Reseña

Lo mejor del último Nobel de Literatura volvió a las librerías

Por Andrés Ricciardulli |  20 Diciembre, 2017 - 10:47
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Nocturnos, de Kazuo Ishiguro, es un texto con relatos protagonizados por músicos.

El Observador | Aunque se sabía de antemano que la academia sueca se iba a curar en salud después del papelón que resultó la edición 2016, con el triunfo del músico Bob Dylan, no dejó de sorprender la designación de Kazuo Ishiguro como nuevo ganador del preciado galardón. Entre otras cosas, porque su última novela, El gigante enterrado, es una obra con varios ogros y dragones en la vuelta, muy castigada por la crítica especializada.

Pero también porque hay que ser muy valiente para afirmar que Ishiguro es el mejor exponente de una generación que incluye nombres como el de Martin Amis, Ian McEwan, Salman Rushdie, Julian Barnes o Hanif Kureishi.

Merecimientos aparte, las librerías de Montevideo ya están llenando las góndolas con sus libros más conocidos como Lo que queda del día o Los inconsolables, pero también con piezas menos difundidas como este Nocturnos, que se compone de cinco relatos protagonizados por músicos que se debaten entre venderle el alma al diablo para alcanzar el éxito o padecer el libre albedrío con estoicismo.

En todos los textos se aprecian las virtudes de la prosa de Ishiguro, prístina y poco propensa a la metáfora, que en estos relatos independientes pero con vasos comunicantes se afina aún más para lograr una cadencia musical que parece adaptarse a lo que narra. Un tono de balada que se ve interrumpido, cada tanto, por diálogos que funcionan como un solo instrumental dentro de una canción.

Muchos de los cuentos tienen en común el encuentro entre dos generaciones aparentemente desconectadas en todo, salvo en lo musical. Pero Ishiguro no se limita a mostrar esa distancia, sino que también propone el contacto entre gente de la misma profesión, en este caso músicos, que se encuentran en distintas etapas de sus respectivas carreras. Con ello logra hincarle el diente al tema de los sueños de juventud y como la vida los va desgastando hasta casi disolverlos.

Esto es patente en El cantante melódico, un relato donde un joven músico callejero que trabaja en Venecia reconoce entre los turistas a una vieja gloria de la canción estadounidense, que lo convence para que lo ayude a tocar una serenata para su mujer, de la cual se está por divorciar.

Lo que importa es que la mujer lo deja porque ya no es la estrella de antes, pero pesa aún más la historia personal de ella, el cómo sus propios sueños se diluyeron décadas atrás, en Los Ángeles, trabajando en una cafetería hasta que no le quedó más remedio que colgarse del éxito ajeno para poder sobrevivir.

En Nocturno, la obsesión por el triunfo llega a cotas insospechadas cuando un músico acepta a regañadientes someterse a una cirugía estética facial. Sorprende aquí el escritor japonés por su fino sentido del humor, que se expresa a través de la figura del manager, un optimista más que un oportunista, que lidia con la depresión del protagonista.

Es genial cuando Ishiguro decide que en la sala de al lado del hospital donde el paciente se recupera con la cara vendada, se encuentre una mujer (la señora de El cantante melódico, ya divorciada) en la misma situación pero por otros motivos.

En Violonchelistas, una mujer madura descubre el talento de un músico y se ofrece para ser su profesora durante unos días. En medio de seducciones y peleas surge la desconfianza del estudiante, ya que la maestra nunca toca el violonchelo, a pesar de sus enormes conocimientos teóricos y su evidente sensibilidad musical.

El libro se completa con Malvern Hills y Come Rain or Come Shine, variaciones sobre el tema del éxito o el fracaso, que subrayan la necesidad de arriesgarlo todo cuando es el momento adecuado.

Nocturnos, en conjunto, es un buen libro de cuentos.

Imagen: Frankie Fouganthin [CC BY-SA 4.0], via Wikimedia Commons