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Pintor Guillermo Lorca: "para un artista el miedo a que ignoren tu obra es terrible"

Por Loreto Oda Marín | 11 Junio, 2014 - 12:30
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Guillermo Lorca consiguió lo que quería y de la forma que lo había planeado: exponer de manera individual en el Museo Bellas Artes de Santiago de Chile.

Fotografías: Miguel Candia. Guillermo Lorca es una especie de asesino, de esos, que, según la literatura policial, tienen la manía de volver a la escena del crimen. Este pintor de 30 años ha tomado la costumbre de ir de vez en cuando al Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile para chequear que todo lo relacionado con su muestra, "La vida eterna", que se exponía hasta fines de mayo y que por su éxito se extendió hasta el 29 de junio, ande como corresponde. 

Excusas siempre hay, como acompañar a algún amigo que quiere admirar las 24 obras que entremezclan el realismo con lo onírico, la inocencia con lo crudo; trabajos que evocan los sentimientos más primitivos de los seres humanos, todo bajo una talentosa brocha con influencia renacentista y barroca. 

Sin embargo, a pesar de su corta edad, este artista chileno posee diez años de trayectoria y no es la primera vez que expone de manera individual. En 2001 participó en la exposición de retratos en la Sala Greco, en el Estadio Español de Chile; en 2007 lo hizo en la Galería Matthei, en Santiago; en 2010 en sala CCU y en 2012 en Galería Hilario Galguera en México DF. Pero no todo ha sido individual, dado que en 2007 participó en la exposición colectiva “Kitsch Gallery”, en Noruega, y en 2009 en Lecciones de Ego 2. 

Además de su talento, que quedó manifestado desde muy pequeño cuando dibujaba dinosaurios, su carrera ha estado marcada por la iniciativa. Fue gracias al arrojo de escribirle al pintor figurativo noruego, Odd Nerdrum, que se convirtió en el primer latino en ser su aprendiz y asistente. Esa iniciativa también le sirvió para que el metro de Santiago de Chile aceptara, en 2010, su proyecto de colocar seis pinturas murales en la Estación Baquedano, en el contexto del Bicentenario del país. 

Es que Guillermo Lorca no teme preguntar ni le teme al rechazo. La vida le ha enseñado eso. Y si bien por estos días este artista está viviendo un gran momento gracias al éxito que ha tenido su exposición, su refugio es su hogar y taller ubicado en el tradicional, patrimonial y bohemio Barrio Yungay. Todo este revuelo ha hecho que mucha gente pulule a su alrededor, por lo que no ha podido estar solo y crear. Pero sabe que esto es por un tiempo, porque tiene claro cuáles son sus metas. Acá, un retrato de este pintor realista.

- ¿En qué te inspiraste para poder hacer esta colección?

- La inspiraciones son múltiples. No había un plan concreto antes de la exposición, normalmente es la obra que se está produciendo en general y esa después pasa por una línea curatorial para ver qué se selecciona de eso. Sí hay un espíritu común, tendría que ser muy disperso para que una obra sea radicalmente distinta a otra; normalmente tienden a unirse de una forma, es casi inevitable. 

El espíritu en general viene de lo que pasa un poco con los cuentos de hadas, que hay una narración, pero esa narración tiene un sentido oculto y te genera algo diferente, te remece las tripas. En los cuentos de hadas al ir de generación en generación interpretan el alma humana de muy buena forma, o sea, logran hablar con un lenguaje hacia el inconsciente, que era un lenguaje directo para los niños, no se separa tan bien lo consciente de lo inconsciente, de la fantasía. Creo que eso si bien en pintura no se puede replicar exactamente igual, mi idea era buscar algo que tuviera un poco ese espíritu: que tuviera una pintura realista, te evoque y que haya una narración; trata de apelar a los sentimientos humanos más básicos, dependiendo del cuadro. 

Yo logré conectarme con esta sensación primaria o infantil que te estremecía o te pasaba con los cuentos, cuando me conecto con eso, con esa acción o lo que quiero pintar, logro darle esa armonía.

Eso es como el espíritu de la obra, ahora también está la idea de la pintura como tradición y la búsqueda de la armonía en el cuadro y de la búsqueda de la belleza, que es una constante. A veces ocupo objetos que no se consideran especialmente bellos, llámese carne o un animal descuartizado, pero es que eso da lo mismo, al final la belleza en una pintura es cómo se manejan los componentes que apelan a la belleza. Si bien eso no va a ser totalmente objetivo, hay cierto control ahí. 

Cada cuadro está súper pensado en su matemática interna, todos los elementos están ahí por algo, yo no trabajo de forma azarosa. Es súper complicado meter muchos elementos al mismo tiempo y que de lejos te funcionen en un orden donde se ven armónico, ese es el gran desafío, que fue mi desafío principal y es donde me entretengo también. 

- "La vida entera" tiene un dejo desolador ¿tiene algo que ver con ese miedo que tenías de niño a la muerte?

- Claro, creo que no es algo tan específico de mi infancia, como que haya pasado por algo perturbador más que por mi condición de ser muy sensible. La paranoia es de los sentimientos más básicos, tiene que ver con la percepción de la muerte. Ese sentimiento está, lo que pasa es que yo lo sentía muy consciente y me acuerdo muy bien también. Era especialmente persecutorio, creo que había algo en la etapa de guagua no tan bien superado.

Creo que me sirvió vivir estas pulsiones un poquito más grande porque conozco el sentimiento. En algún momento pasó al consciente y lo pude procesar y puedo volver a él, no tengo que sentir de forma tan extrema pero sé dónde está, puedo manejarlo y traspasarlo. Al final yo como artista puedo comunicar eso, más que si mi mundo interno sea necesariamente tan sufrido y tan complejo. Pienso que ahí radica esa sensibilidad. Igual me queda la paranoia.

Uno se conecta más cuando esta solo, y ahora he estado con mucha gente, con mucha entrevistas, con clientes y cosas y no me puedo concentra;, no creo nada, tengo que estar solo y al estar solo te angustias también y eso es porque estoy solo y no porque me conecté a un sentimiento. Es entretenido estar armando, estar creando es súper estimulante para el cerebro, pero la consecuencia es la soledad y la soledad es media enfermiza. Entonces hay que tratar de mantener el equilibrio.

- ¿Qué significó para ti poder exponer de manera individual en el Museo Bellas Artes, sobre todo considerando que ha tenido harta repercusión tu obra e incluso la alargaron al 29 de junio?

- Estoy súper contento y orgulloso. El sentimiento de gratitud lo he sentido de forma gigante, porque la cosa no pasa solo por mi. Esto está bastante cerca de lo que yo andaba buscando, yo quería el Bellas Artes, quería más o menos esto, ha sido muy rico porque no ha sido ni más ni menos que el deseo. Planeé la forma de cómo lograr esto bien, no es que sea tan calculador, es como enfocar una meta y hacer todos los pasos que se deban hacer para hacerlo. Obviamente, siempre está el miedo que te ignoren y para un artista es terrible, no tanto que me ignoren a mi como persona sino a la obra. Por suerte, no hubo ningún problema porque los otros es lo que yo no puedo controlar.

- Haz expuesto afuera, ¿cómo te forjaron e influyeron esas experiencias?

- Esas fueron experiencias previas para creer que la cosa me iba a funcionar más o menos bien. He tenido buena experiencia en hacer individuales, he trabajado en pocas colecciones colectivas, porque no funciono muy bien en conjunto, me cuesta dialogar con otras obras, por nada personal, han sido malas experiencias porque se luce menos. Es mucho más fuertes las obras en conjunto que solas. Esa ha sido un poco mi pelea. Mi experiencia afuera ha sido buena, conocer qué es lo que es estar en otro país, en México fue bien bueno, y era una galería importante. Fue bueno conocer cómo funcionan ciertas galerías. El mural del metro Baquedano, mezclado con lo de la CCU, estuvop bien para saber lo que era harto trabajo, porque me acuerdo que tuve que sacar la exposición y los murales al mismo tiempo y fue poco tiempo. Fue un año y medio y no debería haberlo hecho en tan poco. Ahora aprendí que debo tomarme algo más de tiempo.

- ¿Fue alto el costo personal?

- Sí, es siempre alta la saturación si no estoy suficientemente ordenado. Igual la vida personal me cuesta, no se me da fácil la polola estable por largo tiempo, demandan mucho tiempo y no puedo. A veces me gustaría pero no doy y hay demasiada energía acá. Está la pelea de la carrera y la persona que quieres y eso es complicado. De hecho, me he tratado de poner hiper práctico y decir que las reglas del mercado son estas, pero el mundo del arte es súper enredado pero con un poco de dedicación puedes comprenderlo, si al final no se aleja tanto del mercado y de las relaciones de poder que son mas o menos iguales en todas partes. En verdad, siempre está el forro existencial y si no, no te dan ganas de hacer nada y se sufre. Es el motor de la creación, es inevitable, yo traté de ser frío y no pude.

- Estuviste con retratos en el metro Baquedano y murales en el Casino Marina del Sol en Concepción y en la Viña Tabalí en Ovalle ¿Cómo es para ti esa experiencia de salir del museo para estar en una vitrina más masiva y cercana a la gente?

- El metro es mucho más masivo pero también es mucho más ignorado. La gente no va a ver arte, la gente va a trasladarse. Lo bonito del metro es que hay un momento en que está la novedad, tu estación cambió, tienes un quiebre y en ese momento te puede llamar la atención, pero después te acostumbras y pasa a ser parte de la estación, aunque sea algo bonito.

Me gusta estar más cerca de la gente pero prefiero los museos porque es más directo a lo que es arte, pero igual al estar en un museo estás mucho más cerca de la gente que estar en una galería. Encuentro bien interesante esto de los museos, que se pueda romper lo gris de la ciudad y si se puede aportar en eso bien.

La adquisición del arte es elitista, eso es inevitable, porque es un bien de lujo y eso no se discute, pero parte de las colecciones de los museos es arte para las personas. Nadie puede hablar de un derecho a adquirir pero sí un derecho a la cultura y eso sí que es importante y entre más masivo llegue mejor; si para disfrutar el arte no hay que ser un snob o saber tanto, entre más sepas vas a disfrutar otras cosas, lo que pasa es que una obra puede tener diferentes capas de placer al mirarla. Una obra muy buena, yo creo, es una que logre abarcar todo eso, que tenga distintas capas, y tiene que haber belleza.

- ¿Qué pasa ahora con la muestra?

- Eso lo aprendí tarde. De hecho, están vendidos gran parte de antes.

- O sea, en Chile ya no te vemos en un buen tiempo...

- Me encantaría, porque aquí vivo y no me gusta desligarme. Como yo lo pienso es hacer un tiempo carrera fuera y armarme el mono. Después de eso tratar de conseguirme un museo bueno afuera, ojalá más de alguno, teniendo eso se prepara una exposición grande en un buen tiempo y esa la puedo hacer girar por Chile también. 

Mi ideal es que esto sea en unos tres años más para armar algo bueno. Eso sería lo ideal.

Para mi lo ideal sería ojalá exponer un puro museo, no es tan fácil, pero me gustaría y si yo pongo mi energía en eso, se puede hacer algo así. Ese es mi gran sueño, porque generas cultura y presentas algo de otra forma, no es algo solo para un tipo de público. 

Retratando la región

- ¿Cuál es tu análisis de lo que está pasando con la pintura tanto en América Latina como en Chile?

- Cada país tiene su tipo de arte, sus vacas sagradas. Creo que los latinos tienden un poco más a las formas, se puede dar un poco más de pintura figurativa, porque creo que no los tenemos en los museos a diferencia de Francia. En China también se da bastante. Igual los artistas tienden a meterse mucho en todo y ver otras culturas, a lo más se podría decir que hay algo entre occidente y oriente, pero con la conectividad actual no es tan marcado.

Ahora se da que es tan grande el mundo y hay tanto para ver que empiezan a perderse esas megas tendencias mayores que abarca todo, más bien se podría hablar, no de un nuevo movimiento, si no de movimientos que ya existen y que son híbridos de varios movimientos anteriores o estéticas que empiezan a tener un poco más de peso. A mi me interesa mucho el pop subrealismo y el arte urbano, por ejemplo, han tenido un cierto peso que antes no tenían, porque antes estaban ligado a la ilustración y al arte callejero como manifestaciones y de repente pasaron al circuito de arte contemporáneo y ya empezó a jugar con otros códigos, después va a tener su decadencia, como todo. Pero todavía está arriba de la pelota. 

- ¿Para dónde va la tendencia?

- No he visto nada que sea como un macro discurso hecho nuevamente, pareciera que se agotó hasta el máximo en el siglo XX. Es que hubo ciertos gestos como Duchamp o Kandinski, especialmente Duchamp que abrió tanto el espectro que mandarse otro gesto duchampniano ya no cuenta, o sea, tú podrías hacer la cosas más extrema y ya está dentro del gesto de convertir cualquier cosa más extrema en arte. Marcó cómo lo que rodea al arte o lo que dice qué es arte. 


- ¿No ves como una voz propia a nivel de región?

- Creo que en Latinoamerica hay algo más cercano a la magia, un poco como realismo mágico de Gabriel García Márquez. Creo que algo se manifiesta en lo visual, se siente más que en otros países. Puede venir también de toda la cosa indigenista latinoamericana, que algo influye, pero eso yo lo siento muy poco en Chile, para ser honesto, porque en Chile no ha tenido una cultura indígena poderosa.

- ¿Sientes que el arte visual en Chile está estancado?

- No, lo único que va hacer es crecer porque el mercado está creciendo mucho. Habría que ver que los artistas tenga la responsabilidad de no entrar en una copia de mercado. El mercado especulativo del arte no pasa en Chile pero sí en Estados Unidos, donde se manejan como acciones y van tipos especuladores para comprar cuadros como inversiones y después esas mismas colecciones grandes tratan de subirle el precio dándole legitimidad y cosas. Eso en Chile no funciona pero es muy probable que se replique porque el país crece económicamente y empiezan a generar ciertos mercados, no de forma tan masiva pero sí algo.

- ¿Cómo te sitúas dentro de todo este escenario Latinoamericano y chileno?

- Si bien mi pintura parece más europea antigua, creo que tiene mucho de latinoamericano por esta relación con lo mágico y con el campo, si gran parte de los cuadros los sacos del campo. Creo que esa sensación de magia, puede ser representativo, pero insisto que hay una conexión demasiado grande a nivel mundial, entonces el arte está súper unido, creo que ha muerto mucho la tendencia local.

Lorca pintando a Lorca

- Es algo extraño que tu pintura, con una clara influencia renacentista, sea preparada en un computador

- Encuentro que las nuevas tecnologías siempre son útiles. La tecnología uno tiene que ocuparla para que seamos mejores, esa es la idea. Para mi pintar ni siquiera es obligatorio es que me funciona mejor. La imagen la podría armar en el computador y hacerlas con fotos más pro e imprimirlas en papel fino y sacar diez copias y si las vendo todas ganaría lo mismo. Pero es diferente, la sensación es otra y me queda mucho mejor la pintura. Respeto el sistema antiguo y el cómo se debe hacer para ese tipo de pintura. Muchas veces se me habla del hiper realismo, y eso busca otra cosa: es un proceso que busca replicar la foto igual, hacerla idéntico y ahí ya no pintas, encuentro que no tiene sentido para mi, tal vez para otro sí. 


Antes pintaba con modelos en vivo, a la antigua. Fue super bueno eso, creo que es super difícil llegar al tipo de pintura que hago yo sin haber pasado por eso. Entonces, después mi modelo puede ser la pantalla pero mi proceso va a ser igual que si lo tuviera en frente mio.

Además, todo es propio. Las fotos las saco yo. En el fondo, tengo algo en la cabeza y tengo que ocupar todas las herramientas para hacer que ese algo exista y sea bello. Con la pintura lo voy a hacer más bello y más poderoso, en el computador hago que exista. 

- ¿Cómo fue la experiencia de ser el primer latinoamericano en ser pupilo de Nerdrum?

- Se puede ver en la forma que pinto la carne en general. No fui donde Nerdrum a aprender a pintar realismo, ya sabía, podía hacer un cuadro igual a una foto de chico, pero cómo darle fuerza, cómo hacer que no sea igual a una foto, a eso fui. Si no me habría buscado a otro artista más realista. Pero él tiene una carga fuerte en las pinturas y yo quería rescatar ese espíritu, no copiarle, sino ver qué puedo rescatar de eso para mi y tratar de comprender ese espíritu. Ese fue el aprendizaje, fue importante ir enfocado en eso. Veía que los alumnos de él caían mucho en ser pequeños Nerdrum, una entonces mal. Lo que pasa es que lo admiran demasiado, está bien, yo lo encuentro admirable, pero una cosa es admirar a alguien y otra es que sea tu Dios y cuando es tu Dios, tú siempre vas a ser inferior. 

- Otra faceta artística tuya fue tu paso como actor en el largometraje de Marcela Said, “El verano de los peces voladores”, estrenada en el Festival de Cannes 2013 ¿Qué significó para ti ese rol de actor y su repercusión como pintor, considerando que obras tuyas salieron en el filme y tuvieron una tribuna tan importante como Cannes?

- Eso estuvo interesante. Fue más que nada un dato freak. Fue experiencia de entretención, feliz la repitiría, pero no mucho porque quita tiempo y no soy tan buen actor, salvo para un papel secundario y poquito. Todo nació porque un productor se lo recomendó a la directora, porque ella venía de documentales, entonces le interesaba eso de que algunos personajes fueran de la vida real. He actuado en otras cosas chicas, hicimos un teaser de una comedia de Rodrigo González, que no sé cuando van a estrenar. Era estimulante e interesante que las obras estuvieran ahí, en ese sentido fue súper bueno, se veían súper bien y a mi me gustó compartir con otro tipo de rubro.

- ¿Qué se viene?

- En diciembre, con Yael Maren Rosenblut, Art Miami, donde participaré con un solo con trabajos que tengo que preparar. Tengo una exposición de pintura realista en Barcelona, se llama Algo más que realismo, en noviembre, en la que participaría con un cuadro. Lo otro no tengo ninguna seguridad pero estoy tratando que me salga, estoy cruzando los dedos con ansiedad. 

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