cultural, destacando las principales iglesias y otros atractivos, y las fechas de las diversas festividades, como la Fiesta de la Querencia, que se realiza entre el 21 y 25 de febrero, con comida tradicional y show con artistas locales.

"Además de vinos tenemos olivos, aceituna, pero principalmente aceite. También tenemos artesanía, lo que permite que un turista que se levanta en la mañana y no tiene ganas de estar todo el día en el lago, que es el principal atractivo, puede realizar un paseo y encontrar licores, además de artesanía", agrega.

La apuesta también va por potenciar rutas relacionadas con los deportes outdoor, como una ruta para hacer bicicleta con fotografía, una ruta para ver los atardeceres y los paisajes, y rutas avistamiento, es decir, pequeñas iniciativas que además de unir las cinco comunas de la región, permitan diversificar las actividades y darle al turista una experiencia más completa en medio de este atractivo paisaje chileno.
 
* Fotografías Loreto Oda Marín y María José Goecke Munita

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