Reseña

No todo brilla en Bohemian Rhapsody

Por Emanuel Bremermann / El Observador |  2 Noviembre, 2018 - 10:05
  • 1541019691335.jpg

La biopic de Freddie Mercury había creado grandes expectativas que no logró cumplir del todo, pero aún vale la pena la entrada al cine.

Fue muy fácil enamorarse de esta película antes de verla. Incluso para los menos fanáticos. Solo había que dejarse llevar por los éxitos enganchados en su adelanto. Por la expectativa de volver a ver, aunque sea apenas, una minúscula parte de la leyenda de Freddie Mercury (1946-1991). Por tener la oportunidad de repasar en pantalla grande y a todo volumen algunos de sus recitales. Era fácil. La entrada ya estaba casi vendida.

Bohemian Rhapsody, la primera película sobre Queen y su mítico líder –que llega este jueves a los cines locales– estuvo llena de problemas en su producción y se nota, y si bien las expectativas no son buenas amigas del resultado final, el filme logra pegar varios hitazos a pesar de ciertas contras. 

Por eso, para aquellos que no llegaron a enamorarse de la película en la previa y dudan si ir a verla o no, a continuación se estipulan tres razones por las que sí deberían comenzar a pensar en darle un poco de amor a esta producción sobre el bueno de Freddie. Por otro lado, para aquellos que esperan encandilarse por las luces de Queen y salir maravillados ante una biopic para el recuerdo, se ofrecen algunos puntos negativos para matizar el entusiasmo y no llevarse alguna sorpresa desagradable.

Lo que hace bien
Rami Malek

Su esquizofrénico personaje en Mr. Robot lo hizo conocido y solo era cuestión de tiempo para que este actor californiano de 37 años consiguiera un protagónico en el cine. Le tocó bailar con un desafío importante para el que tuvo que usar abundantes capas de maquillaje –para imitar la etapa más juvenil de Mercury– y una dentadura postiza extrañísima. Sin embargo, tiene a favor su aire exótico –sus padres son egipcios– que coincide con los rasgos asiáticos de Freddie Mercury –nació en Zanzíbar como Farrokh Bulsara pero tenía ascendencia india–. A pesar de que al comienzo cuesta acostumbrarse a su interpretación, Malek es cada vez más convincente a medida que avanza la película y su transformación.

La música

Estaba claro que iba a ser así. Todos los grandes éxitos de Queen se presentan en su composición, grabación y hasta en algunas performance en vivo. Difícilmente los ritmos de creación sean tan ágiles como los muestra la película, pero es bastante probable que escuchando los primeros acordes de Bohemian Rhapsody en los dedos de Mercury se sientan escalofríos. Si bien Malek no canta en la película –lo que suena es una mezcla entre su voz y la de Marc Matel, un imitador de Mercury–, el propio Freddie estaría orgulloso del resultado.

El Live Aid

No hay spoilers en Bohemian Rhapsody. Ya sabemos que Mercury murió de neumonía complicada por el Sida en 1991. También que uno de los show más memorables de la historia lo dio Queen, que duró menos de veinte minutos y que fue en el escenario inglés del Live Aid, un concierto masivo que en 1985 reunió a decenas de artistas en simultáneos en Estados Unidos e Inglaterra. El megaconcierto fue una movida benéfica para juntar fondos contra la hambruna en África. Allí, Queen desplegó seis canciones recortadas en una presentación que luego sería elegida como la mejor de la historia del rock. Bohemian Rhapsody, inteligentemente, decide abrir con su previa y terminar con una réplica de lo que fue aquel concierto. Es impresionante, pone la piel de gallina y vale cada peso de la entrada.

Lo que hace mal

Las idas y vueltas se notan

La idea de Bohemian Rhapsody nació en 2010 y desde ese momento pasaron tres protagonistas diferentes para encarnar a Mercury –Sacha Baron Cohen, Ben Whishaw y finalmente Rami Malek– y varios guionistas y directores. Al final quedó Bryan Singer, que es quien figura como director en los créditos. Sin embargo, no fue quien terminó la película, ya que Fox lo echó por antiguas denuncias de acoso sexual que salieron a la luz, faltas reiteradas a los rodajes y problemas con Malek. Terminó haciéndose cargo Dexter Fletcher. Esa ruptura se nota en la película que tiene un ritmo dispar, alterna demasiado entre el drama y el videoclip y pierde fuerza cuando se apoya en la vida privada de Mercury, que es lo que al final debería importar más. El título lo dice: es una película sobre una persona, no una banda.

La frialdad

La figura de Mercury pasó a la historia por su música, pero también por sus fiestas excesivas, su agitada vida social y sexual y por su trágica lucha contra el Sida, que lo mató a los 45 años. Si bien queda implícito que el desbunde estuvo presente, no hay especial hincapié en ello y apenas se ve una fiesta que es, en realidad, bastante inocente. Como si Mercury necesitara alguna reivindicación, Bohemian Rhapsody edulcora varias de las aristas más polémicas de su figura. Incluso su pelea contra el VIH y las implicancias de haber contraído el virus se cuentan con frialdad. Su vida, en Bohemian Rhapsody, está pero no está. Es como un café descafeinado. Y si de algo podemos estar seguros es que a Mercury no le faltó cafeína.

Gracias por la música

Si a la película se le quitan todas las canciones, termina siendo un producto bastante flojo que no llega a alcanzar el grado de emoción que la propia vida de Mercury tuvo. Es cierto, la producción se pensó con música y fue, tal vez, lo más importante en la vida del líder de Queen. Pero al descargar todas sus municiones en el escenario, el filme flaquea en los minutos restantes. Por eso, es una buena noticia para la película –y para el resto de la humanidad– que el legado de Queen sea tan extenso y magnífico.