Reseña

After Life: Una amarga y cercana comedia

Por Emmanuel Bremermann / El Observador |  7 Mayo, 2019 - 11:01
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La serie ya fue confirmada para otros seis episodios que serán publicados en Netflix en 2020.

Antes de empezar, una confesión y un pedido de disculpas: no ha pasado por delante de los ojos de quien escribe estas líneas otra faceta de Ricky Gervais que no sea la de conductor de alguna que otra aburrida ceremonia de los Oscar. Ni The Office, ni Extras, ni Derek, ni sus especiales de stand up, ni nada más. Solo él, en solitario, contando chistes de mal gusto en un escenario donde nadie quiere ver su cara, sino a los ganadores de una estatuilla sobrevalorada. De nuevo: nada más, ni nada menos. Pero el mundo en el que vivimos hoy –uno que te mete la información en la cabeza aunque te resistas– me permite, sin embargo, pintarme un fresco de lo que Gervais es como cómico, o al menos una percepción general, tentativa y muy subjetiva de lo que representa su humor. 

Lo primero que se puede decir es que, al parecer, el cómico inglés siempre tendrá un comentario solapado y ácido que se clavará en la carne como una dolorosa bala verbal. Que camuflado entre los pliegues de un humor corrosivo, Gervais se demostrará conocedor de cada punto débil de quien tenga adelante, sopesará el tono de sus palabras y largará una andanada de epítetos y subtextos más duros que su propio corazón. Podemos decir que ese vómito será crudo y sin censura, pero de alguna manera auténtico y adecuado. Espontáneo. En Gervais hay algo de misántropo y vicioso, algo desencantado y aburrido, algo siniestramente humano que evidencia los límites del sentido del humor. Algo perturbador, si se quiere. Y tierno, también.

Según parece, todo esto está en el resto de su carrera y, según parece, After Lifees diferente y similar a la vez. Escrita, producida, dirigida y protagonizada por él mismo, la serie estrenada hace poco en Netflix corrió como pólvora entre sus usuarios. Primero, pasó de boca en boca; después, de portal cultural en portal cultural. Gervais se convirtió así en uno de los últimos estallidos de la plataforma de streaming, tanto que ya anunciaron la temporada 2 para 2020. Uno se preguntará, ¿por qué tanto masoquismo, por qué tantas ganas de ver en acción a un tipo que de lejos ya parece repulsivo? Porque, sorpresivamente para aquellos que no lo conocíamos delante de la pantalla, en After Life Gervais demuestra que, escondida entre su misantropía purulenta, había humanidad. Una humanidad negra, pero humanidad al fin.

Encerrado en el duelo

Con el subtítulo de Más allá de mi mujer comienza la historia de Tony (Gervais), un cincuentón que vive en el pequeño y muy inglés pueblo de Tambury y acaba de quedar viudo; por ende, acaba de perder lo único por lo que creía que valía la pena comer, salir, dormir, vivir. Abotagado por el duelo, encerrado en una rutina que incluye videos póstumos de su esposa para encarar la nueva “vida”, paseos por el cementerio, autocompasión, muchas calorías y un trabajo que solo ayuda a acrecentar su  ganas de tirarse por la primera ventana que se le cruce, el hombre decide ponerse a pensar cuál es la mejor manera de suicidarse. Las veces que lo intenta –en su mayoría, con pastillas– no lo frena la posibilidad de encontrar un propósito nuevo ni el miedo a la muerte, sino el remordimiento de dejar a su perro huérfano. Y así sigue: destruyendo con su acidez y despreocupación a cuanta persona intente relacionarse con él.

En ese espiral de oscuridad caen, por ejemplo, su cuñado Matt, un tipo al que se lo podría catalogar con el título del hombre más bueno del mundo. Matt, director del diario local donde trabaja Tony, intenta elevar la autoestima de su pariente político con nuevas citas, frases inspiradoras y aire fresco, pero se rinde; nadie se lo podría reprochar, la verdad. Pero las víctimas de ese agujero negro llamado Tony son más: los cuatro empleados del Tambury Gazette, el diario local donde trabajan Tony y Matt, un dealer que termina siendo una especie de “hermano de duelo”, una prostituta local que se encariña con él y le lava los platos, una veterana que encuentra en el cementerio y una benevolente y tolerante enfermera que cuida al senil progenitor del protagonista. Todos son lastimados en mayor o menor medida por este embajador del dolor y la angustia, incapaz de sobreponerse a su pérdida.

Pero esta historia no es sobre el duelo porfiado y sobre no poder seguir adelante. Aunque por las descripciones anteriores no lo parezca, After Life es un pequeño ensayo sobre cómo reconciliarse con la vida y ver el lado bueno de las cosas. En medio de la oscuridad de Tony, el humor más sensible comienza a surgir y la esperanza lanza los primeros rayos tenues en su vida. En los intentos de su entorno por recomponerlo, Tony comienza a entender que tal vez, a pesar del dolor y lo tórrido del mundo, pueda llegar a existir algo por lo que seguir respirando. Y también, que no precisa ser tan cínico y duro.

En After Life uno no se ríe a carcajadas; tampoco sufre a la par de Tony, ni lo acompaña en su espiral autodestructiva. En esta pequeña y sencilla serie de no más de seis capítulos de media hora, el corazón se reconforta al tiempo que la comedia logra sacar varias sonrisas con excentricidades mínimas y de lo más agradables. Ya sea por los entusiastas habitantes de Tambury, que desean salir en el diario con historias de lo más absurdas –del estilo “un hombre se inyectó semen y la hinchazón tomó la forma de Morgan Freeman”–, o por los dinámicos intercambios entre Tony y el fotógrafo del diario, sucederá: se descubrirá a sí mismo, encarando los créditos de cada episodio con el rostro sonriente y expectante.

Pero el dolor también tiene su lugar y, alternando escenas con la comedia, llega en pequeñas dosis para dejar un gusto, por momentos, amargo. En esas instancias es donde la visceralidad se apodera de la historia y, con un soundtrack plagado de canciones hermosas, logra alcanzar altos picos de emotividad.

Con el ateísmo nato de Tony como guiño, el After Life del título hace referencia a lo que llega tras el punto final. Para algunos será la muerte, para otros un paraíso prometido, pero para Tony es lo que vino luego de perder a su mujer. A lo largo de estos minutos fragmentados en capítulos se lamentará y se revolcará en el dolor, pero también llegará a aprender que hay vida después de la muerte, incluso cuando lo que murió fue el motor que bombeaba su corazón. Que Gervais, cínico despiadado, misántropo acérrimo, hater por antonomasia, se haya elevado con este canto a la vida no deja de ser, al menos, irónico. Y extremadamente disfrutable. 

Para profundizar

La segunda
Netflix ya anunció otros seis episodios para 2020. Gervais dijo que nunca había experimentado una reacción así, dijo estar emocionado y aseguró que trabajarán el doble para la T2.

Más de Ricky Gervais
En Netflix también se puede encontrar la serie Derek, las películas Special correspondent David Brent y el especial de stand up Humanity.

El soundtrack
Por los parlantes de After Life suenan Elton John, Daughter, Lou Reed, James Taylor, Hammock, Cat Stevens, entre otros. La playlist está en Spotify.

El pueblo
Tambury, el lindo pueblito de la serie, son varios lugares a la vez, pero la mayor parte de la serie se filmó en Hemel Hempstead, un soleado rincón del sur de Inglaterra.

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