Reseña

Ni Jennifer Lawrence salva del olvido a "Operación Red Sparrow"

Por Emanuel Bremermann/ El Observador |  2 Marzo, 2018 - 07:01
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Todo el mundo habló de la película por el desnudo total de su protagonista. Sin embargo, nunca termina de funcionar y entretener.

Los desnudos en el cine son casi tan viejos como el cine mismo. El primero fue el de Hedy Lamarr en una película checa llamada Éxtasis. Era 1933 y esa película tenía otro elemento polémico: el primer orgasmo fuera de las películas pornográficas. El largo recorrido desde ese filme hasta hoy demuestra que los desnudos siguen siendo un tabú con el que muchas mujeres deciden no transar, y con el que Hollywood no transa si se trata de un pene.

En el caso femenino, un ejemplo claro es Emilia Clarke, la Daenerys Targaryen de Game of Thrones, que una vez que su fama empató a la de la serie se encargo de dejar por escrito que para ella los desnudos totales/frontales iban a dejar de ser la norma.

Sin embargo, hay actrices que hacen el proceso inverso. El caso puntual es Jennifer Lawrence, una actriz que se catapultó muy joven, que fue víctima de la filtración masiva de imágenes privadas denominada Fappening (en aquel momento declaró que se sintió violada), que ganó un Oscar y que lo había dejado bien claro: no habría desnudos en su carrera.

Pero un día cayó en sus manos el guion de Operación Red Sparrow, una historia que involucraba sexo, violencia y –obviamente– personas mostrando mucha piel. Cuando eso pasó, aún no habían surgido los movimientos de #TimesUp y #MeToo, pero algo ya había cambiado su manera de pensar. Lawrence se dio cuenta de que su cuerpo y la posibilidad de mostrarlo en pantalla podría utilizarse como arte y arma para el propio empoderamiento de la mujer que ella quería defender. Y cuando el asunto de verdad explotó tras el escándalo de Weinstein, esa certeza se consolidó.

"No me había dado cuenta de cuán dominada estaba por las inseguridades y el miedo a ser juzgada. Me sentí liberada de eso, amé mi cuerpo, amé mi arte, y estoy muy feliz con esta película y de haberla hecho", dijo en su momento la actriz para algunos medios mexicanos, entre ellos el portal InStyle. "Encuentro esta película muy empoderadora para las mujeres y también para mí, personalmente. Empezamos a hacerla hace tres años y hoy las cosas no podrían ser más relevantes", agregó.

Su desnudo para esta película, de todas formas, no estuvo exento de polémica. Algunos colectivos feministas, por ejemplo, aseguraron que no colaboraba con sus políticas. Tampoco cayó bien el vestido con el que apareció en la première en Londres. Tacharon su conducta de "machista". Lawrence hizo oídos sordos y continuó en su línea.

Perdidos en Rusia

En Operación Red Sparrow, Dominika Egorova (Lawrence) es una bailarina de ballet a la que le va muy bien; es la estrella del Bolshoi. Pero un día su partenaire se cae sobre su pierna y la quiebra, alejándola para siempre de la danza. El problema es que "el accidente" no fue un "accidente", por lo que la lastimada bailarina decide vengarse violentamente. Como su venganza terminó convirtiéndose en un crimen, su tío, capo de la inteligencia rusa, le propone un trato: "vos te convertís en Red Sparrow y yo te salvo de la cárcel". Dominika acepta a regañadientes.

Pero, ¿qué son los Red Sparrow? En pocas líneas, son un grupo de espías entrenados para seducir y llegar hasta las últimas instancias con los activos enemigos a quienes deben espiar. Los Red Sparrow son maestros del engaño, de la seducción y el sexo. Como lo dice la propia protagonista en un momento: "somos una escuela de putas". A partir de allí pasará lo obvio: una misión para la protagonista, un amor imposible, un evidente juego de contraespionaje y muchos cabos para atar.

La película (que está dirigida por Francis Lawrence, encargado de algunas entregas de Los juegos del hambre) encuentra sus problemas a poco del inicio. Luego de un arranque que promete, el filme cae en un bajón que dura prácticamente una hora y media. El guion, que en los hechos tiene unos cuantos momentos a destacar, está mal ejecutado y termina por ser una sucesión de pequeñas escenas de violencia, drama y espionaje irresolutas, en las que parece que pasa de todo pero en realidad no sucede nada. Quédese tranquilo: si necesita tomarse unos minutos en la mitad de la película para tomar aire o ir al baño, hágalo. No se perderá de nada y entenderá todo.

Incluso las escenas de lucha o enfrentamientos resultan un poco incómodas. Hay secuencias muy fuertes de tortura gratuita que resultan extrañas para la película que se está viendo, porque el cariz del resto de la producción nada tiene que ver con ese hombre al que le están arrancando la piel en pantalla, por ejemplo.

Para sumar algún que otro sinsentido, los rusos hablan en inglés (con mal acento), pero cuando se comunican con los estadounidenses hablan en su idioma natal. Confuso.

El problema mayor es que Operación Red Sparrow no funciona ni como película para desconectarse. Nadie pretende ver rastros de Bergman o Hitchcock en una película hecha para entretener y cobrar entradas, pero cuando ni siquiera eso logra funcionar y el espectador termina pidiendo la hora, el resultado no puede ser otro que la decepción total. Al final, ni siquiera se recordará a esta película por la polémica del desnudo de Lawrence, porque al final resulta casi tan olvidable como todo lo que aparece en esta nueva producción.