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Las nuevas confesiones políticas de Mario Vargas Llosa

Por Nelson Fredy Padilla/ El Espectador | 21 Febrero, 2018 - 07:33
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El Nobel de Literatura peruano publica “La llamada de la tribu”, un libro en el que revisa sus cambios de pensamiento, desde el marxismo hasta el liberalismo.

A los 81 años de edad, Mario Vargas Llosa no para de escribir y ahora sorprende con la publicación de La llamada de la tribu, sello Alfaguara, la que desde el 1 de marzo próximo saldrá a librerías anunciada como su “autobiografía intelectual”.

La portada es muy diciente: un cerebro tejido que conecta a los siete autores que más influyeron en el pensamiento del escritor peruano: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel

Dice la editorial española que “le fueron al autor de enorme ayuda durante aquellos años de desazón, mostrándole otra tradición de pensamiento que privilegiaba al individuo frente a la tribu, la nación, la clase o el partido, y que defendía la libertad de expresión como valor fundamental para el ejercicio de la democracia”.

En palabras de Vargas Llosa su nuevo libro transita la frontera entre ciencia política, filosofía y literatura: “La doctrina liberal ha representado desde sus orígenes las formas más avanzadas de la cultura democrática y lo que más nos ha ido defendiendo de la inextinguible ‘llamada de la tribu’. Este libro quisiera contribuir con un granito de arena a esa indispensable tarea”. Lea también: "Guerrilla debe firmar una rendición, su desaparición"

Se pregunta uno si es otra versión de otro texto autobiográfico y político suyo como El pez en el agua, publicado en 1993 como sus memorias desde la niñez hasta su madurez política, incluida su fallida aspiración a la Presidencia de la República del Perú y la derrota en las urnas ante Alberto Fujimori en 1990. Responde Alfaguara: “es que aquí el protagonismo no lo tienen las vivencias del autor, sino las lecturas que moldearon su forma de pensar y de ver el mundo en los últimos cincuenta años. En Nobel peruano ha hecho una cartografía de los pensadores liberales que le ayudaron a desarrollar un nuevo cuerpo de ideas después del gran trauma ideológico que supuso, por un lado, el desencanto con la Revolución Cubana y, por otro, el distanciamiento de las ideas de Jean-Paul Sartre, el autor que más lo había inspirado en su juventud”.

Interesante, porque el Vargas Llosa que escribió la novela Historia de Mayta en 1984, el revolucionario trostkista peruano Alejandro Mayta, era otro políticamente hablando. Además: Vargas Llosa se despide de sus libros

Dice el Nobel de Literatura 2010 en el adelanto que deja leer Alfaguara: “Nunca habría escrito este libro si no hubiera leído, hace más de veinte años, To the Finland Station (A la estación de Finlandia) de Edmund Wilson. Este fascinante ensayo relata la evolución de la idea socialista desde el instante en que el historiador francés Jules Michelet, intrigado por una cita, se puso a aprender italiano para leer a Giambattista Vico, hasta la llegada de Lenin a la estación de Finlandia, en San Petersburgo, el 3 de abril de 1917, para dirigir la Revolución rusa”.

Según él, ese fue el dato disparador: “Me vino entonces la idea de un libro que hiciera por el liberalismo lo que había hecho el crítico norteamericano por el socialismo: un ensayo que, arrancando en el pueblecito escocés de Kirkcaldy con el nacimiento de Adam Smith en 1723, relatara la evolución de las ideas liberales a través de sus principales exponentes y los acontecimientos históricos y sociales que las hicieron expandirse por el mundo. Aunque lejos de aquel modelo, éste es el remoto origen de La llamada de la tribu”.

¿Y no se supone que es un libro tan personal como político? Responde Vargas Llosa: “No lo parece, pero se trata de un libro autobiográfico. Describe mi propia historia intelectual y política, el recorrido que me fue llevando, desde mi juventud impregnada de marxismo y existencialismo sartreano, al liberalismo de mi madurez, pasando por la revalorización de la democracia a la que me ayudaron las lecturas de escritores como Albert Camus, George Orwell y Arthur Koestler. Me fueron empujando luego, hacia el liberalismo, ciertas experiencias políticas y, sobre todo, las ideas de los siete autores a los que están dedicadas estas páginas”.

Entonces cuenta cómo descubrió la política: “a mis doce años, en octubre de 1948, cuando el golpe militar en el Perú del general Manuel Apolinario Odría derrocó al presidente José Luis Bustamante y Rivero, pariente de mi familia materna. Creo que durante el ochenio odriísta nació en mí el odio a los dictadores de cualquier género, una de las pocas constantes invariables de mi conducta política. Pero sólo fui consciente del problema social, es decir, de que el Perú era un país cargado de injusticias donde una minoría de privilegiados explotaba abusivamente a la inmensa mayoría, en 1952, cuando leí La noche quedó atrás, de Jan Valtin, en mi último año de colegio”.

Contrarió a su familia, que quería que entrara a la Universidad Católica, y para estudiar Letras y Derecho prefirió la Universidad de San Marcos, “pública, popular e insumisa a la dictadura militar, donde, estaba seguro, podría afiliarme al partido comunista”. Al poco tiempo era militante del llamado Grupo Cahuide. “Fue allí donde recibí mis primeras lecciones de marxismo, en unos grupos de estudio clandestinos, en los que leíamos a José Carlos Mariátegui, Georges Politzer, Marx, Engels, Lenin, y teníamos intensas discusiones sobre el realismo socialista y el izquierdismo, ‘la enfermedad infantil del comunismo’”.

Quedan en evidencia otras grandes influencias: “La gran admiración que sentía por Sartre, a quien leía devotamente, me defendía contra el dogma —los comunistas peruanos de ese tiempo éramos, para decirlo con una expresión de Salvador Garmendia, ‘pocos pero bien sectarios’— y me llevaba a sostener, en mi célula, la tesis sartreana de que creía en el materialismo histórico y la lucha de clases, pero no en el materialismo dialéctico, lo que motivó que, en una de aquellas discusiones, mi camarada Félix Arias Schreiber me calificara de ‘subhombre’”.

También habla del tránsito de su socialismo hacia la admiración por “la lucha de Fidel Castro y sus barbudos en la Sierra Maestra y la victoria de la Revolución cubana en los días finales de 1958”. Y admite: “Para mi generación, y no sólo en América Latina, lo ocurrido en Cuba fue decisivo, un antes y un después ideológico. Muchos, como yo, vimos en la gesta fidelista no sólo una aventura heroica y generosa, de luchadores idealistas que querían acabar con una dictadura corrupta como la de Batista, sino también un socialismo no sectario, que permitiría la crítica, la diversidad y hasta la disidencia. Eso creíamos muchos y eso hizo que la Revolución cubana tuviera en sus primeros años un respaldo tan grande en el mundo entero”.

Juan Cruz, columnista del diario español El País, ya leyó el libro y opina hoy: “Han pasado décadas. Vargas Llosa pasó del comunismo y del marxismo al liberalismo, y al final de ese tránsito, desde mediados de los años 70 del siglo pasado, cuando en Cuba se produjo el caso Padilla y el escritor peruano rompió con la revolución, abandonó las posiciones tradicionales en la izquierda y se hizo más de Albert Camus que de Sartre, se cumplió la profecía de Pablo Neruda. No lo llamaron pervertido. Lo llamaron liberal”.

Invita a leer La llamada de la tribu porque “es una respuesta al epíteto y, sobre todo, es una especie de cena con siete de los maestros que lo convirtieron a la fe liberal de la que ahora se siente tan orgulloso como de haber abrazado la fe en Faulkner, Borges o Flaubert. Vargas Llosa explica como un recién salido de unas jornadas intensivas con tales maestros liberales (su tribu) qué hicieron por la salvación de su alma”.

Imagen: Arild Vågen (Own work) [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

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