Reseña

Los años invisibles: La adolescencia en dos planos

Por La Razón |  22 Enero, 2020 - 08:11
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Esta novela corta de Rodrigo Hasbún se divide en cinco partes que cuentan la historia desde dos puntos temporales.

Los años invisibles es la última novela del escritor cochabambino Rodrigo Hasbún, se publicó a finales del 2019 en Bolivia gracias a la editorial El Cuervo. Es su tercera novela corta, la primera El lugar del cuerpo fue publicada en 2007 y la segunda, Los afectos salió a la luz en 2015. Esta última publicación es un texto corto, menos de 200 páginas, que intenta describirnos la vida de un grupo de adolescentes, de tres en particular, contrastándola con el presente en el que ellos ya son adultos. Es también la historia de una novela inconclusa escrita por uno de los personajes principales: en ella se trata de narrar estos ‘años invisibles’, esa época de transición entre la niñez y la adultez en la que muchas veces no nos percatamos de lo que hacemos. Estos años, representados en la novela en unas cuantas semanas, marcarán irremediablemente, y de manera bastante desalentadora, a todos los personajes. El libro alterna entre dos historias, separadas temporalmente pero unidas en su contenido, la narración que corresponde a la adolescencia y aquella que se cuenta desde la actualidad de los personajes, que es también la nuestra. La novela se divide así en cinco partes: 1, 3 y 5 narran la juventud de los personajes en Cochabamba, 2 y 4 nos hablan desde el presente en otro escenario, Houston, que es además el título de ambas partes.

El primer capítulo, Allá lejos, nos presenta el escenario que se desarrollará a lo largo del texto a través de dos personajes, Ladislao y Andrea. Ladislao es un adolescente cochabambino que sueña con ser director de cine. Él tiene una cámara, graba todo lo que puede y se la pasa en un videoclub de su zona intentando expandir sus conocimientos sobre el séptimo arte. Es justamente en un videoclub donde comienza su ‘verdadera’ historia, la que lo marca de por vida: se encuentra ahí con su joven profesora de inglés que se convertirá poco tiempo después en su amante. El segundo relato que aparece es el de Andrea. Ella es compañera de curso de Ladislao y acaba de enterarse de que está embarazada. Este acontecimiento en particular desencadena el fall from grace de todos los involucrados de una u otra manera en el grupo de amigos. Esta narración, junto con la anteriormente descrita, se intercala en todas las partes referidas al pasado.

La segunda y la quinta parte de la novela transcurren en Houston y tienen como personaje principal a Julián. Este pasa ligeramente desapercibido en la narración sobre Ladislao. Es el mejor amigo de este, es inteligente y pesimista, pero no sabemos realmente mucho sobre él. En estos capítulos mencionados Julián es quien narra, es además escritor y como lectores se nos da a entender que lo que hemos leído sobre Ladislao y Andrea es la novela incompleta que ha escrito él mismo. Lo que este presente narra corresponde al encuentro que tiene él con Andrea después de 21 años, con el recuerdo muy presente de la trágica noche en la que se ven por última vez. Andrea ha contactado a Julián porque desea hablar con él de la novela que está escribiendo. Este texto, que los lectores ya conocemos, es un intento por hablar sobre esa época de su vida que parece haberlos marcado tanto y de la que al mismo tiempo no parecen saber/entender mucho. Su adolescencia abre paso a un sinfín de desilusiones y decepciones.

En la conversación que tienen ambos personajes, Andrea señala las imprecisiones, las diferencias entre lo que Julián ha escrito y los hechos que realmente han ocurrido. Parece ahí señalarnos la dificultad inherente de cualquier proyecto escritural, más aún si es en alguna medida autobiográfico. Ese es el juego en el que insiste la novela de Hasbún: dos historias en apariencia separadas, una ficcional (metaficcional para nosotros lectores) donde se originan los personajes y la trama; la otra, actual, real y viva que aparece como contrapunto necesario para terminar de cerrar la historia primera. La división nos está dada de entrada por los diferentes narradores, uno omnisciente y otro en primera persona. Ambos parecen hacerse la misma pregunta, ¿cómo contar la vida íntima de un adolescente, sus pequeñas vergüenzas, sus secretos, sus logros intrascendentes? Aunque este libro demarca un tipo de juventud particular marcada por excesos de opulencia y violencia es también una reflexión sobre la adolescencia en general. El narrador omnisciente sabe y ve todo del adolescente, su pensamiento, su existencia entera, lo condensa como un todo y nos lo muestra. El narrador en primera persona, Julián, es incapaz de acercarse completamente al adolescente, representado por Ladislao en ambas partes, el que no logra crecer y establecerse, el que no puede salvarse. La adultez no es realmente capaz de aclarar o consolidar una identidad, es un espacio donde permanece la incertidumbre, la duda, el pánico y la narración problemática: hay cosas que Julián no puede decir, solo sugerir.

Una distancia adicional media además entre ambos espacios que no es el alejamiento del tiempo transcurrido. La otra distancia, geográfica, es un asidero necesario pero no exento de falencias para los personajes. Julián, Andrea y Ladislao son todos migrantes que han dejado definitivamente Bolivia por Estados Unidos en su adolescencia. Ladislao y Julián vivirán aquí y allá pero el cineasta nunca podrá hacer una película ni el escritor terminar su libro. Para Andrea, salir de Bolivia será la única condición posible para seguir después de lo que le ha pasado, pero vivirá obsesionada con los paraderos de todos sus compañeros de curso. La experiencia del migrante, como la de la adultez, se vive como la de la escapatoria fallida. Si bien Julián tendrá un poco más de éxito frente al resto, no volver más a Bolivia parece ser la única condición posible de su vida y de su escritura. En algún momento este responde a una pregunta de Andrea de la siguiente manera: “Pregunta por Houston. ‘¿Te gusta?’ ‘Me gusta que sea casi como estar en Latinoamérica’, digo.”