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Tres rituales para tu año nuevo

Por El Espectador | 31 Diciembre, 2018 - 13:00
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Todos tienen algún ritual para el cambio de año y María Cecilia Palacios, autora del libro “Un mundo con otros ojos”, recomienda tres para recargar la energía.

Palacios es psicóloga. Durante más de 14 años ejerció su profesión trabajando en empresas, pero su estabilidad comenzó a alterarse cuando se quedó sin trabajo, agotó sus ahorros y finalizó su relación de pareja. Esta serie de sucesos la llevaron a reconectarse con el don que cree tener desde que es una niña, y desde 2015 trabaja con los “chicos” como ella los llama: los ángeles. La psicóloga y coach espiritual ha escrito dos libros, el primero “Un mundo con otros ojos”, y próximamente lanzará “¿Que hice para merecer esto”? Las dos ediciones se centran en que a partir de la experiencia de sus pacientes y la de ella, trasnmitir las enseñanzas de amor, perdón y reconciliación que ha vivido a diario desde que decidió escuchar los mensajes de esos seres que, según Palacios, buscan que los seres humanos se conecten con su propósito de vida, suelten la víctima que llevan dentro y descubran su capacidad de crear realidades nuevas. 

Los tres rituales que sugiere María Cecilia Palacios son:

1.Agradecer

Para hacerlo en modo ritual, escriba en una hoja blanca todas aquellas cosas, personas, experiencias y aprendizajes que enfrentó en el 2018. Al terminar, queme esos papeles con el fuego de una vela azul o morada. Tome la hoja con su mano izquierda, aquella encargada de recibir las bendiciones del cielo. Según Palacios, el agradecimiento es de esas vibraciones que al universo le encantan

2. Deje ir

Revise su habitación, su carro, el cuarto de “chécheres”, los cajones de su mesa de noche y deje ir aquello que ya no existe en su vida. Deshágase de las notas de viejos amores, los regalos significativos de quienes ya no están en su vida, aquella ropa que ya no usa, los recibos de las cosas que ya no utilizó y perdieron su garantía hace años. Limpie sus espacios, mueva los muebles, dele espacio a lo nuevo para que entre. Después empiece a buscar un espacio de relajación. Ponga la música que más le gusta y encienda una vela, no importa el color, hágalo con aquella que vibre y traiga a su mente y corazón situaciones que ya puede liberar. Siéntese en posición de loto e imaginase de nuevo esa situación, pero modificando el final. Comprenda que eso que vivió hoy le hace un ser humano diferente, así que abrace esa situación y despídase de la emoción dolorosa que trajo consigo. Hágalo desde el amor, comprendiendo que si lo vivió, era necesario en ese momento de su vida. Despídase de quienes que ya no están en su vida. A esas personas escríbales una carta. Olvídese de enviarla, ese regalo es para usted. Escriba aquello que dolió, lo que le disgustó, reclame sino lo hizo en su momento, cuénteles lo mucho que significó en su vida. Diga lo que quiera en su carta y al final despídase. Dígale adiós a esos maestros que tantas enseñanzas hoy le dejan y déjelos ir. Es por usted, no por ellos. Es por su camino hacia la libertad. En la vela que le acompañó en este ejercicio, puede dejar esa carta.

3. Pida desde el alma

Empiece por ser consciente de que es merecedor de toda la abundancia y el amor que el universo tiene para darle. Se lo merece por el simple hecho de existir y ser una creación de la divinidad. Una vez traiga esa frase a su mente: “soy merecedor de todo el amor y la abundancia que el universo tiene para darme”, olvídese de las leyes universales, de esas que fueron creadas desde su mente y que limita todo aquello que puede recibir. Busque una copa de vidrio transparente donde introducirá todos sus deseos y sueños. Cuando los piense, recuerde que el universo necesita los detalles necesarios para que la interpretación no tenga espacio. Piense desde el fondo de su alma que le hace vibrar, que le hace sentir grande y lleno de amor y pídale desde ahí a todos los ángeles dorados que se lo concedan. Se debe hacer con pleno convencimiento. Escriba sus sueños y deseos en pequeñas hojas e introdúzcalas en su copa. A las doce de la noche, sáquelas de allí y rómpalas o quémelas con una gran sonrisa en sus labios. Sonría desde ya con tan solo pensar en disfrutar de toda la abundancia del cosmos.

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