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Lucía Garibaldi, la directora llevando el cine uruguayo al circuito internacional

Por Emmanuel Bremermann / El Observador | 6 Junio, 2019 - 12:47
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Su trabajo fue destacado recientemente con la película Los Tiburones que le valió el título de mejor directora en el Festival Sundance.

Parece poco probable que cuando se habla de “gestas uruguayas en el exterior”, a alguien se le ocurra pensar otra cosa que no sea fútbol. Sin embargo, sucede. En los últimos tiempos, por ejemplo, la cultura del país ha generado varios destaques internacionales de relevancia, entre ellos el Benois de la danse a María Riccetto, y el Cervantes a Ida Vitale. Ambos premios marcaron la agenda de los medios y las charlas, pero no fueron los únicos de los últimos meses. En febrero de este año, entre ese galardón a la primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre y el reconocimiento a la poesía de Vitale, apareció un premio que en el ámbito del cine se festejó como un campeonato: en el nevado pueblito de Park City, Utah, y en el medio del Festival de Sundance, la cineasta Lucía Garibaldi fue premiada como la mejor directora por su ópera prima Los tiburones. Y aunque fue un pico de emoción, la cosa no terminó allí: la película siguió cosechando premios importantes, entre ellos uno en el BAFICI y otro en el festival de Toulouse. 

Varios meses después de aquel hervidero de emociones que fue Sundance, uno de los festivales más importantes del mundo, Garibaldi todavía no se lo cree. Recuerda la instancia como una especie de pasado difuso, empañado por la cantidad de viajes que vinieron después, y analiza Los tiburones a la luz de esa distancia. Ahora, ante el estreno en salas comerciales de este jueves, la directora rememora las bases de su primera película y explora los ecos de un galardón que, a poco de comenzar su carrera, la impulsa con fuerza.

¿Dónde está el germen de esta película?

Lo primero que me llevó a ella no tiene nada que ver con lo que terminó siendo. Estaba con ganas de hacer una película que tuviera una protagonista un poco mala, o que tuviera una contradicción de ese estilo, porque estaba enamorada del efecto que te producen las películas cuando te gusta lo que está mal o lo incorrecto. En aquel momento leí en un diario que una mañana habían aparecido como 20 perros muertos en La Paloma, y me puse a imaginar qué pasaría si a eso lo hiciera una adolescente. No tuvo mucho que ver al final, pero ahí salieron algunas de las primeras imágenes. Pero la película nace de mis ganas de encontrarme con un personaje provocador, y que a la vez es tierno y gracioso.

¿Y por qué ubicar ese personaje en la pubertad?

Quería hablar de algo que tuviera fresco, de una etapa de la vida que conociera bien. Y cuando tenés alrededor de veinte lo más cercano es ese momento. La adolescencia es una etapa muy única e incómoda, y a la vez me parece que es cuando te empezás a dar cuenta realmente cómo son de verdad las cosas en el mundo.

¿Cómo recuerda su adolescencia?

Recuerdo que pasaba mucho encerrada. Me acuerdo de un verano en Santa Ana en el que todos iban a la playa y yo me quedaba mirando una telenovela horrible (risas). En aquel momento miraba mucho la tele, miraba mucho I-Sat y canales así. Esa etapa me dejó Buffalo 66Tape Antes del amanecer, por ejemplo, ese tipo de películas. Recuerdo también un ciclo de Alan Pauls en el mismo canal. Y por esa etapa también me hice socia de Cinemateca. Estaba terminando el liceo y empecé a ir mucho a la Linterna Mágica. 

¿Cómo fue la experiencia de ver su primera película terminada y en pantalla grande?

La primera vez estaba sola con mi sonidista en España. Estábamos haciendo uno de los últimos chequeos, y la verdad lo sufrí. De hecho, no sé si alguna vez se llega a disfrutar la instancia. Por lo general me viene como una contractura en el cuello. Cuando la vimos por primera vez en Sundance me pasó lo mismo. La vimos en un cine viejo en el que no se veía muy bien, pero de todas formas estábamos en el lugar más emblemático del festival, así que era lo mejor. Ahora, después de verla tantas veces, ya me aburro un poco. Lo que más me gusta es ver cómo reaccionan los diferentes públicos, porque no es lo mismo Sundance que San Sebastián o Cinemateca. Me gusta ver como una obra se resignifica en la gente; hay tantas reacciones que nunca pensé que iban a suceder.

Ya que estamos con el tema, ¿cómo sigue resonando su premio en Sundance hoy?

Para mi es algo que pasó hace como ocho años, todavía no me lo creo. Es increíble, pero tampoco siento que un premio indique que tu película es mejor que otra, o que sea mejor o peor si lo gana o no, así como tampoco pienso que las malas críticas hagan que tu película sea mala. Me pone muy feliz que en nuestro caso haya pasado lo contrario y que la respuesta haya sido tan buena. Es muy lindo, porque cuesta tanto hacer una película. Lo mágico es ver que a personas tan distintas, de hemisferios tan distintos, la película les llega. Tiene algo que no sé que es, una fuerza que toca una fibra universal.

Con tantos premios y reconocimientos, y siendo esta apenas su primera película, ¿cómo evita que el ego se le dispare?

Tengo un montón de personas alrededor que me hacen tener los pies sobre la tierra, colegas y amigos que ya pasaron por esto. De todas formas, tengo claro como es el tema. En el festival de Toulouse, por ejemplo, hubo una deliberación pública de una delegación de críticos franceses y quise ir a escucharlos. Nunca voy a ese tipo de cosas, pero me pareció entretenido y me intrigó. Hablaron de seis películas y entre ellas estaba la mía. La destrozaron entre todos, pero fue interesante, porque se aprende mucho de eso, e inevitablemente te hace bajar. Ese mismo día nos dieron uno de los premios más importantes del festival, así que fue todo muy intenso. Yo trato de divertirme en el proceso, porque hice una película y ya está. Si la gente le gusta, genial, y si la odian también, porque prefiero eso a que queden indiferentes. Yo ya tuve uno de los reconocimientos más lindos que se pueden tener y le gustó a un montón de gente. No pido más nada. 

¿Ve en Los tiburones ecos de películas que la formaron?

Si, la película es un collage. Debe haber como veinte películas dentro, y creo que eso hace que no sea parecida a ninguna de ellas. Pasa que la involucran con La niña santa de Lucrecia Martel, pero creo que es una vinculación obvia. A esa película la vi antes de filmar para no hacerla, justamente, de la misma manera, y también vi Tiburón de nuevo para evitar filmar igual. Pero en un momento dejé de hacerlo y preferí filmar como me naciera. Hay gente que la conectan con el cine de Xavier Dolan por el uso de las cámaras lentas, pero seguro que no es el único que hace cámaras lentas en el cine. Y después hay un montón de niñas malas en el cine con las que se las podría vincular. Cría Cuervos, de Carlos Saura, por ejemplo. Y así, un montón de cosas de las que vas copiando, porque ya está todo hecho. El tema es cómo lo resignificás y lo conectás.

¿Cree que el cine uruguayo hoy tiene una buena estructura como para sostener debuts como el suyo?

Hay algunos puntos claves sobre eso. Primero, la tecnología hoy es más accesible y hay personas valientes que se animan a hacer su película con lo que tienen. Después, hasta hace un tiempo no teníamos las herramientas que tenemos a nivel de fondos culturales, acá y en el exterior. Por el contrario, al mismo tiempo tenemos dos socios enormes que se están incendiando, Argentina y Brasil, que impulsan mucho el cine de acá. Ambos están en situaciones muy inciertas. Pero volviendo, hoy somos más los que estamos haciendo cine, así que todo es relativo. Hay un poquito más de herramientas, pero somos muchos más queriendo hacer películas. 

Hace poco las mujeres del audiovisual uruguayo lanzaron un comunicado repudiando una situación de violencia de género. ¿Qué significa esta unión y qué peso tiene para las mujeres de la industria local?

Queremos mostrar que estamos unidas y muy atentas a esos casos. Es necesario que lo estemos y es preciso que suceda en todos lados. En ese sentido, creo que estamos mejor que antes, aunque siento que todavía falta un montón. La diferencia entre la proporción de mujeres que hacen cine con respecto a los hombres es abismal, y no solamente porque la mujer no se anime, que es algo que pasa. Es frecuente que, por ejemplo, la mujer escriba el guion y se lo de para que lo dirija su amigo o su productor. De nuevo: ahora estamos un poco mejor, pero falta muchísimo. Por ejemplo, varias veces me preguntaron si me sentí beneficiada por ser mujer en alguno de los festivales en los que ganamos. Y es muy difícil enfrentarte con una pregunta así. ¿De verdad te parece que ser mujer me benefició? A los hombres no les preguntan eso cuando ganan.

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