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Natalie Portman hace del duelo un arte al encarnar a Jackie

Por El Observador | 23 Marzo, 2017 - 14:23
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La actriz se pone a disposición del director chileno Pablo Larraín en este filme, al que Pablo Staricco define en este artículo como "un mosaico poco convencional" de un episodio trascendental de la historia que le valió una nominación al Oscar.

El Observador | Pasó casi un mes de la última entrega de los premios Oscar y siguen apareciendo en la cartelera las películas destacadas por la Academia. Tal es el caso de Jackie, el filme protagonizado por Natalie Portman que le significó una nominación como Mejor actriz principal dentro de esos galardones cinematográficos.
 
El largometraje es una obra no tradicional dentro de las biografías dramáticas gracias a su relato fraccionado y la naturaleza de su equipo creador, que reúne a Natalie Portman con el cineasta Darren Aronofsky –realizador de El cisne negro (2010)–, quien aquí decidió trabajar como productor y ceder la silla del director al chileno Pablo Larraín.
 
El debut en Hollywood del director de No (2012), El club (2015) y Neruda (2016) narra parte de la vida de la viuda del presidente estadounidense John F. Kennedy a través de fragmentos que componen el retrato de la mujer, utilizando el asesinato del mandatario en 1963 como la base de ese lienzo. El resultado es un filme de un carácter caleidoscópico que se aleja de los clichés del género y ofrece uno de los mejores papeles en la carrera de Portman hasta la fecha.
 
El término "protagonista" es realmente acentuado en Jackie. Es una película completamente concentrada en el rosto, figura y reacciones de Portman como la primera dama frente a su entorno. Rara vez la cámara se aleja de ella y la fotografía del filme, presentada en una pantalla de proporciones cuadradas que acentúa el tono audiovisual de la época, sofoca en el cuadro al personaje principal y resalta el agobio de su situación personal.
 
El disparador del guion es una entrevista ofrecida por Jackie Kennedy a la revista Life tras la muerte de su esposo. En una tensa conversación con un periodista interpretado por el actor Billy Crudup, la viuda habla sobre su vida como primera dama en la Casa Blanca, así como su relación con su esposo y el repaso del día de su asesinato en Dallas, Texas.
 
 
Pese a que cierto morbo pueda provocar desde el primer momento que el espectador desee ver ese suceso, el de los balazos propinados a Kennedy mientras recorría la calle Elm en un Lincoln Continental descapotable, el libreto del guionista Noah Oppenheim asume el riesgo de dilatar el hecho y hacer del duelo de Jackie la puerta de entrada hacia otros momentos más personales: la preparación del funeral de Kennedy, su entierro, la notificación a los hijos sobre la muerte de su padre o hasta el momento en el que Jackie viajó en el auto con el cuerpo de su esposo sobre su regazo, filmado de forma deslumbrante y reforzado por una banda sonora de instrumentos cordófonos simple pero efectiva del compositor Mica Levi.
 
La interpretación de Portman es una labor minuciosa y hasta escalofriantemente fiel si se la compara con los pocos registros audiovisuales que hay de la verdadera Jackie. Uno de ellos es un paseo por la Casa Blanca que la primera dama brindó a la cadena CBS y que aquí es recreado delante y detrás de escena. Son fragmentos como ese en los que la actriz muestra un control milimétrico de sus gestos así como de su voz, que replica la particular entonación y modulación de Jackie Kennedy.
 
El trabajo de la actriz es secundado por una recreación histórica estupenda a nivel escénico y en los vestuarios y maquillaje. El resto del reparto, que incluye a los actores Caspar Phillipson como el propio presidente y Peter Sarsgaard como su hermano Robert, poco tienen para hacer más que orbitar hacia las emociones de Jackie.
 
Se podría tildar a la película de tener cierto exceso literario para resaltar el legado histórico que significó la muerte de Kennedy, pero eso es solo un pequeño reclamo dentro de una apuesta audiovisual más que satisfactoria.