Reseña

Los últimos Jedi, la película en que los maestros fallan

Por Concepción Moreno/ El Economista.com.mx |  15 Diciembre, 2017 - 10:15
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Una historia de aprendices rebeldes con un montón de subtramas que no funcionan del todo. No obstante, no todo está mal en esta entrega de la saga que desvela a millones.

Al llegar al cine veo a dos niños jugando con sables de luz. Pienso: eso demuestra que Star Wars es el gran proyecto vendible de la cultura pop. Cuando una generación que ni siquiera estaba en pañales cuando las abominables precuelas de los 90 existieron abraza de esa manera a un universo ficticio, caramba, alguien está haciendo bien las cosas.

Ese alguien es, desde luego, una entidad tan poderosa como el Imperio: Disney. Cuando Disney decidió hacerse de los derechos de la saga de George Lucas uno sabía que algo interesante estaba por suceder.

Henos aquí, disfrazados, o con playeras o gorros de Chewbacca para disfrutar la película más esperada del año. Al menos para los fans de Star Wars, que somos legión. Episodio VIII: Los últimos Jedi es el hálito de esperanza para nuestros cansados corazones. Cansados de Batmans estúpidos o de Iromans y Thors que solo saben decir chistes. Star Wars es cosa seria.

¿Lo es? Creo que precisamente ese es el problema de Los últimos Jedi, dirigida por Rian Johnson (Looper, Los hermanos Bloom). Se toma demasiado en serio a sí misma. Sí, lo que digo es un lugar común pero me explico: si el sentido de la heroicidad está en un solo personaje, una historia puede sostenerse mejor que si abundan pequeños héroes aquí y allá teniendo su propia épica. Lo repito: también se puede ser demasiado épico; también se pueden tomar las cosas demasiado en serio.

La trama no es complicada, si se tienen los antecedentes claros. Vamos a ver: la galaxia muy muy lejana de nuevo se encuentra en apuros por el surgimiento de una nueva fuerza oscura, la Primera Orden. Leia Organa (la fallecida Carrie Fischer en su último papel) lidera una minúscula flota rebelde.

La esperanza: encontrar al último Jedi, Luke Skywalker. La misión recae en una chica con poderes asombrosos, Rey (Daisy Ridley), quizá sí, quizá no, una elegida de la Fuerza.

En esas estamos cuando comienza Los últimos Jedi. Kylo Ren (un brillante Adam Driver, roba reflectores), el heredero aparente de su abuelo, Darth Vader, tiene una conexión extraña con Rey. ¿Es amor? ¿Es lealtad? ¿Es la confusión de dos chamacos atrapados por los designios de la Fuerza? No diré más.

La película es dispareja, tiene sus vaivenes. Como Johnson, director y escritor del guión, quiere desarrollar muchos personajes la emoción se atomiza. De repente tenemos a Poe Dameron (Oscar Isaac) haciendo el Superman o a Finn (John Boyega) conociendo el amor de la manera más inesperada. Hasta los personajes más pequeños tienen su cola dramática. Sí, para llenar dos horas y media de pietaje a veces hay que meter mucho relleno. Algo que celebrar es, sin embargo, que los personajes dejaron de ser tan maniqueos. Hay cierto nihilismo. Las batallas de naves piu piu piu no lo son todo (a decir verdad creo que la secuencia principal de guerra es muy lenta y mal desarrollada).

Y luego tenemos a Luke. ¿Será él quien venga a salvar la galaxia de nuevo? Un Luke viejo y cansado es el mejor detalle de la cinta. Pocas veces se narra el ocaso de los héroes y Rian Johnson aprovecha la oportunidad para cerrar un ciclo de la familia Skywalker.

Lo más interesante de todo es esa conexión perversa entre Rey y Kylo. Algo les depara el episodio IX a esos dos.

En general Los últimos Jedi es una cinta decepcionante, después de la enormidad que significó Rogue One y la buena película de acción que es Episodio VII: El despertar de la fuerza.

La mata de Star Wars va a seguir dando. Habrá muchos niños jugando espadazos con sables de luz y el nombre de Luke Skywalker resonará por todos los rincones de la galaxia. El final es muy significativo en ese sentido. Es, de hecho, la parte más conmovedora de la cinta. Algunos dirán que es cinismo de Disney. Yo digo que es hermoso.

No siempre se da en el blanco, pero fans de Star Wars, no desesperen. La sensación de que algo vital está en juego está presente. Y eso siempre será lo más importante. En esta galaxia y en la que sea.