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Modernidad y tradición vaquera en el cantón costero de Samborondón

Por Agencia Andes | 8 Junio, 2018 - 10:22
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Pequeña ciudad cercana a Guayaquil se puede recorrer por vía fluvial o terrestre.

Al escuchar la palabra Samborondón, lo primero que se viene a la mente de las nuevas generaciones son las lujosas mansiones y exclusivos conjuntos residenciales situados en la parroquia La Puntilla, pero en la cabecera cantonal la realidad es otra: es una apacible localidad, mezcla de tradición, cultura montuvia de la costa que convive en armonía con la naturaleza.

Situado a 30 kilómetros de Guayaquil, este cantón ofrece una agradable experiencia para los visitantes. Fundada en 1776 como parroquia porteña y después como cantón en 1955 su actividad principal, como la mayoría de los poblados rurales del litoral ecuatoriano, es la agricultura del arroz, cacao, plátano y la ganadería.

Un equipo de la agencia Andes realizó un recorrido por vía fluvial y terrestre por distintos parajes turísticos rurales de este cantón, donde la amabilidad de su gente es otra de las características que distinguen a esta pequeña ciudad costera.

La primera parada es en el hipódromo en el sector conocido como la hacienda El Buijo. Allí cada tarde de domingo, desde hace cuatro décadas, familias y aficionados al deporte de la hípica pueden ingresar gratuitamente a los graderíos a disfrutar de las intensas carreras de finos ejemplares de la caballería.

Detrás de este tradicional deporte hay toda una red que permite que cada fin de semana los aficionados puedan disfrutar de las carreras. En el hipódromo trabajan alrededor de 400 personas que cuidan, alimentan, medican y entrenan a los equinos, cuenta Salomón Dumani, gerente del hipódromo.

Con los primeros rayos del Sol, en los establos del hipódromo el movimiento se intensifica: cuidadores sacan a los caballos de sus cuartos y empieza toda la actividad que implica entrenamientos con los jinetes. Al mediodía ya los caballos quedan limpios y alimentados para reposar en sus establos.

La manutención de cada equino corre a cuenta del propietario del animal que implica a veces gastos de hasta 500 dólares mensuales.

El recorrido continúa hacia la cabecera cantonal de Samborondón, a 30 kilómetros de Guayaquil. Nos recibe una ciudad ordenada, limpia, tranquila cubierta por un cielo nublado y una fresca brisa de verano.

A primera vista destaca el moderno malecón construido bajo la administración del alcalde Yúnez. Allí juegos infantiles se mezclan con canchas de uso múltiple, esculturas, una piscina, camineras adoquinadas y jardines que tienen como fondo el caudaloso río Babahoyo.

La tradición agrícola se respira en cada rincón de esta localidad. En sus portales y veredas sobresalen los negocios de venta de insumos y productos agrícolas, sobre todo el arroz, cuya siembra y cosecha es la principal actividad de este cantón, de 100 mil habitantes.

Frente al parque central y a la iglesia Santa Ana destaca la Casa Museo de Samborondón. Un antiguo edificio patrimonial que data de 1911 donde funcionó el primer concejo cantonal que se instaló en 1956 bajo la presidencia del edil Miguel Yúnez, padre del actual alcalde José Yúnez.

Sus distintos ambientes trasladan a los visitantes al pasado. Sus paredes, escaleras, portones, tumbados decorados con pinturas originales y mobiliario ofrecen un reencuentro con la historia. En su planta baja se observan fotografías de la visita del expresidente Velasco Ibarra al Cabildo, así como de un recorrido por las calles de Assad Bucaram, extinto exalcalde de Guayaquil y líder del partido Concentración de Fuerzas Populares (CFP), otrora agrupación política de importante raigambre popular que llevó al poder al expresidente Jaime Roldós.

Luego de admirar la belleza arquitectónica de este museo, el recorrido nos lleva al muelle del malecón donde abordamos una canoa. Con la guía del funcionario municipal Álex Córdova esta Agencia se dispone a viajar por las tranquilas aguas del río Babahoyo.

Después de un recorrido de unos 15 minutos donde se aprecia el verdor del campo samborondeño, de observar garzas, patos y otras aves y de disfrutar del sutil abrazo de la brisa costera, se llega a la isla de Silva, un paraje rural donde permanece intacto un hallazgo que según los pobladores corresponde a la época colonial.

En efecto, cerca de la orilla, rodeada de árboles de almendra y de acacias se encuentra una especie de caldero de hierro de un 1 metro de altura por 1,50 de ancho.

Hugo Rivera, de 91 años, habitante de la isla, comenta que la “Olla” como la llaman los pobladores fue encontrada por pescadores hace unos 40 años que se la vio luego de que bajó la marea del río. Con la ayuda de cadenas y otros instrumentos los habitantes la sacaron a flote pensando que se trababa de un tesoro, pero no encontraron más que lodo en su interior.

Don Hugo señala que alrededor de la Olla hay historias, una de ellas que supuestamente perteneció a las tropas del libertador Simón Bolívar, quien recorrió estas tierras durante su camino independentista de América del Sur. Otros relatos dan cuenta que fue abandonado por piratas o los conquistadores españoles que navegaron por los mares y ríos de la costa de Ecuador.

La concejala Narcisa Ramírez manifiesta que este caldero tiene un valor histórico que será sometido a estudios de especialistas con miras a llevarlo a un sitio y recuperarlo con apoyo estatal como un bien patrimonial.

De vuelta a Samborondón, el cielo se pone más gris en la tarde de un miércoles; no obstante el paisaje envuelve con su encanto. En el trayecto se encuentran algunas embarcaciones que son usadas como medio de transporte de los pobladores de zonas rurales más alejadas. El saludo entre los pasajeros es una norma habitual.

Ya en la cabecera cantonal el guía nos lleva a disfrutar de uno de los aperitivos tradicionales de este cantón: las rosquitas de manteca.

Fabricio Soriano es uno de los fabricantes de estos productos que no dejan de salir desde la mañana hasta la tarde de los hornos de su panadería en el centro de la ciudad. El hombre, de 29 años, cuenta que heredó el oficio de su abuelo, quien fue uno de los más reconocidos panaderos del cantón.

Este artesano procesa alrededor de 6.000 roscas cada día, las que vende a distintos clientes que las llevan a diferentes partes del país. “Debo decir con orgullo que mis rosquitas han llegado a Europa, Estados Unidos y otros países donde hay un ecuatoriano”, dice Soriano, mientras supervisa las bandejas llenas de rosquillas que ha introducido en los hornos.

La receta del sabor característico de las roscas es un secreto samborondeño -dice- pero revela que uno de los ingredientes principales es un toque de manteca de cerdo.

Luego de revisar el proceso de elaboración de estos bocados y de una charla sobre el desarrollo urbano alcanzado en los últimos años, la concejala Ramírez, quien además, forma parte de un grupo musical, se despide de este equipo periodístico dedicando una canción a su tierra. “Ah, es que la música la llevamos en las venas los habitantes de este hermoso cantón”, exalta.

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