Reseña

Okja: cuando nuestra comida es inteligente y adorable

Por Fausto Ponce/ El Economista.com.mx |  30 Junio, 2017 - 12:34
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La cinta de Netflix es una historia que mezcla drama, fantasía y comedia para hablar acerca de los horrores de la industria de los alimentos.

Okja, nominada a la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, es la nueva cinta de Netflix a la que muchos han llamado el blockbuster de la compañía debido a su carácter fantástico y escenas de acción de alto presupuesto (50 millones de dólares, aproximadamente), bueno, al menos según los estándares de la empresa.

La película es dirigida por Joon-Ho Bong, y cuenta con un estupendo reparto y dirección de arte. Okja (2017) es una mezcla entre aventura, drama, fantasía y comedia con tintes de farsa, que gira en torno a la mentalidad de las corporaciones globales, dispuestas a pasar por encima de la gente con tal de ganar más dinero, en especial las de la industria alimentaria.

En medio de una crisis alimentaria, el corporativo Global 
Mirando, idea un plan a 10 años para “alivianar” al planeta de la escasez: Están creando a un súper cerdo. ¿En qué consiste? En un cerdo gigante que coma poco y cuyos desechos sean mínimos de tal manera que no deje, en la medida de lo posible, una huella de carbono en el ambiente. 
Los prototipos de estos súper cerditos serán enviados a diversas granjas alrededor del mundo para su crianza. Luego de 10 años, se evaluarán los ejemplares y se verá cuál es el mejor espécimen y qué método de crianza es el más efectivo.

El seguimiento de los especímenes se tratará como una especia de reality show, que es conducido por Johnny Wilcox (Jake Gyllenhaal), un científico que se vende como un alguien que está lejos de ser aburrido.

Todo lo anterior es anunciado por una de las cabezas de Mirando, 
la “amorosa” y “encantadora”, Lucy (Tilda Swinton), quien ha tomado las riendas de la compañía luego de que el estilo de dirigir de su hermana gemela, Nancy, lesionara la imagen de la compañía. 
Lucy es el lado amable de Mirando.

10 años después, conocemos a Okja, un súper cerdo adorable, sensible e inteligente, que ha sido criado en una granja de Corea del Sur, bastante pobre. La cuidadora de Okja —quien, por cierto, es hembra— es una niña llamada 
Mija (Seo-Hyun Ahn). La pequeña, quien vive con sus abuelos, ha desarrollado un fuerte vínculo con la criatura, lo cual será desastroso para los planes de Mirando.

Cuando el doctor y representantes de Mirando llegan por Okja, 
todo se vuelve un desastre. El abuelo le miente a Mija y la engatuza mientras Okja es llevada a Nueva York. La pequeña creía que su abuelo había comprado al animal y que no tendría que ser llevado al matadero. En compensación, el abuelo le regala un cerdo hecho de oro.

En consecuencia, Mija se escapa de su casa y va primero a Seul a rescatar a Okja. La pequeña burla la seguridad de la empresa y consigue treparse en la parte de atrás del camión donde llevan a su mascota. Mientras esto ocurre, un grupo de activistas llamado ALF (sí, como el extraterrestre, aunque las siglas significan Animal Liberation 
Front), están a punto de secuestrar al animal pues tiene un plan para desarmar a Mirando de una vez por todas. Sin quererlo, Mija también formará parte de su plan. El líder del grupo, Jay, es interpretado por el estupendo actor, Paul Dano.

De principio a fin, la cinta se burla de casi todos los involucrados, menos de Mija: desde el abuelo granjero, pasando por los mismos activistas, el científico que quieres ser famoso, hasta la despiadada corporación global y sus desalmados dirigentes... todos son ridiculizados de alguna manera, responsables también del sentido de una sociedad consumidora.

Okja tiene momentos sumamente divertidos, dolorosos y hasta conmovedores, pero al final le gana su activismo y se vuelve un panfleto libertario. Por supuesto que es importante lo que dicen: las grandes corporaciones de la industria alimentaria han maltratado al planeta y a los seres vivos, a través de la huella de carbono, del trato cruel que le dan a los animales y de la manipulación genética... ¿A dónde iremos a parar si son las grandes corporaciones las que dictan las reglas?

Pero el discurso le gana a la historia y ésta se diluye entre tanta consigna y tanta comedia; la historia pierde fuerza y verosimilitud. Al final es inevitable pensar: “¿tanto para eso?”. Si hubiera sido un poco menos exagerada, hubiera resultado una comedia mordaz, no tan cercana a un panfleto caricaturesco.