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Oro comestible, la nueva tendencia en gastronomía

Por Linda Rueda De la Hoz/ El Espectador | 12 Octubre, 2017 - 12:08
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Un plato gourmet, una bebida o un postre adornado con el precioso metal, son posibilidades que ya hacen parte del menú de importantes restaurantes del mundo.

El oro está asociado, por excelencia, con la idea del lujo y la belleza, y los chefs, que no descartan ninguna posibilidad de innovación en la cocina, se han dejado seducir por el brillo del precioso metal para adornar sus platos y agregarles un toque único.

Para muchos comensales la idea de consumir oro es una excentricidad que atrae, sobre todo porque ofrece la posibilidad de deleitarse con el encanto que le imprime el metal a las comidas, convirtiéndolas en verdaderas joyas gastronómicas.

Y aunque la tendencia está en auge, vale la pena decir que no es nueva. El consumo de oro es una costumbre que viene de culturas ancestrales de distintas regiones del mundo: Egipto, China, India, entre otras, en donde ingerirlo hacía parte de una simbología que respondía a diversos significados.

En Egipto, por ejemplo, el oro encabezaba la jerarquía de los metales preciosos, delante de la plata, el electro y el cobre. Para los egipcios el brillo del oro evocaba el resplandor del dios Re en toda su majestad, el sol en su cénit; de hecho, se creía que el oro era la carne de los dioses, mientras que sus huesos eran de plata y sus cabellos de lapislázuli. Su consumo, pensaban, los acercaba más a su dios.

La medicina tradicional en China, por su parte, le atribuía propiedades relativas a la longevidad; en la India, se creía que su consumo atraía los favores de las divinidades; en el siglo XVI, se hizo conocida la receta italiana Rissoto d'oro con basílica e parmagiano; y las bandejas de frutas eran espolvoreadas con oro durante el reinado de Elizabeth I de Inglaterra.

Actualmente, el oro comestible -sin olor ni sabor-  no tiene más atractivo que la estética que proporciona a los platos en los que se pone, sea en forma de lámina, en polvo o en virutas.

Además, a diferencia del hierro o el calcio, el oro no es un elemento esencial en la dieta del ser humano, no es tóxico, no lo perjudica y, hasta el momento, no se ha comprobado que genere los beneficios que algunos especialistas le atribuyen, como la eliminación de toxinas y el retardo en el envejecimiento de la piel.

¿Cómo se hace el oro comestible?

El proceso convierte el oro, inicialmente presentado en pequeñas cuentas de 22, 23 o 24 quilates, en las finas hojas que se utilizan para la cocina.

Las cuentas de oro se introducen en un crisol y se funden en un horno a 1200 °C. El oro fundido se vierte en un molde para formar un lingote. Luego, se desmolda y se enfría para trabajarlo sin guantes. Un lingote de 800 gramos, tiene un valor aproximado de 98 millones de pesos colombianos (28.024 €).

Con una máquina especial, el lingote de oro se lamina hasta dejarlo de un espesor tres veces menor que el de un pelo, es decir, 0,015mm. Cabe aclarar que la grasa que se usa para este proceso es comestible.

La lámina se corta y se coloca entre superficies plásticas para ir al proceso de batido. Años atrás, los batidores de oro trabajaban manualmente utilizando el martillo para volver más finas las láminas, pero con el tiempo el proceso se ha ido automatizando. Tras el batido la lámina queda con un espesor de 0,00015 mm.

Por último, mediante un proceso manual, que requiere de mucho tacto, se separan las finas láminas del plástico y los sobrantes se utilizan para hacer oro en polvo o en virutas.

En plataformas de venta digital, las hojas de oro se encuentran, por ejemplo, en presentación de 25 láminas de 23 quilates, con precios que oscilan entre 200 mil y 400 mil pesos colombianos. 

Eytzinger Gold Leaf Manufacturer, es la empresa alemana que desde 1867 ha estado produciendo la hoja de oro más fina y la hoja de la plata en varios colores y formatos. Por su parte, Oro Gourmet, es la empresa con mayor reconocimiento en la comercialización de estos metales comestibles.

En Europa y Estados Unidos ya es común encontrar restaurantes con esta posibilidad en su menú, mientras que, en Colombia solo el restaurante La Mina, del Hotel JW Marriot, en Bogotá, ha registrado ser parte de la tendencia.

Entonces, ¿probarías el oro?